Taletober2020. Día 8: Azul

Hola lectores.

El día de hoy está teñido por el azul, el color de la libertad, la calma y el cielo abierto.

¡Allons-y!

 

Las dos niñas jugaban junto al mar, una morena y otra rubia, ambas con los mismos ojos almendrados, pero como el día y la noche; la rubia los tenía de un cristalino color azul cielo de verano y la morena de un aterciopelado violeta oscuro.

Sus pies descalzos volaban por la arena levantando nubes a su paso. Sobre sus cabezas el cielo se desangraba en una puesta de sol de vivos colores rojos, naranjas y rosados; el astro luminoso se hundía lentamente en las aguas azul profundo oscureciendo el día, despidiéndose de las carcajadas de las dos niñas.

Solo una rodaja de sol acompañaba a las dos jóvenes que habían dejado de perseguirse y se encontraban tumbadas sobre la arena cálida recuperando el aire. Las dos se miraron y sonrieron, dos sonrisas iguales, pero cada una de una forma diferente.

—¿Qué crees que habrá más allá del mar? —la morena miró a la rubia al formular la pregunta—. Me gustaría descubrirlo.

—Lo descubriremos juntas —la rubia se incorporó y miró a su hermana—. Viajaremos por todo el mundo y veremos todo lo que esconde.

—No nos casaremos nunca y viviremos la vida intensamente.

—Siempre nos podemos casar la una con la otra. No nos haremos la zancadilla porque a ambas nos gustan las mismas cosas y queremos lo mismo.

Las dos niñas rieron alegres, se casarían y viajaría juntas.

Sus carcajadas fueron cortadas de golpe por un grito masculino. Ambas se miraron y poniéndose en pie corrieron hacia lo alto de la playa, pero lo que vieron ahí las paralizó.

Su aldea estaba ardiendo, la gente corría de un lado a otro gritando y muriendo. Grandes hombres gigantes a ojos de las niñas segaban vidas a diestra y siniestra.

Ambas muchachas se volvieron y corrieron hacia la playa de nuevo, sabían perfectamente que no estaban jugando, sus padres les habían contado lo que sucedería tarde o temprano. El gobernador de su distrito quería librarse de su poblado, se hayaba en una zona comercial importante y allí los aldeanos molestaban.

La rubia y la morena escucharon pasos tras ellas y corrieron más rápido. Sus pies descalzos dejaron de pisar arena suave y pasaron a correr sobre frías y duras piedras. Giraron hacia una hondonada en la que el mar entraba en la tierra, solo tenía que saltar y nadar hacia el refugio seguro de las rocas que años antes les habían enseñado para emergencias.

Un ruido tras ellas las sobresaltó haciendo que aceleraran sus pasos, ninguna se dio cuenta de que eso fue un error.

Una mano se estiró hacia ellas agarrando a la rubia por la espalda de su vestido mientras la morena perdía pie y se precipitaba al vacío.

Una daga brilló sobre las rocas junto a una cabellera rubia mientras la espuma marina cubría la melena azabache.

 

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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