Taletober2020. Día 7: Cascada

Hola ectores.

Buenas tardes. ¿Qué tal vuestro miércoles? Hoy es “cascada” la palabra entorno a la que gira este relato. Espero que os guste.

¡Allons-y!

 

sentada frente al tocador blanco mira su reflejo; para esa noche se ha decantado por un largo vestido hasta el suelo de seda rojo carmesí. Decoran sus orejas hermosos pendientes de rubís y sobre su garganta reposa un collar de oro y piedras rojas que arrancan destellos a las luces de su alrededor.

Sonríe mientras se mira, ha terminado de maquillarse; ha aumentado el tamaño de sus ojos gracias a una sombra oscura y ahora sus labios son más carnosos al haber empleado un carmín encarnado y brillante.

Tomando un cepillo del mueble comienza a retocar la cascada de rizos negros que cae sobre sus hombros hasta que su melena parece una cortina de terciopelo oscuro y reluciente. Hace una mueca mientras se observa, está lista, nadie podrá apartar la vista de ella.

Sonríe ampliamente y sus ojos verdes relumbran divertidos cuando ve a un hombre tras ella. los ojos del desconocido la observan con frialdad y sus manos sostienen una reluciente pistola plateada que apunta justo a su nuca.

La mujer se levanta muy despacio y da la espalda al tocador mirando al hombre y más importante, al arma que este sostiene en las manos. Sin duda parece dispuesto a disparar, pero ella no tiene miedo y lo mira entre sus oscuras pestañas con un brillo pícaro reluciendo en sus iris verdes.

Ella cruza los brazos y da dos pasos al frente, él no baja el arma, la mujer no esperaba que lo hiciera, es más, se hubiera decepcionado si lo hubiera hecho.

Él no dice nada y ella sigue avanzando; los dedos del hombre quitan el seguro del arma, pero la mujer no se detiene. Ladea la cabeza y le sonríe cuando se coloca ante el arma. Los ojos fríos del hombre no dicen nada, los verdes de ella siguen burlones.

—¿De verdad vas a usar eso?

—Estoy dispuesto a usarla, sí.

—¿Y a qué esperas, guapo?

El hombre abre la boca para hablar, pero ella no le da tiempo y aprovechando la abertura de su vestido que baja desde el muslo hasta el suelo, levanta la pierna y golpea al tipo en el costado. Él aprieta las manos entorno al arma al caer y no la suelta, pero es tarde, la morena lo está encañonando con su propia pistola y le sonríe pícara.

—Cariño, tardaste mucho. Lo siento.

Con el arma silenciada dispara al hombre y vuelve a guardar la pistola negra bajo la falda del vestido, no le importa que encuentren al hombre tirado en el suelo de esa habitación, no es la suya. Tomando el diminuto bolso se quita los guantes y los guarda en su interior saliendo del dormitorio y cerrando tras de sí con el pie. Tiene un robo que efectuar y este no se va a hacer solo.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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