Taletober2020. Día 5: Perro

Hola lectores.

¿Qué tal el inicio de semana? Espero que haya ido bien. En el día de hoy vamos a conocer a un personaje adorable. El relato de este lunes tiene como palabra protagonista “perro”.

¡Allons-y!

 

La alarma suena como siempre a las siete de la mañana y mi compañera de habitación la detiene entre quejas y bostezos.

Yo me levanto como siempre, lleno de energía. Un nuevo día me espera y cuanto antes me levante, antes podré disfrutar de él. Intento ser el primero en entrar a la cocina, pero esta ya está ocupada por media familia. Freno mi entusiasmo y me siento con un bostezo que no puedo reprimir mientras me colocan delante el desayuno.

Sonrío, no lo puedo evitar, me encanta la comida y ellos lo saben. Como con fruición, no sé cuándo llegará la próxima comida y tiendo a disfrutar cada bocado como si fuera el último.

Poco a poco todos se han despertado; hay quienes se duchan, otros solo se peinan y mi compañera de cuarto decide que pasarse un cepillo por la melena puede matarla, así que no lo hace y con una mano se despide por el momento.

Ella y yo salimos al fresco aire de la mañana, el sol apenas ha salido y las farolas aún están encendidas. Parece como si esta hora hubiera pasado muy deprisa, pero solo es sensación mía, creo que me he dormido en algún momento, pero no estoy del todo seguro.

Pasados quince minutos volvemos a entrar en casa y mi compañera, casi sin detenerse porque llega tarde, agarra su mochila y vuelve a la puerta. Corro tras ella, nunca me deja ir, pero no dejo de intentarlo ni un solo día.

Ella se ríe y se arrodilla frente a mí posando una mano sobre mi cabeza, sé lo que me va a decir, pero intento callarla con un beso, ella aparta la cabeza y suelta una carcajada.

—Eres un perro, no puedes venir conmigo a clase.

Y de nuevo esa frase que intento evitar, no entiendo todas las palabras, pero es un rechazo. No puedo ir con ella, siempre es lo mismo, nunca me dejan acompañarla. Camino hasta la cocina donde aún hay gente y me dejo caer tras las sillas esperando que me consuelen con una caricia.

La madre de mi compañera se arrodilla junto a mí y me rasca las orejas con una sonrisa, ella me habla, pero no quiero escucharla. Levanta un pañuelo azul y me lo envuelve entorno al cuello. Prefería irme con mi compañera a clase.

Me levanto y me sacudo mientras la mujer me pone la correa y salimos juntos de casa nuevamente. Ahora estoy feliz en la calle, me gusta estar en la calle y centrándome en lo que tengo que hacer, me aplico en mis clases ayudando a la mujer a evitar obstáculos.

Soy un perro bueno y voy a ser el mejor perro trabajador del mundo.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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