Taletober2020. Día 29: Perla

Hola lectores.

Penúltimo relato del Taletober, este tiene como palabra principal una perla. Vuelve Espíritu a hacer una aparición en el blog, espero que os guste.

¡Allons-y!

 

Con una sonrisa satisfecha la mujer de pelo negro y planchado observa la urna que tiene frente a ella, está a punto de cumplir el sueño de todo ladrón, conseguir la perla de fuego, una extraña joya del color de las llamas que parece brillar con luz propia.

Sus ojos verdes no se apartan del objeto y sus manos se preparan. El rumor de la estúpida reunión social de la que acaba de marcharse llega hasta sus oídos, sabe que si no tuviera que estar allí sus movimientos serían más fluidos.

Le enfada haber tenido que cambiar su eterno vestido rojo, ahora viste de azul y los rizos de su melena han tenido que ser planchados y alisados, demasiadas familias conocían su aspecto y eso nunca es bueno para una ladrona como ella.

Con pasos lentos camina entorno a la urna, sus tacones amortiguados por la alfombra de pelo largo de la estancia. Su mirada no se aparta de la burbuja que cubre la perla anaranjada y su mente piensa cómo puede conseguir cogerla sin hacer saltar todas las alarmas.

Un ruido tras ella la sobresalta y la mujer se vuelve, pero sus ojos no dan crédito a lo que está viendo. No olvida una cara, nunca lo hace y recuerda perfectamente al hombre que tiene ante sí. Viste con un traje gris y sus ojos son claros y fríos. En una de sus manos lleva una pistola plateada.la mujer la recuerda bien, la encañonó con ella hace unas semanas.

Pero hay algo que no está bien y es la presencia de ese hombre, ella le disparó. Ese hombre debería estar muerto.

La ladrona se tensa y saca su arma en un acto reflejo, pero si ese hombre está muerto, no podrá hacerle nada. Sus manos tiemblan mientras le quita el seguro y sus ojos no se aparta de él. El hombre de gris da un paso al frente y cierra tras de sí. Las manos de la morena tiemblan con violencia y no puede apuntar. Tiene que admitirlo, tiene miedo.

—¿Tienes miedo?

La voz del hombre de gris es como la del hielo si este pudiera hablar. Sus ojos no se apartan de ella y en la mente de la ladrona ya no hay hueco para las perlas, solo para el terror.

—Yo no te tenía miedo, solo intentaba que no robaras en esa casa, pero aún así me disparaste. Yo no quería usar mi arma, pero tú no tuviste ningún escrúpulo. Dime, Clara Swan, alias Espíritu, ¿qué se siente cuando una está a punto de morir?

La ladrona abre la boca, no sabe si para responder o pedir ayuda, pero el hombre de gris sonríe y es entonces cuando ella ve la mancha de sangre en su traje, mancha que ella misma hizo aparecer con su disparo. Con los ojos fijos en el rojo carmesí sobre el gris, Espíritu se despide del mundo.

El hombre dispara y la mujer cae al suelo. La silueta de él se vuelve borrosa y desaparece siendo sustituida por una alta silueta vestida de negro.

Sin ceremonias la Muerte reclama el alma de Espíritu y con una sonrisa llena de dientes desaparece con ella dejando el cuerpo de la ladrona atrás ya vacío y hueco de toda vida.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

 

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