Taletober2020. Día 28: Labios

Hola lectores.

Espero que la semana esté yendo lo mejor posible. Yo extrañamente estoy contenta y el tiempo me está pasando muy rápido, eso será solo hasta que me canse de mi nueva rutina.

El relato de hoy tiene como palabra principal “labios”.

¡Allons-y!

 

La chica de ardiente pelo naranja mira hacia el horizonte con la vista perdida en un punto sobre las copas de los árboles, está segura de que la han visto, las hijas de la tierra son muy celosas con su territorio y sin duda saben que está allí sentada sobre ese árbol mirando hacia la profundidad del bosque sagrado, pero en realidad ella no es la enemiga, ella es solo la centinela.

Bri estira los brazos por encima de su cabeza y se despereza como si fuera un gato, lleva allí subida mucho tiempo y quiere salir, bajar de esas ramas y correr como siempre, siguiendo a su amigo y maestro a la próxima aventura. Un movimiento entre los árboles la pone en tensión. Bri se incorpora y pega su menudo cuerpo contra el tronco del árbol mientras con movimientos seguros y rápidos saca una cerbatana de su cinturón, la coloca entre sus labios y apunta mientras su mente vuela entre pensamientos.

Desde la espesura una sombra cruza el claro que Bri tiene ante sí, no dispara, pero está a punto de hacerlo, aguarda, uno, dos, tres segundos; otra figura corre tras la primera, esa vez sí dispara, alcanza a la segunda persona y ésta cae al suelo haciendo que la primera pueda escapar.

Como una pantera la pelirroja salta al suelo y corre persiguiendo a la primera figura; ambas esquiban árboles y ramas, saltan troncos caídos y se acercan cada vez más a la linde del bosque. Poco a poco la expesura da paso a un cielo despejado y los dos ven el sol de nuevo sobre sus cabezas, la pelirroja grita y y la persona que core ante ella se detiene y comienza a caminar hacia atrás mirándola, ella no se para y se acerca a él golpeándolo en el pecho haciendo que de dos pasos hacia atrás.

A la otra persona se le cae la capucha y deja al descubierto un rostro masculino de rasgos suaves. Los ojos del muchacho son como cristales grises, del mismo color etéreo que las perlas o la niebla, sus cabellos del color de la miel clara están recogidos en una pequeña coleta en su nuca, y dibujada en su rostro una sonrisa pícara.

Bri lo mira entre enfadada y dibertida, no sabe qué pensar de ese muchacho que tanto le está enseñando, es un loco aventurero, lo que ella siempre había querido.

—¿Por qué estás enfadada ahora, Bri?

—¡Porque estás chiflado! ¿Cómo se te ocurre entrar ahí?  Apenas hemos salido vivos.

—Lo se, pero tengo lo que quería, la tiara de Gué.

—Vas a acabar mal si sigues entrando a los templos a robar objetos sagrados, entre comillas.

—¿Voy? No querida Sabrina, vamos, tú y yo estamos juntos en esto.

—Ya, claro —la chica comienza a caminar hacia el este—. Pero solo porque no encuentras a alguien tan bueno como yo para cubrirte las espaldas.

Se conocen desde hace mucho tiempo, desde que Bri cumplió doce años y se echó a los caminos para ganarse la vida como buenamente podía. Han pasado cuatro años desde entonces y la pelirroja ya sabe todo lo que tiene que conocer de su vida nómada, ya no es una niña y él lo sabe, pero cuando la mira solo ve a esa cría canija que le intentó robar hace cuatro años.  Son inseparables.

Bleik sonríe a la muchacha y ella pone los ojos en blanco, hay confianza entre ellos y aunque discutan mil y una veces por tonterías, son amigos, ante todo siempre amigos. Juntos enfilan el camino hacia el poblado como si nada hubiera pasado, como si él no llevara en su bolsa un objeto que todos creían sagrado. Bleik no es un ladrón común, él solo quiere probar sus teorías, los dioses no están en el mundo como creen los cuerpos sacros.

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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