Taletober2020. Día 27: Plata

Hola lectores.

El reto está llegando a su fin y yo me pregunto qué haré ahora sin él. Pero, hasta que termine, aquí tenéis la siguiente historia. ¿Recordáis a Espíritu, la protagonista de los relatos siete y nueve? Pues hoy vuelve a estar entre nosotros.

¡Allons-y!

 

Sosteniendo una copa en la mano, la mujer se desliza entre los asistentes a la fiesta sin perder de vista a los anfitriones. El matrimonio charla con sus invitados, ella se mantienen en la sombra, lo suficientemente cerca de un grupo como para que piensen que está con ellos pero alejada lo justo para que nadie le pregunte por qué está espiando.

Cuando una criada pulcramente vestida de negro entra en la sala, los anfitriones anuncian la hora de la cena. Lentamente la gente camina hacia el suntuoso comedor y toma asiento entre murmullos.

La mujer morena intenta no exteriorizar su cansancio ante esa situación y camina con un estudiado gesto de vergüenza en sus facciones hacia la anfitriona, que sigue en la puerta mientras su marido indica con ayuda de los criados los sitios a ocupar por los invitados.

—Disculpa, querida.

La mujer se vuelve hacia su interlocutora con una sonrisa postiza puesta en la cara. Luce un collar de perlas blancas sobre el vestido rosa palo y sus ojos azules tratan de ubicar a la joven que le está hablando, pero no lo consigue, aunque la educación le impedirá preguntar. Supone que es amiga de su marido.

—¿Algún problema?

—Me da un poco de apuro —se aproxima más a la mujer—. No puedo entrar al comedor, necesito ir al aseo y…

—¡Oh, querida! ¿Es solo eso? No te preocupes, Anne te indicará el camino.

La anfitriona sonríe para sí al ver a la mujer de rojo alejarse en compañía de su criada. Supone que es la primera fiesta a la que acude la chica del pelo negro, eso explicaría su falta de clase al preguntarle a ella por el aseo y no a los cientos de criados que hay por la sala. Con una risita la mujer indica a los últimos comensales el camino y olvidándose de la otra, comienza una conversación con su hermana.

La criada deja a la mujer de rojo en una puerta y se aleja con la cabeza gacha. Ella entra sin más ceremonia y cierra tras de sí. Se observa en el espejo, sus ojos verdes están perfilados con lápiz dorado y sus rizos negros perfectamente peinados. Lanza una mirada a su vestido rojo y con una mueca se lo quita con gestos rápidos, le ha gustado ir con él.

Bajo el vestido lleva una camiseta de tirantes negra y unas mayas elásticas del mismo color. Se ata el cabello apartándolo de su rostro y tras cubrirse con una chaqueta llena de bolsillos sale de nuevo del servicio totalmente cambiada y descalza.

Sus labios dibujan una sonrisa astuta mientras se pierde por los pasillos sin ser vista, solo queda de ella el vestido rojo tirado en el suelo con una nota prendida en el pecho.

“Gracias por su plata, Lady Isabella, su deuda ha sido pagada”

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

 

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