Taletober2020. Día 24: niebla

Hola lectores.

Día de niebla, de nubes blancas y sol oculto. ¿Qué tal vuestro sábado?

El relato de hoy tiene como protagonista a la niebla del futuro, la bruma de la videncia. ¿queréis leerlo?

¡Allons-y!

 

Con cuidado coloca las manos entorno a la bola de cristal, observa su irisada superficie y se concentra, sus ojos gris perla escrutan el interior, pero no ve nada y una gota de sudor baja por su espalda. Siente sobre ella los ojos de su cliente.

Intenta olvidar que él está ahí, trata de ser solo consciente del interior de su bola de cristal y poco a poco comienza a vislumbrar entre la niebla blanca una silueta  y así se lo comunica al hombre que la observa.

Parece una persona, es alguien de estatura elevada y constitución delgada, demasiado delgada. Viste un largo manto y en una de sus manos lleva una larga bara que a la bruja le recuerda a una lanza, pero la niebla no le deja ver bien.

—¿Sabe qué es?

La voz del hombre hace que la bruja se desconcentre y la figura desaparece entre la neblina que vuelve a arremolinarse en destellos blancos y grises. Ella alza la cabeza con enfado, pero cuando sus ojos se cruzan con los del hombre, el enfado se torna en cautela.

—No estoy segura.

—¿A, no? Y yo que pensaba que las brujas teníais el poder de saberlo todo. Vaya, menuda decepción.

El hombre se reclina hacia atrás, su rostro se hunde enn las sombras y sus ojos brillan como los de un gato, malévolos y calculadores. La bruja se tensa, sabía que era mala idea aceptar el encargo de ese hombre, ver que le deparaba el futuro, pero su curiosidad pudo más que su recelo, ignoró a todas las que lo intentaron antes y de las que nunca más se supo. Llena de arrogancia pensó que podría ser la primera en ver algo y lo había visto, la bruma del futuro se había abierto para ella.

—Disculpe por no poder decirle nada más, aunque, tal vez… —la mano de la bruja retira la bola de cristal y comienza a barajar las cartas del tarot—. ¿Sabe cómo funciona esto?

—Sí. ¿Puedo utilizar la carta única?

—Por su puesto. Sírvase.

La bruja abre en abanico la baraja y le tiende las cartas al hombre, él con una mano fina, de dedos largos y manicura perfecta extrae una y se la muestra a la mujer.

Por el rabillo del ojo la bruja mira la bola de cristal y un escalofrío recorre todo su cuerpo. En la carta está la misma figura que ella ha visto en la bola, pero esa vez puede observarla perfectamente.

—La muerte.

Es el hombre quien habla, ella se ha quedado sin voz. Hace demasiado tiempo que había perdido esa carta y nunca le dio importancia, no le gusta ver muertes e instintivamente rechaza a quienes van a morir y los envía a otro lugar a que les lean el futuro.

—¿No tienes nada que decir, bruja?

—No. Su futuro está claro y a no ser que quiera que le busque la fecha exacta, no tengo nada más que decirle.

—¿Crees de verdad que habla de mi muerte? Yo no voy a morir —él sonríe y se inclina dejando que la luz bañe por completo su rostro por primera vez desde que lo conoció—. Habla de la tuya.

Un grito ahogado escapa de la garganta de la bruja y se pone en pie de un salto tirando la silla al suelo. Sus manos temblorosas aún sostienen las cartas, pero no está en ellas la amenaza. La niebla del interior de su bola de cristal comienza a salir de la esfera y ella retrocede asustada viendo como la bruma perlada la busca.

El hombre no se ha movido y no piensa hacerlo, observa su miedo con una sonrisa creciente, sonrisa que se torna en hueso, sus manos bien cuidadas en garras huesudas y su traje de fina confección en una túnica negra con capucha. Lo último que ve la bruja antes de que la niebla la arrastre con ella al más allá es como el puro que el hombre sostenía se convierte en una guadaña de filo negro afilado. Lo último que la bruja vio fue a la Muerte en persona.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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