Taletober2020. Día 22: Cuaderno

Hola lectores.

Esta es la historia de mi niño Adrik y como comenzó a escribir en su inseparable cuaderno. Un fragmento de una historia futura que aún no ha sido escrita. Por favor, tratad bien a mi Adrik, como diría Aislinn, se merece todo lo bueno del mundo y más.

¡Allons-y!

 

Está viendo como sus compañeros poco a poco dejan salir sus sombras, sus temores y miedos, pero él no encuentra la forma de hacerlo, no consigue que las pesadillas lo abandonen, ni si quiera se atreve a dejarlas salir porque hacerlo significará verlas de nuevo mientras se alejan y no sabe si está dispuesto a contemplarlas de nuevo.

Entra al aula con esos pensamientos en la cabeza y ahí ve a la exaltadora. Su pelo en diferentes tonos de azul brilla bajo la luz que entra por las ventanas y la cinta dorada que usa a modo de diadema resplandece en marcado contraste con su melena. Ella le sonríe y sus ojos verdes brillan con fuerza. Eso es algo que tampoco está dispuesto a dejar salir, la fascinación por esa chica.

Ella le señala una de las esterillas de la sala y él se sienta a distancia de la joven, la chica no se acerca y él lo agradece. Piensa de nuevo en sus miedos y antes de poder pensarlo o de dejar que ella lo salude, las palabras ya han volado de sus labios.

—Quiero olvidar.

Las cejas de ella se alzan, y él baja la cabeza.

—¿Olvidar? ¿Puedes explicarte, Adrik?

—Mis compañeros hacen algo… Liah hace cosas con barro, Ciel canta y Kari pinta. Hasta Aron está aprendiendo a tocar el piano, pero yo… yo no sé hacer nada.

—¿A no? ¿Nunca nada te llamó la atención antes de las milicias?

Un recuerdo, un chico de gafas y ojos verde claro, sus instrucciones precisas, los trazos del lápiz en el papel.

—Aprendí a escribir, un chico nos enseñó, bueno, me enseñó.

-¿Y por qué no escribes?

Ella se pone de pie y camina hacia una mochila, de ella saca un cuaderno gris y negro y mientras vuelve junto a él se lo tiende con una sonrisa.

—Es uno de mis cuadernos para clase, tiene mi nombre escrito dentro, pero no creo que te moleste para escribir. Mi horario está en la última página, puedes tirarla si quieres.

—¿Para qué me lo das Aislinn?

—¿No es obvio? Aprendiste a escribir y el brillo en tus ojos me dice que eres bueno con las palabras, es la única vez que te he visto orgulloso de algo que tú has hecho y no que hayan hecho tus asignados. Si te gusta escribir hazlo, no te quites de algo que te gusta solo por no tener las herramientas —le tiende un paquete de lápices y bolígrafos—. Adrik, estoy segura de que eres bueno con las palabras, te han obligado a callar mucho tiempo, pero para escribir no necesitas hablar, solo dejar que tu voz salga a través de los trazos de la tinta en el papel.

—No merezco esto, Aislinn.

—Como profesora tuya, yo decidiré si lo mereces o no. Voy a cogerte la mano, Adrik, ¿Bien? No te digas que no mereces algo solo porque te lo han hecho creer así. Te mereces todo lo bueno que pueda pasarte y si lo que te puede pasar es que escribas y para ti eso es bueno, no pienso cortarte las alas, si no empujarte para que vueles aún más alto. Tienes mucho que ofrecer, mucho que decir y mucho que dejar salir. Hazlo y no te cortes.

—¿Qué tengo que decir ahora?

—Solo di gracias.

—Gracias, Aislinn.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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