Taletober2020. Día 20: Tinta

Hola lectores.

Un relato algo flojo, lo siento. Esta historia gira entorno a un recuerdo y a la tinta imborrable que lo representa.

¡Allons-y!

 

Habían pasado ya dos años, pero a Arely le dolía como si fuera el primero.

Aquella mañana su hermano entra a la habitación de la joven como si fuera suya, sonríe a la chica y se sienta con ella en la cama, los ojos lilas de Arely están tristes, igual que los de Heart.

El mayor de los hermanos abraza a la menor por los hombros, sabe que nada de lo que diga o haga puede apagar la tristeza de la mirada de la joven, al igual que nada podrá apagarla en sus ojos claros.

—¿Es una tontería decirte que no podemos estar tristes, que ellos no lo hubieran querido?

—Sí. No… No lo sé…

Heart es el mayor y sabe que tiene que ayudar a su hermana, para él, a los diecisiete años, su Arely se ha convertido en toda su vida, en lo más preciado que tiene y en algo que debe ser cuidado, aunque no es tonto y sabe que ella lo defiende más que al revés. Su hermana siempre ha sido la defensora de las causas perdidas. Quiere con locura a sus amigos y aunque ninguna de las dos se lo ha confirmado, sabe que fue Arely quien enseñó a verbalizar a su amiga Suhe.

Quiere que su hermana sea feliz y por un lado querría que olvidara el dolor de ´la pérdida, pero ambos hermanos saben, ya que su tía se ha encargado de enseñárselo, que el dolor nunca se va y el recuerdo siempre perdurará.

Heart sonríe y se pone en pie de un salto, Arely lo mira, no le gusta esa sonrisa. En ese momento aunque él es dos años mayor que ella, a la chica le recuerda mucho a un niño pequeño con ese brillo juguetón en los ojos.

—¿Quieres recordarlos siempre?

La mano de Arely se alza hasta el reloj de arena que su amigo Ray le regaló por su cumpleaños y heart sonríe al ver el gesto justo antes de cogerla de la cintura y levantarla de la cama con una sonrisa radiante.

—A mamá siempre le gustaron los relojes de arena y supongo que aún recuerdas la brújula del despacho de papá.

—Sí, esa que rompisteis Naia y tú de un balonazo.

—¡No, eso no tenías que recordarlo Ari! —Heart se ríe—. Tengo un amigo que nos puede ayudar a no olvidarlos nunca. ¿Qué te parece llevarlos siempre con nosotros?

—¿Cómo?

—La madre de mi amigo es tatuadora. Mamá y papá pueden estar con nosotros siempre escondidos en la tinta de un tatuaje.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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