Taletober2020. Día 2: Ordenador

Hola lectores.

Hoy viernes día 2, vengo con el relato de la segunda palabra. El escrito que vais a leer tiene como eje central un ordenador.

¡Allons-y!

 

Cuando abre los ojos la penumbra de su habitación está rasgada por una luz blancoazulada que no sabe de dónde sale.

La joven se pone de pie y mira a su alrededor, supone que le ha despertado un ruido y supone también que esa luz proviene del amanecer. Sacude la muñeca y los números brillantes de su reloj se encienden, son las 3:35 de la madrugada, demasiado pronto para el amanecer.

La muchacha camina por el dormitorio hacia su escritorio. Allí su ordenador portátil la saluda, está encendido, pero tiene la pantalla bajada. Con la mano derecha alza el monitor y una pantalla blanca le devuelve la mirada.

La chica se sienta en la silla y pulsa dos teclas al azar, la pantalla blanca sigue ahí. Intenta apagar el ordenador, pero por mucho que mantiene el botón pulsado la pantalla blanca se sigue riendo de ella en su níveo resplandor.

—¡APÁGATE!

Frustrada la chica golpea con un dedo el filo de la pantalla, pero antes de que aleje la mano del monitor unos trazos negros comienzan a dibujarse en la parte izquierda y la joven se apresura a coger sus gafas.

—¿Estás preparada? —lee en tono quedo—. ¿Preparada para qué?

Nuevas letras aparecen y ella se estremece, está respondiendo a su pregunta y sabe que no, no está preparada para nada de lo que pueda salir de esa pantalla blanca.

Se pone en pie y se abraza a sí misma mientras da pasos atrás con la vista fija en el ordenador. Las letras han desaparecido y en su lugar una diminuta espiral de colores gira en el centro del blanco fondo.

La joven entorna los ojos cegada por el brillo y se arroja hacia la mesita de noche, no quiere estar ahí, va a llamar a sus padres, tienen que volver de la cena, tienen que sacarla de ahí. Sus dedos se deslizan por la pantalla, pero no encuentra el icono del teléfono.

Empieza a temblar cuando en su móvil se refleja la misma pantalla blanca y la espiral de colores. Un grito escapa de sus labios cuando el brillo hinunda su dormitorio y el teléfono cae al suelo.

Cuando la oscuridad regresa al cuarto no hay rastro de la joven, lo único que queda de ella son sus cosas y un teléfono en el suelo con la pantalla rota en la que puede leerse un único mensaje sobre un fondo blanco.

“Ayuda”.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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