Taletober2020. Día 19: Coco

Hola lectores.

Este relato nació de una idea loca, espero que os guste.

La palabra del día es coco.

¡Allons-y!

 

la exploradora se pone en pie, otro de sus compañeros se queda atrás, ya solo son dos, ella y el chico nuevo. Lo mira evaluadora, lleva con ellos un mes y no les ha fallado nunca, se fía de él, así que con un asentimiento ambos vuelven a ponerse en camino.

Cleo abre paso iluminando las paredes con la linterna, su compañero, Ray, va justo detrás guardando su espalda e iluminando igual que ella con el foco de su luz blanca. Él lo ve primero y con un tirón rápido de la mochila de la chica, tira de ella hacia atrás. La joven trastabilla, pero consigue mantener el equilibrio. No fulmina a su acompañante con la mirada, sabe que lo ha hecho por una buena razón.

Ve la razón justo cuando sale y corta el aire justo en el punto donde segundos antes había estado su cabeza. Tres cuchillos han cruzado el espacio y se han clavado con fuerza en la pared de la derecha, da gracias mentalmente a su compañero por estar ahí y ambos siguen adelante con cuidado, con aún más cuidado que antes.

Ray y Cleo avanzan muy despacio esquivando cuantas trampas pueden ver y localizar, aunque una de ellas hiere a Ray en un brazo y otra siega la larga trenza de Cleo, no fue lo suficientemente rápida.

Intentan equivar una de las últimas trampas, ninguno tiene ganas de saber lo que puede hacer, pero ninguno se da cuenta de que solo es un señuelo y el pie derecho deCleo presiona un fragmento del suelo que se hunde un poco.

Ray abre mucho los ojos cuando un ruido fuerte llena las cavernas, ambos corren, pero el agua sigue llenando los pasillos hasta llegar a ellos. Juntos nadan hacia lo alto. El corazón de Cleo late con fuerza, en lo alto de la pared hay una diminuta abertura y la joven nada frenética hacia él.

Tras ella escucha los chapoteos de Ray, pero tras pensar en sus posibilidades decide dejarlo ahí y aunque él grita pidiendo ayuda, ella lo ignora y se lanza hacia el hueco de la pared justo a tiempo, una roca cae sellando el agujero convirtiendo la caverna que acaba de dejar atrás en una tumba llena de agua.

Cleo piensa una última vez en Ray, pero al igual que no ha sentido remordimientos al dejar atrás a sus compañeros, incluso sacrificándolos para seguir adelante, no se para mucho en la imagen mental del joven, recuerda haberle visto despedirse de una chica cuando dejaron la ciudad, pero ella no conoce a esa chica y no la va a buscar para decirle que su novio ha muerto, tiene un tesoro que encontrar y sabe que está cerca, por no decir en frente.

Sus ojos observan la inscripción de la piedra que tiene delante y sacudiendo el agua de su ahora corto pelo, se aproxima quitándose la cadena que lleva al cuello, solo ella tiene la llave para entrar, se encargó de destruir las de sus compañeros, el tesoro es suyo y solo suyo, ellos solo le han servido para llegar antes al lugar.

Sonríe enseñando todos los dientes y un brillo codicioso brilla en sus ojos mientras la piedra gira sobre sí misma dándole paso a una estancia dorada, piensa que brilla por el oro, pero cuando entra ve que está equivocada, un gran tragaluz natural hace que la luz del sol caiga en mitad de la sala.

Extrañada entra entornando los ojos y cuando sus pupilas se acostumbran a la luz ve una esfera en mitad del lugar. Camina hacia ella y sus manos la toman con reverencia, pero cuando la tiene frente a los ojos abre la boca sorprendida. Entre sus manos no hay ningún tesoro.

Cleo sostiene una esfera grande y redonda, tiene muescas en la superficie y cuando se fija en ellas ve que son los nombres de todos los compañeros que ha sacrificado.

Con un grito lanza la esfera contra la pared y este golpea una piedra que se hunde, como si fuera un botón que la joven ha pulsado. Un estruendo llena el mundo de Cleo. Ella intenta salir de allí, huir o escapar, pero no puede y lo último que ven sus ojos antes llenos de codicia y ahora de miedo, es una piedra precipitarse contra ella.

Lejos un grupo de personas ven como la pirámide se viene abajo. En el frente del grupo un chico joven suspira. Es Ray y tras él el componen el círculo de observadores todos los compañeros de Cleo.

—¿Encontró el tesoro? —habla un hombre de pelo rubio tras el joven.

—Sí y su avaricia ha hecho que todo se venga abajo.

—¿Qué dejaste en la sala del trono?

Ray sonríe de medio lado y mientras el sol se pone las figuras se desvanecen en la aurora, los fantasmas no pueden estar mucho tiempo en el mundo de los vivos y ellos ya no pertenecen a ese plano, pero en el viento queda el último susurro del alma del joven.

—Un coco.

 

Un saludo y hasta la próxima palabra!

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