Taletober2020. Día 18: Tiempo

Hola lectores.

Por un momento pensé en hacer un relato con el tiempo por protagonista, pero como el tiempo es algo efímero que ni si quiera los escritores son capaces de atrapar entre sus palabras, simplemente decidí que no era una buena idea. Gorgona asintió en mi cabeza y dio un paso al frente, lo entendí en seguida, quiere que la conozcáis.

¡Allons-y!

 

 

Oscuridad, silencio, una cuerda entorno a sus muñecas. Su respiración dejó de ser profunda, pero ella se esforzó en que ello no se notara; no abrió los ojos, siguió con el rostro relajado.

A lo lejos escuchó pasos y cerca de ella una puerta abriéndose, pero no se movió ni un ápice. Dos personas entraron despacio, una se acercó a ella y la rodeó, la otra se mantuvo junto a la puerta.

—Aún está dormida —era una mujer, estaba frente a ella—. Sabes que todavía estás a tiempo de echarte atrás.

—Estoy a tiempo, pero no quiero —otra mujer, esta con un hablar más fino—. Me voy a mantener firme en mi decisión. Además, fui yo quien lo en…

—Ssshhh… Aquí no cielo.

Gorgona supuso que ya era hora de enterarse de lo que estaba pasando y comenzó a revolverse y a abrir los ojos muy lentamente, primero uno y luego otro; pestañeó fingiendo desorientación.

Una ventana pequeña lanzaba un chorro de luz sobre una joven preciosa, de larga cabellera castaña del color de la miel, tez pálida y fina como porcelana, labios carnosos, rasgos suaves y almendrados ojos verdes. La pirata se dijo que esa no había sido quien la había golpeado, tenía las manos muy finas.

—Vaya —susurró la morena—. Me he muerto y estoy en el cielo… Qué ángeles más hermosos hay aquí… Menos mal que estoy atada, sino no podría quitaros las manos de encima…

Una fuerte bofetada hizo a Gorgona volver la cabeza bruscamente, sus rizos oscuros le taparon la visión durante un segundo, pero sus aterciopelados ojos, ahora cortantes como un cuchillo feérico, lanzaron una mirada asesina entre el cabello a la otra mujer de la cual se había olvidado momentáneamente.

La segunda desconocida tenía rasgos afilados, tez bronceada y cabello ondulado y dorado, sus ojos azules parecían querer matar a la morena que sonreía con picardía; esa sí parecía haber sido la del golpe.

—Tranquila, rubia —Gorgona se relamió—. Si está con vos no soy celosa. Y si queréis, hay Gorgona suficiente para las dos.

—¡que descarada! —susurró la castaña ruborizada.

—No estáis aquí para deleitaros la vista, sois una prisionera.

—Desconozco por qué me habéis hecho prisionera, pero tengo ojos… Qué casualidad, por tener tengo dos, uno para cada una, aunque vos, rubia, no me habéis causado una buena impresión, prefiero a vuestra compañera… —la pirata se volvió a pasar la lengua por los labios—. Tiene una boca hecha para el pecado, y todas sabemos que no hay más pecadora que una pirata, puedo enseñarle muchos usos para esa boquita.

Esa vez la bofetada no sorprendió a la pirata y no apartó la vista de la rubia que comenzaba a resultarle muy familiar, quizá ya se le había insinuado en otro puerto o en otra visita, aunque también cabía la posibilidad de haberla visto al otro lado de una espada.

La pirata había aflojado las cuerdas de sus muñecas mientras distraía a sus carceleras, empezaba a perder la paciencia pese a su fachada de irónica indiferencia.

—Vamos a lo interesante, preciosas ¿Qué queréis de mí?

—Asilo —la castaña dio un paso al frente no dejando hablar a su compañera. Queremos salir de la ciudad sin ser vistas y vos nos ayudaréis.

—¿Yo? —Gorgona rio—. ¿Qué sois? Oh, no, dejadme adivinar. Sois dos amantes que pretenden escapar de un matrimonio y la única forma de ser felices juntas es escapar en un barco pirata. Al noble de la ciudad no le gustará que os marchéis.

—El noble está muerto.

—Y ahora me diréis que habéis sido vosotras quienes han acabado con su vida —Gorgona se rió con cinismo—. No me hagáis reír, no es sano hacerlo sin una jarra de cerveza delante.

—¿Y qué si así fuera?

—Mirad, angelita, no veo posible que vos, con esa reticencia que brilla en vuestros ojos cada vez que la rubia me levanta la mano, hayáis matado nunca a nadie.

—No hace falta ser muy diestra para dejar caer cuatro gotas de belladona en una copa de vino —la castaña dio otro paso al frente con fuego en la mirada—. Y mucho menos si eres la copera de ese noble estirado y sin corazón.

—Así que sois una copera… Siempre es bueno tener a alguien que sirva lo que tú no quieres servir —la pirata pensó un momento—. Me divertís, angelita, os llevaré a ambas en mi barco. Aunque os pondré una condición, atad a vuestra perra de caza con una soga bien corta, no quisiera ser yo quien le rajara la garganta.

La mano de la rubia volvió a dispararse contra el rostro de Gorgona, aunque esa vez, la pirata lanzó su propia mano aferrando la muñeca de la otra en el aire y poniéndose en pie con los tobillos aún atados, utilizó la otra mano para torcer el brazo de la otra.

—Yo no tolero que me levanten la mano, rubia, y vos ya lo habéis hecho tres veces, espero no ver una cuarta; tengo paciencia, pero cuidaos cuando subáis a mi barco, muchas de mis amigas no la tienen y me viene a la mente más de un nombre de las poco tolerantes.

—Soltadla —la castaña avanzó hacia ellas—. No os causaremos problemas.

—Más os vale. Caminad, damas, mi tripulación nos espera.

 

 

 

Un saludo y hasta la próxima palabra!

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