Taletober2020. Día 14: Mirada

Hola lectores.

Volvemos con una historia que aún no ha sido escrita y que puede cambiar a lo largo del tiempo hasta que lo sea. Este es un recuerdo de una exaltadora que explica por qué nunca pudo olvidar la mirada de una niña asustada y por qué decidió construir su futuro a raíz de esa mirada.

¡Allons-y!

 

¿Por qué estoy aquí? Bueno, es simple, estoy aquí por Kasiri, pero ¿Quién es Kasiri? Te preguntarás. Dicen que no puedo contar historias que no son mías, pero esta historia es tan mía como suya, yo estaba ahí, permití que sucediera…

Tenía diez años, ella once. Apenas nos conocíamos, estudiábamos en el mismo colegio, era del mismo lugar que mi mejor amigo y eso supongo que nos unía un poco. Nunca jugamos juntas, tampoco nos peleamos, ni tan si quiera cruzamos un par de palabras fuera de la educación y la cortesía, pero yo fui la única que vio lo que sucedió y la única que estuvo con ella en ese momento.

Era un día gris, todas las historias suceden durante un día gris, pero fue así, estaba nublado, el sol había desaparecido y yo estaba en un lugar prohibido, mi mejor amigo vivía allí y yo solo pensaba en verlo y jugar con él, ambos tenemos el mismo don y le gustaba enseñarme lo que su tío les enseñaba a su hermano y a él en clase, pero tendré que ser sincera, Ámer no es buen profesor, pero lo que me enseñó me convirtió en lo que soy hoy y lo que yo le enseñaba de mis clases le transformó por completo.

Pero no es mi historia con Ámer de lo que quiero hablarte, es de Kasiri y me estoy yendo del tema, lo siento.

Kasiri era una niña bien, venía de familia pudiente, de esas de rancio abolengo, pero tu nivel social no importa cuando tus padres permiten que te lleven y da igual lo que grites, llores o supliques, solo servirá para que te lleven más rápido. Si lloras muestras debilidad y si muestras debilidad averguüenzas aún más a tu familia, como si fuera culpa tuya estar maldita por la calma.

Era un día gris como ya he dicho. Ámer se había marchado ya, su hermano Galen ya había ido a buscarle y yo me había escondido para que el mayor no me viera en ese lugar prohibido para mi gente. No imaginé que podría perderme entre las calles de la ciudad, pero lo hice. Me vi sola y no hay que olvidar que solo era una niña de diez años.

Caminando llegué hasta una casa enorme con jardines grandiosos. Me pareció preciosa y sin poder evitarlo. No sé si fue un error o no. En el jardín de la casa, en la parte de atrás, lejos de miradas, había una niña.

La reconocí del colegio, iba un curso por delante de Ámer y de mí. Parecía siempre triste, sus ojos no tenían luz y su mirada estaba apagada; las malas lenguas decían que el niño al que sus padres querían prometerla se había escapado ante ese futuro, pero Ámer lo conocía y según él, el chico nunca habría escapado ante la perspectiva de casarse con Kasiri.

Quise acercarme para preguntarle cómo volver a mi casa, pero no tuve ocasión, dos hombres vestidos de negro y dorado aparecieron de la nada, la niña intentó retroceder, pero la agarraron entre los dos y aunque ella pataleó y gritó no pudo soltarse. La vi revolverse como una serpiente, lanzando patadas y puñetazos, incluso intentó morder a uno de los tipos, pero él le cruzó la cara de con un fuerte bofetón.

Me llevé las manos a la boca intentando reprimir el grito de horror que pugnaba por salir de mi garganta, mis ojos vieron a los padres de la chica en la puerta, el hombre miraba frío y  serio mientras trataban así a su hija y la mujer, la madre de la chica, se limitaba a estar ahí con una mueca de repugnancia.

No sé cómo, pero mientras se la llevaban, mis pies corrieron tras los hombres, por eso ella me vio. Justo antes de que uno de ellos la golpeara contra una pared y la dejara sin conocimiento, sus ojos se encontraron con los míos. Su mirada castaña enfrentada a la mía verde. Mi cara llena de horror, de perdón y de miedo, la suya llena de lágrimas, sangre y mechones de cabello rubio oscuro pegados a sus mejillas mojadas.

Sus labios pronunciaron mi nombre y yo también lloré. En ese momento no conocía su nombre, ella el mío sí. Tampoco sabía lo que estaba pasando, en mi mundo no había espacio para maldiciones y esa chica nunca estuvo maldita para mí.

No sé el momento exacto en que se alejaron de mí y la niña salió de mi campo de visión. La miré a los ojos hasta que estos se desenfocaron tras el golpe con la piedra.

Me acerqué al lugar y mi mirada se tompó con una pulsera de plata con una luna azul engarcada en su centro. Apenas fui consciente de que mis dedos agarraban la joya. Fue entonces cuando supe el nombre de la chica a la que acababan de matar.

Kasiri.”

Ese nombre estaba gravado en el interior de la pulsera. Alcé la cabeza mientras me guardaba la alhaja, no dejaría que nadie la encontrara y menos esos padres que le habían dado la espalda a su propia hija. Me prometí preguntarle a Ámer qué había pasado ahí y sobre todo no olvidar a esa niña nunca.

Ahora sé que no la mataron, lo que le hicieron fue mucho peor, volcaron su reloj de arena, le quitaron la vida y la obligaron a una existencia hueca, llena de dolor, frío, terror y castigos por algo que no era culpa suya.

¿Por qué estoy aquí? Bueno, es simple, estoy aquí por Kasiri. Cuando conocí el por qué se la habían llevado, me juré ayudar a los chicos a los que habían robado sus vidas y como a ella los obligaron a existir entre dolor. Decidí encontrar a Kasiri y pedirle perdón tendiéndole una mano aliada, aunque no sé si podrá perdonarme alguna vez el haberme quedado mirando sin hacer nada.

¿Por qué estoy aquí? Porque la lucha pacifista ahora también es mi lucha.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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