Taletober2020. Día 11: Hielo

Hola lectores.

Otra semana llega a su fin, pero a este reto aún le queda mucha vida. Hoy todo gira entorno al gélido hielo.

¡Allons-y!

 

el alto edificio de piedra se alza majestuoso a un lado de la calle, los estudiantes salen en tropel de su interior y las voces se alzan hacia el cielo invernal.

Tres personas se separan de la multitud, caminan mientras discuten y gesticulan con las manos. Son dos chicos y una chica; los jóvenes son quienes discuten, ella se limita a mirarlos callada desde sus ojos lilas, no se va a meter, sabe que sus hermanos no están enfadados.

Escuchando las voces de ´sus acompañantes en un segundo plano, empieza a dejar que su cabeza vuele libre, sus pensamientos corren tan rápido que ella no puede seguirlos, pero aún así caza al vuelo retazos de ideas e imágenes de recuerdos.

Su hermano mayor posa una mano en su hombro y ella vuelve al presente apartando de su rostro un mechón de cabello rosa que se le ha escapado de la coleta. mira a los chicos, los tres tienen los ojos lilas y si ella no se hubiera teñido el pelo de rosa, lo tendría igual de rubio que el mayor de los dos.

La pelirrosa alza la cabeza, sus hermanos se han callado y miran hacia lo alto, pero ella no ve nada fuera de lo normal y cuando está a punto de volverse hacia ellos para preguntarles, lo ve.

En lo alto del instituto, sobre el tejado hay una figura, una persona está de pie y parece mirar hacia abajo. Un escalofrío recorre a la chica y siente la tensión de sus hermanos. Recuerdan sin poder evitarlo los tres a la vez la ocasión en que alguien se subió al tejado del edificio y no les gusta el recuerdo.

Sin palabras se ponen de acuerdo en que hay que hacer algo y entran como tres centellas en el instituto ahora casi desierto por la hora del recreo. La chica, haciendo gala de su mejor sonrisa distrae a los conserjes mientras sus hermanos roban la llave de la azotea.

Sin perder un solo segundo los tres corren escaleras arriba y el menor de los chicos abre la puerta metálica de lo alto cuando llegan. El aire frío revuelve los cabellos rosas de la chica y la bufanda a franjas amarillas y negras de su hermano pequeño. El flequillo del mayor azota su rostro e impaciente se aparta el pelo de un manotazo.

—¡Mirad!

El menor de los hermanos señala la figura y el aire se corta en los pulmones de la pelirrosa. La persona se ha vuelto hacia ellos.

El sol de invierno se refleja en unos cabellos tan blancos como la nieve que arrancan destellos irisados movidos por el viento. Los ojos del desconocido, de un azul tan claro como el hielo no pierden detalle de los hermanos, pero no es ese el detalle que los ha hecho retroceder y mirarlo espantados, son las grandes alas blancas que sacuden el aire a su espalda.

—¿Quién eres? —susurra la chica.

—Soy vuestro ángel guardián; me presento, mi nombre es Ace y estoy aquí para protegeros.

el ser alado tiende las manos a los jóvenes y como uno solo los tres avanzan hacia él, saben el peligro al que se refiere el “ángel” aunque este no haya hecho alusión al mismo. Sobre ello discutían los chicos.

Los hermanos se miran unos a otros, saben que tienen en ese momento todo lo que necesitan, que es los unos a los otros, nadie los extrañará y sobre todo, nadie los buscará. Se cogen de las manos con la chica entre ellos y los chicos tienden la mano a Ace.

El “ángel” sonríe con una sonrisa tranquilizadora y los cuatro desaparecen de la azotea dejando a su marcha solo una llave metálica, la misma que utilizaron para salir a la azotea y una ráfaga de aire helado acompañado por cristales de hielo que al caer al suelo se resquebrajan como espejos que arrancan destellos bajo el sol.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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