Taletober2020. Día 10: Aurora

Hola lectores.

Este no era el relato que os iba a traer hoy, pero cuando no dejaba de pensar en esta historia, no pude evitar escribirla y me gusta mucho más que lo que escribí en un principio. Espero que os guste también. ¿Queréis conocer a mi Aurora?

¡Allons-y!

 

La joven de cabellos dorados y ojos azules mira el gran palacio de piedra blanca con una sonrisa en los labios, estaba dispuesta a ser la mejor costurera y al fin lo ha conseguido.

La reina de las hadas la había hecho llamar para confeccionar su vestido para la coronación y ahí está ella, Aurora, antigua princesa del Reino del Sueño y ahora convertida en la mejor costurera del continente.

La chica alzando la cabeza con porte orgulloso entra a los terrenos del palacio. Colgando de su brazo derecho lleva una cesta llena de telas y arrastrando tras de sí una bolsa con todos sus instrumentos.

Tras presentarse en las puertas, la hacen cruzar largos pasillos, suntuosas salas y lujosas estancias hasta llegar a una habitación donde la reina la aguarda. Sus ojos verdes la miran y Aurora teme por un momento que la reconozca, pero el hada la mira sin ver, no se va a dignar si quiera a ver a alguien inferior a su posición.

Aurora hace una reverencia y los labios rojos de la reina dibujan una sonrisa fría de cortés educación. Su tez blanca brilla como la nieve y su pelo negro contrasta como la noche. Cuando la joven rubia se incorpora avanza al interior de la habitación sacando una cinta de medir del interior de su canasto.

Dando vueltas entorno a la reina toma sus medidas y con trazos firmes los apunta en un cuaderno. Al terminar, juntas escogen una tela negra con reflejos plateados para su vestido; con un asentimiento Aurora sonríe y la reina con paso majestuoso sale de la sala, la costurera se ha quedado sola.

Sentándose frente a la rueca comienza a tejer con movimientos diestros. No puede evitar pincharse con la aguja y se lleva la llema del dedo a la boca, una gota de sangre ha florecido sobre su piel, no quiere estropear la tela manchándola. Sigue tegiendo mientras tararea sin hacer caso al pinchazo, hace mucho tiempo que no tiene que preocuparse por las agujas y lo que le puedan hacer. Sonríe para sí, gracias a esa maldición se ha convertido hoy en la mejor en su oficio.

La noche cae, Aurora no ha parado desde que la dejaran sola en la estancia, apenas ha avanzado en su labor, pero no le importa, tres golpes en una ventana la hacen sonreír y corriendo hacia allí abre el cristal, tres destellos entran en el cuarto y con un fogonazo de luz verde, azul y roja, tres mujeres se materializan frente a la joven.

—¡Lo has logrado, niña!

—Sí, tía, necesito vuestra ayuda, tenemos que hacer el mejor vestido del mundo.

Las tres mujeres sonríen y del interior de sus ropas sacan sus baritas mágicas apuntando hacia la rueca y la tela negra, en un parpadeo se alza ante ellas el vestido más regio y magestuoso que ninguna ha contemplado, ni si quiera el que Aurora llevó en su primer y último baile era tan hermoso.

La costurera sonríe y las tres mujeres, tras darle suerte vuelven a tornarse destellos y salen de la estancia. Despeinando sus cabellos de oro, frotándose los ojos hasta irritarlos y pincharse a posta con la aguja otra vez, sale al pasillo con gesto cansado, un guardia la mira y ella le pide que avise a la reina, su vestido está listo.

Aurora ajusta la prenda entorno a la reina que está de pie sobre un escalón, con diminutos alfileres la joven sostiene trozos de tela radiante mientras la reina sonríe complacida llena de soverbia, la chica sabe que nunca se había visto tan hermosa.

Apretando los dientes la chica sigue ajustando la prenda entorno a la figura curvilínea del hada sin alas y trata de ocultar el odio en sus iris azules. A punto de terminar pincha sin querer a la reina y aguanta el chaparrón de improperios, no le importa, su trabajo está hecho.

Ve por el rabillo del ojo como los tres destellos vuelven y justo cuando la reina cae al suelo inerte Aurora se permite sonreír, su venganza acaba de cumplirse; Maléfica la hizo dormir cien años, ahora ella dormirá quinientos gracias a su misma maldición.

 

¡Un saludo y hasta la próxima palabra!

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