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Reseña: Todo esto te daré, de Dolores Redondo

Hola lectores!
La intención de esta reseña es manteneros intrigados ya desde su lectura y, sobre todo, advertiros de que en cuanto abrais este libro no sereis capaz de cerrarlo hasta descubrir al verdadero asesino.

La única cosa capaz de sustraer del mayor sufrimiento a un hombre bueno es el dolor ajeno.

Datos del libro:

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  • Título: Todo esto te daré
  • Autora: Dolores Redondo
  • Nº de Páginas: 624
  • Editorial: Planeta
  • Premio Planeta 2016

Leer fue la fortaleza en la que defenderse mientras se batía en una guerra perdida contra el instinto exultante de su sexualidad. Leer era una defensa, un escudo con el que armar de recursos su timidez para relacionarse. Pero escribir era infinitamente más que eso. Escribir era el palacio interior, los sitios secretos, los lugares más bellos formando parte de un conjunto de ilimitadas estancias que él recorría, riendo, corriendo descalzo, deteniéndose a acariciar la belleza de los tesoros que allí albergaba.

Sinopsis:

En el escenario majestuoso de la Ribeira Sacra, Álvaro sufre un accidente que acabará con su vida. Cuando Manuel, su marido, llega a Galicia para reconocer el cadáver, descubre que la investigación sobre el caso se ha cerrado con demasiada rapidez. El rechazo de su poderosa familia política, los Muñiz de Dávila, le impulsa a huir pero le retiene el alegato contra la impunidad que Nogueira, un guardia civil jubilado, esgrime contra la familia de Álvaro, nobles mecidos en sus privilegios, y la sospecha de que ésa no es la primera muerte de su entorno que se ha enmascarado como accidental. Lucas, un sacerdote amigo de la infancia de Álvaro, se une a Manuel y a Nogueira en la reconstrucción de la vida secreta de quien creían conocer bien.
La inesperada amistad de estos tres hombres sin ninguna afinidad aparente ayuda a Manuel a navegar entre el amor por quien fue su marido y el tormento de haber vivido de espaldas a la realidad, blindado tras la quimera de su mundo de escritor. Empezará así la búsqueda de la verdad, en un lugar de fuertes creencias y arraigadas costumbres en el que la lógica nunca termina de atar todos los cabos.

La certeza es alivio momentáneo, porque la verdad es siempre excesiva. Cuando llega poco a poco, te acostumbras a tragarla, como la tierra gallega traga el agua que cae del cielo, pero, cuando llega de pronto como un tsunami, la verdad acaba doliendo tanto como la peor de las mentiras.

La autora:

Donostia-San Sebastián, España, 1969
Dolores Redondo es la autora de la Trilogía del Baztán, el fenómeno literario en castellano más importante de los últimos años. Las tres entregas de esta trilogía, El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta, han llegado a cientos de miles de lectores fieles. Además, hoy son ya más de 30 las editoriales de todo el mundo que han publicado su obra. Tras la aparición de El guardián invisible, la crítica la saludó como una de las propuestas más originales y contundentes del noir en nuestro país, y ha seguido elogiándola por cada nueva obra.

La lluvia de Madrid era estresada, rápida e impetuosa; resultaba sucia en las aceras, se escurría hacia las alcantarillas, rauda, y toda huella de su presencia desaparecía del aire en cuanto dejaba de llover. Allí, sin embargo, la tierra se bebía el agua y siempre la recibía como a un amante esperado, y, cuando cesaba, su presencia permanecía en el aire como un espectro casi palpable que en cualquier instante volvería a materializarse.

Personajes:

Manuel: el protagonista principal de nuestra historia. Es un escritor que tenía su vida totalmente organizada en Madrid junto a Álvaro, su marido. Cuando comienza la novela lo vemos pelearse con el vacío que deja la muerte en su vida y, posteriormente, lo veremos ir deshilando las redes que oscilan en orno a esta muerte tan inesperada. Manuel se embarcará en un viaje cargado de dolor en el que deberá ir desenterrando secretos hasta conseguir averiguar la verdad.
Es una persona que desnuda sus sentimientos desde un principio, ya bien sea a través de sus novelas o cara a cara.

Inspector Nogueira: es un teniente de la Guardia Civil recién juvilado. Es el encargado de ayudar a Manuel a desenmarañar la histora que la muerte le ha dejado. Es totalmente opuesto a Manuel, ya que destaca por mostrar el típico carácter gallego: una persona fría y arisca, pero al final termina dándonos una gran lección de vida.

Lucas: es el sacerdote amigo de Álvaro. Destaca por ser una persona que siempre intenta buscar en todas las personas la buena fé y, sobre todo, ser objetivo con las personas y las situaciones que lo rodean.

Los personajes de esta novela destacan por convertirse en realistas e inolvidables, ya que la autora en todo momento sabe dotarlos de una gran personalidad.
Cada uno de nuestros personajes cuenta su historia, cada uno destaca por ser capaz de trastocar su propia realidad para no verse involucrado en los problemas de la familia Muñiz de Dávila, pero al final todos terminan teniendo muchas cosas por las que callar.

Durante años había sido un idiota mirando al mar, había permitido que Álvaro cuidase de él, y ahora se daba cuenta de que todos lo habían hecho, de que desde que tenía doce años Álvaro había estado cuidando de todo el mundo. Un niño pequeño cuidando de otro, llevando sobre la espalda la responsabilidad de haber librado a su hermano del horror y que había recibido como pago ser repudiado, despreciado por su familia. Idiotas mirando al mar; él ya no lo haría más y no permitiría que los demás lo hicieran aunque para obligarlos tuviera que romperles el cuello.

Opinión Personal:

Conocí a Dolores Redondo cotilleando un día las novedades de una tienda y llamó mi atención: una señor que podía duplicar el tamaño de su libro solo cambiándolo de idioma merecía todos mis respetos, así que decidí embarcarme en esta nueva lectura.

nos encontramos con una novela en la que la acción no nos deja respiro, cuando creemos conocer algún detalle sobre nuestro asesino… de repente desaparece igual que la niebla matutina de la Ribeira Sacra, lo que hace que el ritmo de este libro no sea lento ni pesado.
La historia nos lleva hasta Galicia, donde la autora nos mostrará la belleza de esta tierra acercándonos a sus costumbres, creencias y habitantes de una manera muy fideligna, lo que puede transportarnos a través de las páginas por los distintos lugares que va recorriendo Manuel.
La pluma de Dolores Redondo es elegante y pausada. Los hechos suceden sin prisa, pero sin pausa. Da al lector la oportunidad de situarse dentro de unos escenarios perfectamente diseñados para cada ocasión, aunque particularmente en algunas ocasiones prefería más acción y menos descripciones. Lo mejor son los giros y callejones por los que nos va guiando hasta dejarnos frente a un final sublime donde todas las piezas casan en un maravilloso puzle.

Volvía a ser un ángel necio durmiendo a la intemperie, negándose por orgullo a entrar en el paraíso.

Opinión de Zeus:

Me recomendaron este libro, hace como un año, y la verdad, fue de lo mejorcito que me pude haber leído.
En seguida empaticé con Manuel, y te sientes él.
Siendo sincero, jo, me encantaría muy mucho visitar los sitios que se describen en la novela, siempre sentí cariño por Galicia.
Es posible que no sea precisamente la mejor novela policíaca, pero, todo lo que rodea a la trama principal, la hacen especial.
¿quién no le daría un achuchón a Samuel? ¿quién no se encariñaría con Café?
Por un momento, casi casi me compadecí de Santiago, pero…
Me encanta la forma de ser de Herminia, es de esas señoras mayores con las cuales uno se sentiría encariñado, protegido, resguardado, amparado…
¿qué opinar del Cuervo, Némesis? ¡telita!
En fin, me encanta el libro. Sí, lo pondría entre mis libros de cabecera.
Me mola la forma de escribir de Dolores Redondo. Gracias a este libro me leí la trilogía del Baztán, que también me moló.

Citas:

—Por eso cuando me vaya debes olvidarme, debes evitar pensar en mí, torturarte con mi recuerdo, porque cuando cierro los ojos vuelvo a verte de nuevo con seis años llorando desconsolado, roto y atemorizado. Tengo miedo de que al dejarte solo de nuevo comiences a llorar como cuando eras un niño, entonces no me dejabas dormir, ahora no me dejarás descansar… —Él intentó apartarse, huir de lo que venía después. Pero ya era tarde, ella lo había aprisionado con sus delgados y largos dedos—. Prométemelo, Manuel, prométeme que no sufrirás, no me conviertas en el factor vulnerable en tu vida, no dejes que nadie lo sea jamás.

Deseaba llorar. Sabía que en algún lugar en su interior las compuertas que retenían el llanto estaban resquebrajadas, que en cualquier momento las sólidas paredes que contenían toda aquella angustia se desmoronarían. Pero no podía. Y eso le desesperaba, era como querer respirar sin pulmones boqueando litros de oxígeno que no tiene a donde ir. Quería romperse, quería morir. Pero allí estaba, detenido como una estatua incapaz de encontrar en su interior la llave que abría la celda donde duerme el dolor.

Había alrededor del oficio un halo de artificiosidad repugnante que había llevado a ensalzar las más miserables ruindades como métodos creativos, el alcoholismo y las drogas, la violencia o la experimentación de todo tipo de depravación como filones para la creatividad. Creía en el poder del desamparo, en la inspiración del infortunio, en el orgullo del despreciado, en el acicate de los desaires y en la resurrección de los olvidados como poderosas armas, como internas fuentes de donde beber, pero creía también que sólo eran valiosas mientras fueran secretas, ríos subterráneos de aguas frescas o de lava candente que arrasaban por dentro al autor, y que mostrarlas era tan obsceno como pretender que un luminoso despacho, un equipo informático o un doctorado en Filología podían por sí solos hacer escritor a cualquiera.

Pensaba que había aterrizado en otro mundo, un mundo raro y desconocido. Un mundo en el que normas distintas regían los comportamientos, las reacciones y las alianzas. Asistía a la representación del caos, incapaz de reaccionar, como el asistente inmovilizado ante una pesadilla. Era consciente, sin embargo, de que aquella suerte de anestesia para los sentidos le proporcionaba la perspectiva necesaria para reflexionar, para analizar cada palabra de Nogueira y asistir al anárquico espectáculo que se representaba ante él, con la frialdad propia del que observa a distancia sin perder la cordura, sin dejarse arrastrar por la pasión que le destruiría. Bendijo aquella atmósfera.

¿Cómo es posible que algo que está a la vista llegue a ser invisible a nuestros ojos y sólo con la mirada de otro vuelva a ser? Como si recuperase una materia que se había ido desgastando hasta tornarlo incorpóreo y esa mirada le devolviese toda su esencia.

Despertar fue como perder el ancla que le mantenía sujeto a un lugar seguro y a gran profundidad, una resurrección bíblica a una realidad de luz caliginosa que se colaba a través de la ventana cuyos portillos había olvidado cerrar la noche anterior y pintaban el dormitorio con su fúnebre tinte blanquecino.


¡Nos vemos en la próxima entrada!

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