Reseña: Los ojos del perro siberiano, de Antonio Santa Ana

Reseña: Los ojos del perro siberiano, de Antonio Santa Ana

—El SIDA es como una tormenta, nadie quiere sacar la cabeza para ver qué hay afuera.

 

¿gatos? ¿estáis  aquí? ¿hola? La reseña de hoy, es de un libro muy corto de esos que puedes regalar sin importar la edad. De esos que no te dejan indiferente, pero que al mismo tiempo, te dan ganas de cambiar el mundo. Cuando aparezcáis por el sillón de leer, le dais una mirada a la reseña. ¿Vale?.

 

Datos del libro

Portada

  • Título: Los ojos del perro siberiano
  • Autor: Antonio Santa Ana
  • Editorial: norma
  • Año de publicación: 1998
  • Género: infantil y juvenil

 

Sinopsis

Nos quedamos un rato en silencio, envueltos en el perfume de las hierbas. Hasta que le pregunté. -Por qué nunca hablamos de Ezequiel? Apoyó las cosas en el piso con mucha calma. Estiró su mano como para acariciarme. Me miró. Bajó la mano. Luego la vista y dijo en un susurro: – Hay cosas de las que es mejor no hablar.

 

Yo era el hermano del sidoso.

 

Opinión personal

No puedo explicaros que fue exactamente lo que me llamó la atención de este libro; quizá que conozco casos muy cercanos de personas, quizá porque  siempre pienso a quien podría recomendarlo, o que le diría cuando se lo enseñe.

 

La historia es de esas que te hace pequeño el corazón, que te invita a pensar en quien es diferente, en cuan pequeños somos a veces y cuan bonito es tener a alguien que te vea diferente; que te haga pensar que aunque existan mil sujetos y sujetas capaces de juzgarte con todo el peso de una moralidad que ni siquiera ellos tienen, siempre hay un alguien en este mundo plano que rompe con todo.

 

—Uno de los motivos porque quiero tanto a este perro es por sus ojos. Desde que estoy enfermo la gente me mira de distintas maneras. En los ojos de algunos veo temor, en los de otros intolerancia. En los de la abuela veo lástima. En los de papá enojo y vergüenza. En los de mamá miedo y reproche. En tus ojos curiosidad y misterio, a menos que creas que mi enfermedad no tiene nada que ver con que estemos juntos en este momento. Los únicos ojos que me miran igual, en los únicos ojos que me veo como soy, no importa si estoy sano o enfermo, es en los ojos de mi perro. En los ojos de Sacha.

 

La relación entre los protagonistas, es confusa si la ves desde los ojos de un niño. Ansioso por ver, descubrir, saber, y entenderlo todo. Un niño que por activa o por pasiva, acaba conociendo algo que nunca le cuentas a un niño porque siempre piensas que no son lo suficientemente maduros, o responsables para poder con el peso de muchas e infinitas cargas. Si lo recomiendo me quedo corta, pero si dejo de hacerlo, estaría mal. Sé que en esta reseña he sido muy muy ambigua. Pero todo es porque la jefa se enfada si hago spoiler (tenéis que ver como grita) y porque según dice alguien, si adelantas todo el libro, ya no tiene gracia leerlo.

 

—La gente no entiende nunca al que es diferente. En una época los metían en manicomios, en otras en campos de concentración —suspiró—. La gente le tiene miedo a lo que no entiende. Si la sociedad margina a los que son diferentes, qué destino puede tener un perro que tiene las orejas un poco más grandes.

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