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Reseña: La Abadía De Northanger, de Jane Austen

Hola lectores.

Me sentía nostálgica a principios de agosto, me encuentro haciendo trámites que mee apagan y sentí que quería marcharme lejos, y no hay nada más lejos que el año 181, así que allí me fui y esto es lo que encontré allí.

¿Leemos? ¡Allons-y!

 

“cuando el tiempo no favorecía sus salidas se encerraban para leer juntas alguna novela. Novela, sí. ¿Por qué no decirlo? No pienso ser como esos escritores que censuran un hecho al que ellos mismos contribuyen con sus obras, uniéndose a sus enemigos para vituperar este género de literatura, cubriendo de escarnio a las heroínas que su propia imaginación fabrica y calificando de sosas e insípidas las páginas que sus protagonistas hojean, según ellos, con disgusto. Si las heroínas no se respetan mutuamente, ¿cómo esperar de otros el aprecio y la estima debidos? Por mi parte, no estoy dispuesta a restar a las mías lo uno ni lo otro. Dejemos a quienes publican en revistas criticar a su antojo un género que no dudan en calificar de insulso, y mantengámonos unidos los novelistas para defender lo mejor que podamos nuestros intereses.

Representamos a un grupo literario injusta y cruelmente denigrado, aun cuando es el que mayores goces ha procurado a la Humanidad. Por soberbia, por ignorancia o por presiones de la moda, resulta que el número de nuestros detractores es casi igual al de nuestros lectores y mientras mil plumas se dedican a alabar el ejemplo y esfuerzo de los hombres que no hicieron más que compendiar por enésima vez la historia de Inglaterra o coleccionar en una nueva edición algunas líneas de Milton de Pope y de Prior, junto con un artículo del Spectator un capítulo de Sterne, la inmensa mayoría de los escritores procura desacreditar la labor del novelista y resta importancia a obras que no adolecen de más defecto que el poner gracia, ingenio y buen gusto. A cada momento se oye decir: «Yo no soy aficionado a leer novelas»; bien: «Yo apenas si leo novelas»; y a lo sumo: «Esta obra, para tratarse de una novela, no está del todo mal». Si preguntamos a una dama: «¿Qué lee usted?», y ésta llámese Cecilia, Camilla o Belinda, que para el caso lo mismo da, se encuentra ocupada en la lectura de una obra novelesca, nos dirá sonrojándose: «Nada… Una novela»; hasta sentirá cierta vergüenza de haber sido descubierta concentrada en una obra en la que, por medio de un refinado lenguaje y una inteligencia poderosa, le es dado conocer la infinita variedad del carácter humano y las más felices ocurrencias de una mente avispada y despierta. Si, en cambio, esa misma dama estuviese en el momento de la pregunta, buscando distracción a su aburrimiento en un ejemplar del Spectator, responder con orgullo y se jactaría de estar leyendo una obra a la postre tan plagada de hechos inverosímiles y de tópicos de escaso o ningún interés, concebidos, por añadidura en un lenguaje tan grosero que sorprende el que pudiera ser sufrido y tolerado.“

Datos bibliográficos

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Sinopsis.

Publicada originalmente en 1818, La abadía de Northanger narra la historia de Catherine Morland, una joven ingenua y aficionada a la lectura de novelas góticas.

Invitada por los Tilney, que erróneamente la consideran una rica heredera, a pasar una temporada en su casa de campo, se dedicará a investigar tortuosos e imaginarios secretos de familia. Pero cuando finalmente todo se aclare y comprenda que la vida no es una novela, la inocente Catherine pondrá los pies en la tierra y encauzará su futuro según dictan las normas morales y sociales.

La abadía de Northanger es quizá la novela más irónica y divertida de Jane Austen, maestra inigualable en la recreación de retablos sociales con hondo perfil humano.

 

Reseña personal.

Una obra en la que Jane Austen nos presenta a Catherine, una muchacha que nunca ha salido de su casa y cuya mente está plagada de fantasías extraídas de novelas, género muy leído en su hogar.

Cuando a la joven le dan la oportunidad de salir, ver mundo y presentarse en sociedad, no la desperdicia y se lanza a la aventura como buena heroína de novela que es, dato que la autora no nos permite olvidar.

En su viaje conoce a una familia con la que congenia y de la que se hace gran amiga. Los Tilney, así se llama dicha familia; la invita a pasar unos días con ellos en su casa confundiendo a la joven con una heredera de gran forturna.

Catherine se verá más atraída hacia los misterios de la antigua casa que a las intrigas que la rodean, pero la realidad la golpeará con saña dándole una gran lección para su vida.

 

Opinión personal.

Este libro es una burla tras otra hacia toda intriga que en la época se llevaba a cabo para buscar un matrimonio favorable.

Dejando claro desde el principio que Catherine es una heroína de novela, la autora nos adentra en los entresijos de la sociedad y las intrigas dentro de un grupo pequeño.

Jane Austen nos muestra de nuevo la maestría de su pluma con una novela más cercana a la categoría de comedia, los absurdos que vemos dentro de este volumen superan a la ficción.

Catherine nos enseña lo errónio de las primeras impresiones, la incapacidad de decir que no y lo que ocurre cuando una se deja llevar por las más absurdas fantasías.

Siempre me ha dado miedo hacer una reseña de los libros de Austen, creo que nada de lo que pueda yo decir estará a la altura de la maestría de esta mujer y aunque esto que hoy os escribo es muy pobre, no tengo palabras. Hacía mucho que no leía nada de esta autora, pero ahora me encuentro inmersa en la relectura anual de Orgullo y Prejuicio y me sigue encantando tanto como la primera vez que lo leí.

 

¡Un saludo y hasta la próxima lectura!

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