RESEÑA: ASEDIO Y TORMENTA, DE LEIGH BARDUGO

RESEÑA: ASEDIO Y TORMENTA, DE LEIGH BARDUGO

Hola lectores.
El lunes pasado os mostré la reseña de Sombra Y Hueso. Esta semana os traigo Asedio Y Tormenta, su segunda parte. Voy a advertir que si no habéis leído el primero, no leáis esta reseña, no quiero spoilear a nadie, y aunque trato de escribir sin spoilers, siempre uno se escapa.
De nuevo he hecho esta reseña con Lira, al final veréis su opinión.
¿Leemos?

Datos bibliográficos

Portada

  • Nº de páginas: 544
  • EncuadernaciónTapa blanda
  • Editorial: HIDRA
  • LenguaCASTELLANO

Sinopsis.
LA OSCURIDAD NUNCA MUERE. Perseguida a través del Mar Auténtico, atormentada por las vidas con las que acabó en la Sombra, Alina trata de sobrevivir junto a Mal en una tierra extraña, a la vez que mantiene en secreto su identidad como Invocadora del Sol. Pero no podrá huir durante mucho tiempo ni de su pasado ni de su destino.
El Oscuro ha emergido de la Sombra con un terrorífico poder nuevo, y con un peligroso plan que pondrá a prueba los mismísimos límites del mundo natural. Con la ayuda de un carismático corsario, Alina volverá al país que trató de abandonar, decidida a luchar contra las fuerzas que amenazan a Ravka. Pero a medida que su poder crece, Alina se pierde cada vez más en el juego de magia prohibida del Oscuro, y se aleja de Mal. Pronto tendrá que elegir entre su país, su poder y el amor que siempre pensó que la guiaría, o arriesgarse a perderlo todo en la tormenta que se avecina.

Reseña personal.

El destino siempre nos encuentra.
Eso lo tendría que haber sabido Alina cuando escapó del Oscuro.
Ella y Mal se adentraron en el mar auténtico tratando de escapar y forjarse una vida nueva, pero nadie puede escapar a lo que la vida le espera.
El Oscuro la ha encontrado y la joven descubre que tiene un poder nuevo, un poder letal, oscuro y aterrador. La sombra lo ha cambiado, ha hecho de él un ser diferente, hambriento de poder y cruel, el temor que impone es una capa nueva a la que Alina se ha de acostumbrar.
Quizá la chica aún tenga esperanza, su cuello luce ya un amplificdor, pero el Oscuro va tras otro diferente, Alina puede cambiar, evolucionar hacia algo diferente que no conoce, hacia algo que tal vez no le guste, pero no tiene opción, tiene que luchar contra el Oscuro y no permitir que nadie más sufra.

Opinión personal.

El destino nos aguarda a todos, es algo que siempre nos va a perseguir.
Este libro nos lo enseña, al igual que nos muestra como las personas cambiamos, cambiamos sin remedio y sin poder evitarlo.
Durante la trama de esta historia, no he podido dejar de notar el amor, pero no ese romance entorno al cual gira todo, no hemos visto un triángulo amoroso como en tropecientos libros más entre Alina, el Oscuro y Mal. Sí, hay algo que atrae a Alina hacia el oscuro, pero no es amor, ella lo sigue odiando, por así decirlo.
El amor, el romance que se ve en esta obra no es el eje de todo, sino que es otra variante en la historia, una subtrama que explotar, pero no inflar. Eso es algo que le tengo que agradecer a Leigh.
Alina ha cambiado, se ha vuelto más poderosa, cada página, a cada capítulo, vemos como esta chica se transforma en algo diferente. Muchos la ven como una santa, pero ella es solo Alina, una joven que ha tenido que madurar a ojos vista y que se ha visto superada por todo lo que le ocurre.
¿Os habéis dado cuenta de que no he dicho que esta chica no me cae bien? Otra cosa que agradecer a esta autora, ha hecho que un personaje en primera persona no me caiga mal.
Sankta Alina… la ven como una figura religiosa, pero ella sigue siendo la misma chica que sufre, que trata de ser valiente porque es lo que toca, que trata de seguir en pie cuando lo que quiere es acurrucarse sobre sí misma y dejarse llevar. Es una chica que se ve sobrepasada por lo que le rodea, tiene que “renunciar” a Mal, tiene que sonreír aunque quiera llorar, no puede mostrar debilidad porque una sankta, una líder no lo hace, el Oscuro no lo hizo, ella no se puede permitir ese lujo; la otra Alina sí, pero la nueva Alina no.
Como ya he dicho, conocemos mejor a muchos personajes, a David, por ejemplo, el hacedor intelectual que forjó el collar; ese chico es más de lo que parece, tiene más en su interior que lo que pudimos ver en el primer libro.
Mal es un personaje también complejo, me gustaría que este libro no fuera en primera persona, me gustaría poder saber qué piensa este chico, pero también querría saber el origen y el por qué de sus avilidades de rastreo… ¿Por qué puede hacer eso? Pudo encontrar al ciervo, al monstruo marino… Tiene un don increíble y me gustaría tener el por qué, saber por qué lo hace, qué es eso y cómo puede hacerlo.
Sí, lectores, sigo queriendo al Oscuro pese a todo, no consigo explicar por qué, pero… me cae bien ese hombre y aún espero que se redima por sus acciones. Hay momentos en los que me gustaría matarlo, pero él también, en parte, está superado por todo, el poder hace que los seres humanos quieran más. No le doy escusas para lo que hace, pero si que puedo intentar comprenderle.
Otro personaje que me ha gustado mucho es Sturmhond, un corsario con un sentido del humor muy peculiar y algo atrayente en su personalidad. Este hombre nos presenta a dos mellizos… Peculiares, dos personas que me gustaron desde el primer momento y que tendrán un papel muy activo.

Sabéis, lectores, de nuevo no vengo yo sola a hacer esta reseña, Lira me acompaña de nuevo y entre las dos hemos tejido esta reseña.

Lira:

La sorpresa del tercer libro va a coger tu corazón y lo va a machacar en pedacitos y el resto del libro lo vas a pasar rezando a todos los Sanktos habidos y por haber que por favor por favor termine bien, por favor no me hagas esto, por favor dame un final feliz, por favor todos los finales terribles que quieras menos el que me estoy imaginando, por favor, Leigh, sé buena.
Me gusta mucho una cosa que se plantea aquí, y es el tema de la fé. Por un lado está Alina, de camino a convertirse en la figura de Sankta Alina, algo que ella no quiere, pero se ve obligada a contemplar con el fin de conseguir lo que necesitan. Por otro están el resto de personas, la gente que cree en esa figura luminosa y santificada, Mesiánica, que les están vendiendo. Es verdad que ella puede hacer cosas que ningún otro, pero todavía… es una adolescente, y conforme lees el segundo libro no puedes sino tener la sensación de que esto va a acabar muy mal, que la fé es un poder que tan pronto puede hacerte mártir como iniciar cruzadas en tu nombre como volverse en tu contra, ves los eventos desarrollarse con una especie de sentimiento fatal de… va a terminar muriendo, la van a matar, esto no terminará bien. Un poco como Harry Potter, pero más profundo en cierta forma porque a diferencia de esa saga, aquí sí se contemplan las posibilidades, sí se ven consecuencias, eres hiperconsciente de que es una chavala que no pasa de los 17 y todo el mundo le está cargando el muerto. Ella lo sabe, claro, y está convencida en su misión aunque le esté costando lo que más valora (Mal). No puedes evitar estar impresionada e indignada y sentirte asqueada porque es una carga demencial la que le han / se ha puesto sobre sus hombros. Salvar un mundo a costa de sí misma, a costa de convertirse en el sacrificio, como un cerdo al matadero. Y sí, de nuevo, piensas en Harry Potter. Yo he visto bastantes paralelismos aquí, aunque tratados de forma diferente, más adulta.
Al mismo tiempo, a través de la fé trae esperanza a las personas, les da algo en qué creer, alguien en qué creer; algo que les haga mantenerse firmes y creyendo que todo saldrá bien al final, que hay salvación para ellos. Y toda creencia que los mantenga lejos de las zarpas del Oscuro es buena, supongo.
Por otro lado, Mal. Mal en este libro me ha estado escamando un poco a ratos, al principio consideré que no estaba a la altura de las circunstancias pero luego me puse a pensar… lo estaba midiendo con la misma vara con la que medía a Alina, y eso no era justo en absoluto. Mal no es Alina y Alina no es Mal. Crecieron juntos, los dos son huérfanos, pero hasta ahí. Alina es Grisha, Mal solo tiene sus habilidades de rastreo, y si nunca se hubiesen conocido muchas cosas habrían sido infinitamente distintas. En realidad, si te paras a pensarlo, Mal sigue un camino de desarrollo del personaje a lo largo de todo el libro que es muy sutil, pero en última instancia (quizá) más significativo que el de Alina. Lira:
Vemos a Alina crecer, plantearse muchas más cuestiones morales y éticas y de todo tipo que en el libro anterior, la vemos cambiar y readaptarse para asumir el papel de líder y de figura simbólica que debe ocupar, los dos a la vez; lucha con la posibilidad de ser consumida por poderes más grandes que la vida misma, lucha con la posibilidad de que el papel se le quede grande, lucha con las proposiciones de matrimonio que no desea pero que podrían ser necesarias, y con la que sí desea pero nunca podría aceptar. Al tiempo, hace malabares con los Grisha, la familia real, el culto que se está formando a su alrededor, y la probabilidad de estar enloqueciendo. Las luchas de Mal, mientras tanto, están lejos; donde no las vemos. No son solo las luchas físicas, se trata de la lucha por encajar cuando tu papel en la vida no está definido o no está donde creías que estaba. Mal quiere una vida con Alina, pero no con Sankta Alina ni con la líder del Segundo Ejército. No entiende por qué Alina sí querría esa vida, y cuando entiende qué sacrificio está haciendo, se plantea que él no puede llegar tan lejos como ella, que haga lo que haga nunca será suficiente, que hay fuerzas superiores a él y no siempre podrá protegerla; si no puede mantenerla a salvo de todo y si no podrán estar juntos, ¿de qué le sirve a Alina? ¿Qué hace donde está?
Se compara con el resto de Grisha, con la chica que se ha enfrentado al Oscuro, y se ve a sí mismo insignificante, prescindible, porque el amor no lo es todo y es muy consciente de ello, los dos lo son. Se dan cuenta y eso los está dividiendo más que unirlos. A través de los errores de Mal, de sus ausencias y su drama romántico subestimable, si bien tardamos todo el libro en hacerlo, acabamos por darnos cuenta de cómo ese camino lo conduce irremisiblemente a convertirse en un líder en sí mismo, en una figura que los Grisha respetan, si bien no al nivel de Alina o *Sturmond*.
También, siguiendo el camino del libro anterior, destacan poderosamente los personajes secundarios cargados de matices, de carácter, de peculiaridades y pequeños detalles que los hacen no solo reconocibles, también cercanos y fáciles de amar. Personajes que ya conocíamos, como Nadia y Zoya, o Marie y Baghra, incluso David y Genya, de pronto cobran nitidez y los vemos en una luz diferente; ya no son solo nombres o rasgos psicológicos planos, tienen una vida y un trasfondo y una representación propios independientemente de los protagonistas. Así como los personajes que se presentan en este libro, como son los inigualables Tamar, Tolya y Sturmond, o como Sergei y Vasil Lantsov, el hijo mayor del rey. Cada personaje está delineado y caracterizado, en lo bueno y en lo malo, y ese es el tipo de cosas que a mí me enamoran en un libro, que haya un elenco de personajes diverso y bien nutrido, que no se trata solo de un montón de personajes planos lanzados al azar para llenar huecos; no solo los protagonistas tienen su importancia. A menudo son las acciones de terceros las que pueden equilibrar o desequilibrar la balanza, y asimismo se nos muestra cómo las acciones de los personajes principales repercuten sobre qué y quienes les rodean.
Me parece, además, que Leigh Bardugo sabe equilibrar magistralmente sus tramas, que no deja que el romance lo monopolice todo, que es capaz de aunar su fantasía con misterio, con acción, con momentos en los cuales las apariencias engañan y te pasas un buen rato sin saber qué pensar, hasta con ciertas dosis del humor peculiar de Alina. Algunas de las escenas de acción, de hecho, me dan la vida. Son tensas y te ponen de los nervios.
Yo puedo disfrutar leyendo romance, no demasiado y no en cantidades muy elevadas, pero lo puedo disfrutar siempre y cuando sea realista o aporte cosas a la trama. Pero el género juvenil siempre ha tendido a elevar el romance por encima de muchos elementos esenciales de la trama, y aunque te acostumbras porque generalmente así es como funciona, cuando lees algo que rompe esa especie de regla es alucinante. Le da realismo, te mantiene dentro de la historia, con la incredulidad mantenida bien a raya porque por una vez, las cosas son como se supone que tienen que ser.
Sí, hay romance, y sí, en muchos momentos sientes que podrías cortar la tensión a cuchilladas porque la hay en cantidades industriales, pero hasta ahí es perfectamente normal, hay tropecientas cosas flotando entre ellos que no se han dicho, que no se pueden decir ni siquiera si quisieran hacerlo, y luego están las que no pueden evitar decirse aunque no deberían. Y eso, así es como se escribe algo realista sin dejar de lado el romance; Leigh Bardugo es la prueba feaciente de que se puede hacer. El romance está ahí, ellos dos saben que está ahí y tú que lees sabes que está ahí, pero no te ahogas en él ni te pasas cada escena poniendo los ojos en blanco en plan… “sí, lo que tú digas.”
A lo largo de este libro, la figura del Sacerdote me mantuvo intrigada porque no me gustaba ni un pelo pero tampoco sabía muy bien de qué iba, y desde luego no lo supe hasta el final. Además, me pasé medio libro pensando que iba a haber tragedia y cerca del final, por alguna razón, hubo un momento en el que me calmé y pensé… na, acabará bien. Y justo entonces, un personaje al que había subestimado hizo algo muy, muy soberanamente estúpido y todo se fue a la mierda en un segundo. Después, el final transcurrió muy rápido y muy cinematográfico, como suele ser con esta autora. Lo lees de corrido porque en cada párrafo está sucediendo algo más. Se te forma un nudo en el estómago. Te resurgen todos los malos presentimientos que tenías, y los que no tenías también. Hasta que no terminas no te quedas tranquila, es como un picor constante. Y tengo que decir que el del segundo libro fue, para mí, particularmente intenso. La cena. Los Volkra. El palacio. Los platos. Marie y Sergei. La iglesia. Genya, Razrusha’ya. Al fin el Sacerdote. Y esa escena en la que Alina se enfrenta al Oscuro en sus propios términos… no sé si alguien puede imaginarse cómo temblaba leyendo eso, cómo disocié al darme cuenta de que era capaz de entenderla a la perfección pero también de enfadarme con ella. Esa. Escena. Fue. Suprema.
Luego, sin embargo, el libro acaba dejando a nuestros amados personajes en una posición muy precaria. Si no hubiera tenido el tercer libro para seguir leyendo me habría vuelto loca, porque necesitaba saber qué pasaba después, cómo iban a salir de aquella. Tienes un montón de malos presentimientos y el corazón roto por Genya y por Alina, y ansias por Nikolai y fascinación aumentada por Tolya y Tamar y su ffé, sobre y a pesar de todo, y quieres ver qué pasa con Nadia y Zoya y todo el grupo de supervivientes en general. Además, hay otra escena cercana al final que me golpeó fuerte, a mí que no soy una persona religiosa en absoluto; y es cuando Alina sale sola de la ciudad y acaba en los campamentos. Eso dolió. Y me dejó pensando. No estaba sorprendida con lo que pasó, no exactamente, y de veras creo que fue una escena necesaria y tan real como la vida. Pero me sacudió emocionalmente, no sabría explicar muy bien por qué.
Por cierto, en la vida real existe una Santa Alina, virgen y mártir alrededor del año 600 que murió por profesar la fé Cristiana, así como dato random, su santo se celebra el 16 de Junio. Me pregunto si Leigh Bardugo lo sabría o es solo coincidencia (total, no será por falta de santos)

Y esto es todo lectores. Lira y yo nos despedimos, al menos hasta que lea el tercer libro.
¡Un saludo y hasta la próxima lectura!

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