Reseña: A donde van los dragones, de Bruno Puelles.

Reseña: A donde van los dragones, de Bruno Puelles.

Hola lectores.

El lunes pasado os mostré la reseña de Inquebrantables, pues hoy os traigo otra reseña del mismo autor. A Donde Van Los Dragones, de mi querido Bruno Puelles.

¿Leemos? ¡Allons-y!

 

“Cuando tenía siete años me encontré con un dragón. Fue un instante nada más, pero puedo recordarlo con detalle, como si los segundos se hubiesen estirado en mi memoria para que se puedan apreciar todas las texturas, todos los matices. Él estaba allí, imponente, diez veces más alto que yo o más, jadeando y expulsando chispas entre sus dientes con cada exhalación. Estaba cansado, debía llevar mucha distancia a sus espaldas. Las membranas de sus alas flameaban contra el viento, que en lo alto de la montaña soplaba inclemente, sin nada que lo detuviese, pero sus músculos eran fuertes bajo sus escamas. Al aterrizar había clavado las garras en el suelo, haciendo mella en la roca. Sus cuernos eran enormes, ¡cuernos!, ahí estaban, tan evidentes, y yo me sentí avergonzado porque siempre los olvidaba cuando dibujaba dragones. Él me examinaba. Sus ojos, dos ranuras naranjas, parecían hostiles.

Me asustó. Di un paso hacia atrás, resbalé. Mi cuerpo tiró de mí hacia abajo, sin encontrar el suelo. Sentí que me precipitaba al vacío.”

 

Datos bibliográficos

portada

 

 

“De pronto, el huevo se quebró. Henre contuvo el aliento. Uno de los trozos de la cáscara cayó y se perdió entre las brasas. Y otro. Algo apareció, un trozo de cuerpo, una membrana.

—¿Es él? —quiso preguntar Henre, pero la voz no le salió y solo pudo emitir un quejido.

Amel sonrió.

—Un ala —susurró.

Un ala negra. El huevo se sacudió, el dragón estaba forcejeando. El resto de la cáscara se resquebrajó, una profunda grieta la recorrió de arriba a abajo. Salió una pata, una cabeza, el cuerpo, la cola. Un dragón entero, del tamaño de un gatito de un mes, un dragón que parecía un lagarto alado, negro y con los ojos cerrados.

Y cuyo espíritu cantaba con el timbre vibrante de un arpa.”

 

Sinopsis.

Al aterrizar había clavado las garras en el suelo, haciendo mella en la roca. Sus cuernos eran enormes, ¡cuernos!, allí estaban, tan evidentes, y yo me sentí avergonzado porque siempre los olvidaba cuando dibujaba dragones. Él me examinaba. Sus ojos, dos ranuras naranjas, parecían hostiles.

Me asustó. Di un paso hacia atrás, resbalé. Mi cuerpo tiró de mí hacia abajo, pero no había suelo allí. Sentí que me precipitaba al vacío.

Dicen que encontrarte con un dragón te cambia la vida para siempre. Henre es incapaz de olvidar a ese dragón sin jinete que se cruzó en su camino, y esto le impulsa a enrolarse en el Ejército del Aire, con la esperanza de que le asignen uno. Volar es lo único que le importa; la guerra es algo secundario y lejano. Cuando ésta cae sobre él, desestabiliza su vida y le enfrenta a preguntas desconocidas hasta entonces.

¿Basta el miedo a caer para quitar las ganas de volar?

¿Puede ser el amor una vía para la supervivencia?

¿A dónde van los dragones sin jinete?

 

Reseña personal.

Encontrarte con un dragón, te cambia la vida para siempre.

Eso me pasó a mí. de pequeño vi un dragón y no pude olvidarlo, eso me hizo querer cumplir un sueño, sería piloto de dragones, aprendería a volar, a cuidarlos, a escucharlos y a quererlos. Aprendería a volar, me asignarían un dragón y seríamos uno.

Cuando entré en el ejército del aire solo quería poder volar con mi dragón y formar con él un equipo. Aprendí a cuidarlos, a saber qué querían a cada momento, a comprenderlos y a saber escucharlos. También aprendí a luchar, al fin y al cavo estaba en el ejército.

Nunca pensé en la guerra, solo en mi sueño de surcar el cielo con mi futuro dragón, así que cuando llegó, cambió mi vida por completo y me hizo plantearme cosas que jamás me había parado a pensar.

La guerra me trajo pérdidas, dolor, sufrimiento y pena. Me vi inmerso en una espiral de dolor en la que me negaba a pensar, solo quería sobrevivir un día más.

 

“Amel me empujó, alejándome de la chimenea, y me echó por encima una túnica gruesa y la amarró a mis brazos y a mis piernas. El dragón, ciego, supo que nos habíamos marchado y salió del hogar. Buscó, no sé bien cómo, nos localizó y empezó a reptar por el suelo hacia nosotros.

Amel sonrió.

—Te reconoce.

La criatura trepó por mi pierna y subió hasta mi pecho. La rodeé con los brazos por acto reflejo y entendí el porqué de la túnica: la piel del dragón quemaba.

Se quedó quieto, ahí, pegado a mí.

Yo estaba llorando. Las lágrimas me recorrían el rostro sin sollozos.

—Eclipse —dijo Amel.”

Opinión personal.

Una historia que no solo habla de un mundo diferente en el que los humanos cabalgan los vientos a lomos de un dragón, sino una historia que habla de supervivencia, de superación y del alma humana.

Henre nos enseña los entresijos de su mente, sus pensamientos, dudas y preguntas más ocultas, nos guía a través de una serie de reflexiones y circunstancias que le harán crecer, madurar y ser consciente de detalles tanto de sí mismo como del entorno que le rodea.

Este libro más que una historia fantástica de dragones, nos muestra una reflexión con una carga emocional notable que hará al lector vivir con detalle cada sensación, sentimiento y momento que el propio Henre está viviendo y sintiendo. El autor nos hace partícipes y nos lleva hasta los rincones más ocultos del alma del protagonista y nos hace quererlo, apreciarlo y conocerlo de forma que Henre pasa a ser parte de nosotros mismos.

Pocas historias me han hecho sentir igual, tengo que admitir que este libro me ha dejado sin palabras, al terminarlo me he quedado vacía, como si me faltara algo, y realmente sí, algo me faltaba. La lectura fue intensa, sin pausa, hice a Henre parte de mi vida y cuando terminé el libro y dejé de escucharlo, de acompañarlo en todas sus acciones, cuando solté su mano y dejó de guiarme a través del camino de su destino, me sentí vacía, me faltaba ese niño, chico y hombre al que había aprendido a querer.

De esta historia no he sacado personaje favorito, o quizá sí. Henre me ha marcado como pocos personajes antes, a ninguno había conocido tan profundamente como a este y con ninguno me he sentido tan sola al terminar el libro como me ha pasado en esta ocasión.

Ahora mientras escribo esto, me vienen a la mente el color verde de la esperanza, el azul del cielo, el rojo del fuego y el negro de un dragón, los colores que evoco cuando pienso en Henre. Para mí las personas son colores, sobre todo los personajes de los libros y para el protagonista de A Donde Van Los Dragones, he escogido estos. El verde por la esperanza infantil de volar, el azul por el cielo, signo de libertad cuando al fin logró hacerlo, el rojo fuego del caos, las llamas de la guerra y el negro de las escamas de un dragón. En ocasiones Henre también era gris, el gris de las nubes de tormenta, la pena y la pérdida, el dolor y la rutina; pero al final del libro fue amarillo, un amarillo radiante signo de felicidad e ilusión con tintes blancos de un nuevo comienzo.

Todo esto me hizo sentir este libro y pocos autores, por no decir ninguno hasta ahora, me había dejado tal huella; pensaba hasta ahora que solo Ángeles Caso lo había logrado con Contra El Viento, pero esta autora al narrar una historia que para mí no es nueva, sino que conozco personalmente, no logró en su día el efecto que ha conseguido Bruno Puelles con su libro.

 

“Estaba encaramado a una roca, aferrado a ella con sus garras, y tenía una silla puesta. Parecía inmenso comparado conmigo, de pie varios metros por debajo, frente a él.

Esbocé una sonrisa de disculpa.

—Siento haber tardado tanto.

Emitió otra vez la melodía, con más intensidad que ninguna otra noche. Quería contarme demasiadas cosas a la vez, la espera, los viajes que no era capaz de imaginar, las promesas de aventura, lugares que enseñarme, alguien que me había estado esperando.

Llévame con ella, pensé.”

 

Lectores, os recomiendo este libro, pero hacedlo con un paquete de pañuelos cerca y no hagáis como hice yo… No lo leáis en un autobús, no es recomendable romper a llorar cual Alicia en el País de las Maravillas inundando la sala de la puerta y las pociones.

 

«¿A dónde iban los dragones cuando se marchaban? ¿A dónde se había dirigido aquel primer dragón que había encontrado de niño, en su camino a algún sitio lejano? ¿A dónde iban los dragones sin jinete?”

 

¡Un saludo y hasta la próxima lectura!

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