La serpiente parlanchina

La serpiente parlanchina

¡hola! Gatitos lectores de este recuncho.

Hoy 2 blogueros, os traemos un cuento que esperamos guste, y podáis compartir para que llegue a mucha mucha más gente.

Gracias a Zeus porque se animó a compartirme un pedacito de su historia, por permitir que la completara, y porque nos dejó publicarla por aquí.

A él: un gracias por confiar en mi imaginación.

 

La serpiente parlanchina

Dibujo serpiente

Había una vez (porque parece ser que todos los mejores cuentos comienzan así) un país tan lejano que sólo la imaginación sería capaz de ponerle distancia. Un hombre que volvía de su trabajo atravesando un desierto muy árido, cansado, y muerto de calor.

Ensimismado se hallaba pensando en un jarro enorme de agua fría y en la comida que en casa lo esperaba.

– ¿será una buena porción de queso de leche de camello, quizá cordero, o un buen trozo de carne de camello con  un puñado de dátiles?

 

Tan abstraído estaba, que no se dio cuenta de que le llamaban

-¡Ooooiga! ¡ooooiga! ¿acaszso eszstá uszsted szsordo?

Sobresaltado, comprendió que le hablaban a él. Pero por más que miró a su alrededor, no vio a nadie.

Siguió andando, hasta que sintió que algo se  enrollaba en su  pierna. El hombre perdió el equilibrio y cayó de bruces sobre la arena. Entonces pudo oírse una sonora carcajada justo junto a su cara.

-¡No me guszsta que me igjgnoren -dijo la misma voz que  antes le llamaba.

–¿quién me llama? ¿quién me solicita de esta forma en este lugar tan vacío de todo?

–¿Quién va a szser? ¡yo! –decía; Me llamo Eszse , pero se me conoce como la szserpiente parlanchina.

–Ya veo -dijo el hombre enfadado. -Antes de seguir hablando, ¿haces el favor de desenrollar te y dejar que me levante?

Eszse e mpezó a desenrollarse sobre la arena. Una serpiente negra con escamas verde brillante, anillos y cabeza en forma de candado, reflejó el sol sobre su cuerpo. Cuando el hombre vio cuan grande era, sintió mucho miedo de ser mordido. sin embargo, se esforzó porque ella no lo notara. carraspeando preguntó:

-Dime varias cosas: ¿cómo es que puedes hablar conmigo?, -¿cómo puede ser que yo pueda oírte? Y ¿qué quieres de mí?

-Vamoszs deszspacio. Que no hay priszsa. –puedeszs oírme, porque por tuszs venas corre szsangre beduina. Por eszso puedo hablar contigo también. –si hoy hubiese pasado por aquí cualquier otra perszsona, no me hubiese eszzcuchado. Y… hoy quiero contarte un chiszsme.

-¿Un chisme? ¡yo tengo muchísima hambre, y demasiada sed!

-Eszsque nadie en el deszsierto quiere hablar conmigo porque dicen que soy muy chiszsmoszsa. -¡pero es que lo que hoy le ha pasado al eszscorpión es para morirse de riszsa! ¡-szsígueme!

Asustado porque quizá si no lo hacía la serpiente quisiera morderlo, la siguió a una alejada duna de arena. Cuando llegaron a la sima, un escorpión gigante se revolvía entre las piedras.

-Ayer un szsuricato le mordió la cola, y ya no tiene aguijón para picar a nadie. – dijo Eszse.

-¡Vete de aquí, serpiente chismosa! ¡ya verás cuando recupere mi aguijón!

 

El hombre siguió tras la serpiente y esta lo llevó a un oasis donde vevió agua. Pero cuando se disponía a levantarse, en una palmera cercana pudo ver a una tarántula enorme que en lugar de tejer su telaraña, cazaba insectos con un sombrero.

-¡Ella no eszs una araña completa! –comentó eszse muerta de risa. –un día salió de caszsa, y perdió el hilo que colgaba de su barriga. Por eszso ahora caza con ese ridículo sombrero.

La tarántula mostró los colmillos y la miró amenazante; pero como no había hilo para sostenerla colgada  mientras saltaba para morder a la chismosa, tuvo miedo.

 

El hombre se decidió a decirle a la serpiente que ser tan chismosa era lo que la tenía sin amigos para oírla.

-¡yo no soy chiszsmoszsa! Lo que paszsa es que tengo un szsecreto que nadie puede szsaber. –voy a enszseñártelo; y si se lo cuentas a alguien, te muerdo!

Muy asustado, el hombre escuchó su secreto.

-Lo que paszsa es que yo no se mudar de piel szsola. Entonces prefiero contar lo que hacen los demászs para que nadie vea que hace 2 años no me la cambio.

-¡yo puedo ayudarte! –dijo el hombre. –Pero tienes que prometerme que cuando lo haga, no me morderás.

-¡Te lo prometo!, -¡pero tieneszs que ayudarme!

 

Comenzó  entonces a ayudar a Eszse a desprenderse de su piel. Era fácil; porque la piel de ella, era como si se quitara él todos los días su túnica; solo que como llevaba tanto tiempo sin mudar, era gruesa y le tomó 2 horas dejar a Eszse como nueva.

 

Sin su piel vieja, libre ya de chismes y habladurías, fue a disculparse con cada animal o bichito del que se había reído. Al verla tan arrepentida como estaba, aceptaron sus disculpas. Desde entonces, ya nunca más, hablaron mal o se alejaron de Eszse la parlanchina, sino que le hicieron cómplice de sus travesuras y secretos; pasó entonces a ser: la confiable Eszse.

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