Jugamos a adivinar citas

Jugamos a adivinar citas

Hola mortales.
Hoy me acompañan mis amigas, mis diosas lectoras, ya que acabo de elevar a Samira a la
categoría de diosa, ella será la diosa de… Las buenas ideas, así que estamos estando todas de
acuerdo, nos puedo presentar así.
Hoy, iniciando la semana del día del libro, traigo algo nuevo, una entrada que nunca he hecho,
he retado a mis amigas a adivinar la cita que les presento y ellas han hecho lo mismo conmigo,
tengo que decir que gané por mucho.
¿Queréis ver qué tal nos ha ido?
¡Pues leamos! ¡Allons-y!

Cita 1.

Arthemisa.

A veces, el valor de los sueños radica, no en las fantasías que imaginamos, sino en su poder para entretenernos sin recordar la realidad. El problema es que son tan frágiles como una
pompa de jabón y que, cuando estallan, nos hacen sentir desamparados y vulnerables. De ahí que mi primera reacción al despertar haya sido sonreír y la segunda, enterrarme debajo de las sábanas al recordar todo lo que sucedió ayer.
Con esta cita, Arthemisa tuvo muchos problemas, y eso que es la primera.

Némesis sabía qué cita era y eso que no se había leído el libro.
Mis compañeras me hicieron repetir la cita para que nuestra jefa pudiera escucharla; ella sabía
que se había leído el libro, pero no caía cual era.
tras tres pistas: es una chica la que habla, el título del libro te define y tú, Arthemisa, lo
reseñaste, la jefa se quedó más cerca de adivinarlo. Pero creo que fue el: creer en los sueños
de Némesis, fue lo que terminó de iluminarla y acertó el libro.
La primera cita de Arthemisa fue de Prohibido Creer En Historias De Amor, de Javier Ruescas.

Attenhea.

Se tensó brevemente, antes de sumergirse en el beso. La sensación era siempre igual, una
mezcla de sorpresa con una ola de vértigo. Era el décimo séptimo beso (su interfaz cerebral
llevaba un cuenta, un tanto en contra de su voluntad), y se preguntó si alguna vez se
acostumbraría a este sentimiento. Sentirse deseada, cuando se había pasado la vida creyendo
nadie jamás la vería como algo más que un bizarro experimento científico.
Especialmente un chico.

Fue mi compañera Samira quien eligió una cita para mí, pero no hay mucho que decir, solo me llegó a leer la primera frase y acerté el libro. Modestia a parte, cuando una es buena, se nota y
en mi se nota mucho.
Mi primera cita fue de Winter, de Marissa Meyer.

Némesis.

Lo de mentirles a tus padres es muy sencillo: debes hacerlo para protegerlos. Es por su propio
bien. Pongamos a mis padres como ejemplo. Si supieran la verdad lisa y llana sobre: a) mis
finanzas, b) mi vida amorosa, c) las cañerías de casa y d) el impuesto municipal, les daría un
ataque cardíaco y el médico diría: «¿Habían sufrido alguna conmoción últimamente?», y la
culpa sería mía. Así pues, en los diez minutos que llevan en mi apartamento les he contado las
siguientes mentiras:

Némesis adivinó que era de Sophie Kinsella y que era el libro de la señora vieja, pero solo le
salía el nombre del libro en inglés, pero acertó a la primera.
La primera cita de Némesis fue de Una Chica Años Veinte, de Sophie Kinsella.

Samira.

Hemos vivido demasiado. Para quien sabe tanto como nosotras nada es importante ya. Todo
se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno…, el mundo está vacío y no
tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer, y lo que nace
debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo
está vacío. Nada es verdad. Nada es importante.

Némesis comienza diciendo que ella no se ha leído eso no, amiga, no te lo has leído, pero deberías. Tras esto, Samira se arriesga:

Samira: ¿Satanás?
Attenhea: No, Attenhea.
Samira: Qué tonta eres.
Tras este lapsus, mi amiga adivinó su libro y fue capaz de decirme qué escena fue mientras
Némesis me llamaba estúpida de fondo.
La primera cita de Samira fue de La Historia Interminable, de Michael Ende.

Cita 2:

Arthemisa.

Uno siempre está muy cómodo haciendo lo que sabe hacer, pero para avanzar, uno tiene que
arriesgarse, salir de su zona cómoda, de confort, y atreverse con nuevas cosas. Por supuesto
da miedo y es probable que haciendo lo nuevo te sientas torpe, o desentrenado, o que estás
meando fuera de tiesto, pero es la única manera de progresar.

Némesis solo ha necesitado una frase de la cita, pero Arthemisa no cayó. Le dimos pistas:
habla una chica, pero se dio por vencida y solo se dio cuenta cuando al rendirse, Némesis le
leyó la cita:
“Cantabria te espera con las piernas abiertas”
La segunda cita de Arthemisa fue de Gente Que Viene Y Bah, de Laura Norton.

Attenhea:

—Dígame algo, amigo mío, se lo suplico. ¡Explíqueme cómo puede ser posible lo imposible!
—He aquí una buena frase —dijo Poirot—. Lo imposible no puede haber sucedido; luego lo imposible tiene que ser posible, a pesar de las apariencias.

 

Arthemisa, voy a serte sincera, esta cita la adiviné sin problemas porque adoro lo que el detective dice, es algo muy cierto y un tanto enrevesado, pero me gusta mucho esta cita y el libro; además me recuerda mucho a Doctor Who.
Mi segunda cita fue de Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie.

Némesis.

¿Cuándo se sabe que se está preparado para algo? ¿Cuándo se da el momento en el que sabes que no hay vuelta atrás? ¿Que cualquier paso en falso puede destruir tu mundo por completo? Te conviertes en un hombre sin saberlo. Se dejan atrás los infantilismos y se afronta la vida que te ha tocado vivir con todas las consecuencias. Y, tal vez, se piensa: ¿cuándo me he convertido en ese hombre? ¿De verdad estoy a la altura? ¿De verdad sabré actuar como tal?

Némesis y yo tenemos una historia con este libro, ella lo pudo adivinar sin problemas por mi culpa, por el odio que rezumaban mis palabras, quizá no sabía a qué libro pertenecía la cita, pero si sabía a qué me refería con mi tono de odio profundo, algo que le recordó qué libro era y unas cuantas cosas que le dije por culpa de su lectura…
Como no pares te voy a meter un palo al rojo por el culo y te lo voy a retorcer con saña. Después pondré una espada en las llamas y haré lo mismo por tu garganta y retorceré la punta hasta arrancarte el corazón y sacártelo por la nariz.”
La segunda cita de Némesis fue de Colapso, de Alessandra Neymar. Y como veis, aquí nos tenemos mucho cariño todas.

Samira.

me hizo ver que la vida podía ser demasiado corta, demasiado imprevisible como para andar conformándome. Si íbamos a estar aquí un tiempo indefinido, tal vez mucho, pero tal vez poco, mejor intentar exprimirlo al máximo.
Nada de conformarse. Es terrible que nos tenga que pasar algo de vida o muerte para darnos cuenta de que cada día es un regalo, y que tal vez mañana ya no estemos aquí, y que por eso mismo tenemos que intentar vivir de manera intensa. Ay, parecía que me había indigestado con un libro de Paulo Coelho, pero así era como me sentía.
Las experiencias de vida o muerte han de servir para algo. Vale, tal vez no sirvan para nada. Pero ya que tenemos que pasar por ellas, al menos darles un sentido. Y a mí, que me hubieran rajado el estómago de un lado a otro, me había hecho querer mi vida, y desear lo mejor para ella.
Nada de amigos como novios. Nada de conformarse con una vida cómoda. Nada de nada. Yo acababa de tener en Hong Kong lo que ya denominaría para los restos como mi revelación china:
se acabaron los miedos, se acabaron los sucedáneos, se acabaron las mentiras, y se acabó el estar siempre aplazando la vida y conformándome. Y se acabaron las preocupaciones porque sí. Tenía que ir a por lo que quería, porque tal vez mañana todo se acabara de repente.
Tenía que disfrutar, tenía que vivir. Y tenía que enamorarme de verdad. Y estaba en mi derecho de volver a sentir lo que había sentido por Aarón, esa intensidad, esas mariposas en el estómago. Tal vez no pudiera ser con Aarón. Se iba a casar con mi hermana. Pues que se casara. Si no era con Aarón, ya volvería a encontrar a otro que me hiciera sentir ganas de saltar de balcón, de gritar su nombre, de besarlo y abrazarlo bajo el cielo estrellado de cualquier pueblo de La Mancha, como por ejemplo Chinchón.
Porque no sé si tenía o no derecho a conseguir algo así para mí, pero desde luego no iba a dejar que el miedo me acobardara, que mi baja autoestima, mis incipientes arrugas, mis cuatro kilos de más, mi raja, me dejaran fuera de combate antes de empezar.

Comencé a leer esta cita sin saber realmente si Samira había leído el libro, fue Némesis la que me lo dijo, pero me arriesgué, sino la sabía, no sería por su culpa. Le dimos pistas, pistas como: la autora ya ha salido, aparecen animales como cabras, hay flamencos y van al zoo. Esto hizo que mi compañera, tras un rato, supiera qué libro era y yo respiré tranquila porque no había metido la pata.
La segunda cita de Samira fue de No Culpes Al Karma De Lo Que Te Pasa Por Gilipollas, de Laura Norton.

Cita 3

.
Arthemisa.

Un hombre es aquello por lo que siente pasión. He descubierto que, si renuncias a lo que más quieres por lo que piensas que deberías querer más, acabarás sintiéndote inútil.—¿Y si lo que yo quiero no es lo que necesita la sociedad? A veces, tenemos que hacer lo que no nos gusta. Es un simple hecho de la vida, creo.
Brisa se encogió de hombros:
Yo no me preocupo por eso. Simplemente hago aquello en lo que soy bueno. En mi caso, eso es hacer que otra gente haga las cosas que yo no quiero hacer. En el fondo, todo encaja.

Arthemisa sabe qué se leyó el libro, está al cien por cien segura, sabe qué es el libro Ni Puta idea; del autor Vete tú A Saber Quién.
Tras una segunda lectura, nuestra jefa supo que era de Brandon Sanderson y de Nacidos De La Bruma.
Némesis le dijo que dijera números al azar, tras lo que comenzó con el primero, siguió con los últimos y terminó con el segundo, pero… No lo supo y se rindió.
La tercera cita de Arthemisa fue de El Héroe De Las Eras, de Brandon Sanderson.

Attenhea.

Dieron la espalda a la vida sin importarles lo que sucedería después; porque por primera vez eran iguales y ya nada podía separarlos y estarían unidos para siempre.

Esta es de mi libro favorito de esta autora perteneciente a saga, aunque habla de dos personajes que no me caen demasiado bien, en la escena está mi amado, así que fue fácil adivinarla.
Mi tercera cita fue de La Llamada De Los Muertos, de Laura Gallego García.

Némesis.

La fe en lo invisible te hace desarrollar una especie de sexto sentido… que todos los niños tienen, y que pierden al hacerse mayores, cuando los adultos les convencen de que todas las cosas mágicas que vieron en su infancia eran fruto de su imaginación. Así que no es raro que haya gente que venga por aquí y no haya visto fantasmas: no los buscaba. Las criaturas espirituales son muy quisquillosas: ¿para qué van a molestarse en aparecer ante alguien que, cuando las vea, va a pensar que está soñando?
Vamos a darnos prisa, ¿vale? -cortó Lázaro, aunque le gustaba aquella conversación-. Se nos va a pasar la hora.

Némesis reflexionó sobre fantasmas, mientras leía la segunda vez lo adivinó relacionando fantasmas y niños..
la tercera cita de Némesis fue de La Casa Del Crepúsculo, de Laura Gallego García.

Samira.

“La memoria, a veces, juega ella sola al juego de hacerte sentir inocente o culpable, según qué instante de tu vida, qué aroma, qué color o qué fragmento de conversación decida mostrarte. Son esos momentos extraños en los que tu propia historia no te pertenece y a la vez te pertenece más que nunca; en los que te rescatas a ti misma de lo que alguna vez fuiste. Te recuperas a fragmentos. Como si tu existencia compusiera un gran mosaico y sus teselas se mimetizaran entre las células de tu cerebro, los únicos testigos reales de tu pasado que se oxidan como se oxida la piel, el cabello, la carne, los recuerdos. Sin embargo, algunas de esas pequeñas teselas, de cuando en cuando, vuelven a brillar y reconoces una parte de ti en esos vidrios de tu experiencia.”

No hay mucho que decir, Samira adivinó el libro incluso antes de que yo terminara de leer la cita, una cita muy bonita, por cierto.
La tercera cita de Samira fue de Prométeme Que Serás Delfín, de Amelia Noguera.

Cita 4:

Arthemisa.

Quizá he esperado demasiado de la vida, del futuro…, del amor — susurró ella por fin—. Deseos y pensamientos que una princesa no puede permitirse. Cuando era más joven leía novelas románticas y soñaba con encontrar al amor de mi vida. Pero, a mí alrededor, mis padres y sus consejeros hablaban de pactos y alianzas… y por eso juré delante de todo el mundo que jamás me casaría por razones políticas. Ahora comprendo que mis padres me siguieron la corriente y que solo aguardaban a que mi ingenuidad se fuese evaporando con el tiempo. Porque ahora…

En un principio, Arthemisa pensó que era de Jaulas De Seda, es más, cada poco me iba cortando la lectura para decir “hola Ivy”
Tengo que admitir que esta cita la escogí con intención y alevosía, sabía que mi amiga la iba a confundir. Le dimos pistas, pistas muy fáciles para adivinar el libro:

Attenhea: se se enamora de quién no debe.
Arthemisa: como todas las princesas estúpidas.
Attenhea: pues esta princesa estúpida te lo está haciendo pasar mal.
Attenhea: te lo leíste recomendado por mí. la princesa no es la protagonista.
Némesis: el libro tiene páginas. En el libro, creo, sale tu color favorito. En el libro hay árboles.
Attenhea: te cuenta algo así como un cuento clásico.
Némesis: ¿Qué tienen las princesas?
Arthemisa: ¿Coronas?
Némesis: no, otra cosa.
Arthemisa: ¿Dinero?
Némesis: ¡No! ¿Por qué son princesas?
Arthemisa: pues que salieron del coño de una reina y de los cojones de un rey. (dice con patatillas en la boca)
Némesis: ¿Qué tienen las reinas y los reyes?
Arthemisa: ¿Coronas?
Némesis: ¡No! ¿Qué tienen los reyes y las reinas?
Arthemisa: reinos.
Némesis: ya no se te pueden dar más pistas.
Arthemisa: …
Attenhea: ¡ME REGALÁSTEIS EL LIBRO AQUEL VERANO QUE FUI A VEROS!

Al final, la tonta de nuestra jefa adivinó el libro tras arduos esfuerzos pues nuestra parte.
La cuarta cita de Arthemisa fue de Todas Las Hadas Del Reino, de Laura Gallego García.

Attenhea.

Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa… o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay.
La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.

Samira solo me leyó el inicio de esta cita antes de saber qué libro era y le contesté mucho antes de que terminara acertando.
Mi cuarta cita fue de La Historia Interminable, de Michael Ende.

 

Némesis.

Voy a hacer un trato contigo —dijo él con voz desenfadada, y me apoyó el brazo con dulzura en el suelo. Cuando mi extremidad se encontró con la piedra, tuve que cerrar los ojos y prepararme para el flujo de la luz abrasadora—. Voy a curarte el brazo y a cambio te quiero a ti. Dos semanas al mes, dos semanas que yo elegiré; esas dos semanas vivirás conmigo en la Corte Noche. Empezaremos después de este lío de las tres pruebas.

Némesis acertó esta cita sin necesidad de que terminara de leer la cita. Mi amiga es genial.
La cuarta cita de Némesis fue de Una Corte De Rosas Y Espinas, de Sarah J. Maas.

Samira.

se le hizo un nudo en la garganta. Ojalá siempre fuera así, pensó. Ojalá pudiéramos rescatar a todos los niños secuestrados. Ojalá pudiéramos librar al mundo de todo aquel que lo acecha. Pero al menos esta vez tenemos un final feliz

A Samira le dimos muchas pistas, tenía que ver con un color, habla un hombre, incluso le cantamos dos canciones, la de Las Mellizas y Némesis le tarareó la canción de la muñeca vestida de azul. Además, yo misma le dije que yo misma sabía que se había leído el libro, este fue el que ella me recomendó por el lector invisible.
Samira: ¡Bajo El Paraguas Azul!
Attenhea: sí, pero no.
Némesis: algo del título qué has dicho.
Samira: Bajo El Paraguas Verde.

Al final Samira acertó su libro tras un ratito.
la cuarta cita de Samira fue de Dos Niñas Vestidas De Azul., de Mary Clark Higgins

Cita 5.

Arthemisa.

No es tan emocionante como cabría imaginar- explicó-. La mayor parte del tiempo no piensas en eso, te concentras en lo inmediato, ¿Qué comerás hoy? ¿Dónde dormirás? Das por sentado el conocimiento que has acumulado a lo largo de los años; cuando lo necesitas está allí y rara vez te preguntas desde cuándo lo tienes. En determinadas ocasiones algo te hace pensar en el pasado y es en esos momentos cuando tomas conciencia de tu edad, adviertes cambios que nadie más percibe, ni si quiera los historiadores; también te das cuenta de que algunas cosas nunca cambian; la gente seguirá enamorándose y desencantándose, los hombres ambiciosos continuarán ansiando poder, los codiciosos amasando fortunas, los mortales seguirán siendo mortales.
¿Pueden Los inmortales experimentar cambios que no están al alcance de los mortales?
Jade meditó sobre la pregunta.
sí ,y no; no es la inmortalidad lo que nos hace más listos, sino la experiencia. Intentamos no cometer dos veces el mismo error, pero los recuerdos se desvanecen, algunos más rápido que otros y siempre caes en nuevos errores –Jade hizo una mueca-. A veces queremos repetir los fallos, el amor, por ejemplo, al enamorarse, los mortales se arriesgan a sufrir un gran dolor; para los inmortales, ese dolor está garantizado, si no muere el amor, muere el objeto de nuestro amor.

Esta cita fue la más difícil para Arthemisa, se le metió en la cabeza que era de Brandon Sanderson, ella no recordaba si quiera que se lo había leído, así que sí, fui un poco a traición. Lo siento, amiga.
Las pistas que se le diron fueron: hablan dos mujeres, una es mortal y la otra es inmortal, la inmortal no es una diosa y puede decirse que este libro tiene relación con Samira, una de las dos mujeres, se LLAMA Jade, o se hace llamar Jade.
Al final se rindió y no, no recordaba que había leído este libro. Pero ni si quiera se dio cuenta cuando Némesis mencionó a mi perra Quinn, ya que su criadora de cachorra se llama igual que la autora de este libro, Trudie.
La quinta cita de Arthemisa fue de La Voz De Los Dioses, de Trudi Canaban

Attenhea.

Agitó la melena hacia atrás y alzó el rostro hacia el cielo; ahora era de un color azul muy profundo, el color de una noche que nunca llegaría a ser del todo noche por la esfera blanca de la luna, una noche mágica de sombras y luces cuando las hadas salían a danzar.

Esta fue para mí la más difícil y si Arthemisa no hubiera mencionado a las hadas que salen a danzar, jamás lo hubiera adivinado.
Mi quinta cita fue de Joyas Del Sol, de Nora Roberts.

Némesis.

Lo he vuelto a hacer. He vuelto a fingir que no tengo miedo, que soy valiente, que no me hormiguean las manos y no tengo el corazón latiéndome en el cerebro, que no he ido al baño tres veces y quiero ir una cuarta. Y disimulo también que, si no me he dejado llevar por el pánico, es solo porque tengo miedo de que nadie pueda traerme de vuelta a la cordura. Valiente, realmente, me lo parece ella: es capaz de permitirse flaquear y de expresar su miedo, porque en algún lugar dentro de sí sabe que si cae, podrá levantarse de nuevo.
«Mi miedo al miedo es algo que, si consigo salir con vida de aquí, debería trabajar», me reconozco a mí misma mientras salgo de nuevo a la cabina de pasajeros, sonriendo de forma mecánica.

Mi amiga adivinó la cita muy rápido, yo pensaba que no, pero esta fue muy fácil para ella.
La quinta cita de Némesis fue de La Chica Miedosa Que Fingía Ser Valiente Muy Mal, de Barbijaputa.

 

Samira.

Si tiene los ojos cerrados es para vernos mejor», siguió diciendo. «Y también para que nosotros podamos mirarle mejor. Tal vez si tuviera los ojos abiertos no nos atreveríamos. Porque nuestros ojos no son puros, y nuestros corazones tampoco, y tenemos una gran parte de responsabilidad en sus sufrimientos. Porque si Él sufre es a causa de mí, de ti, de todos nosotros. A causa de nuestros pecados, del mal que cometemos. Pero nos ama tanto que nos perdona. Quiere que le miremos. Por eso cierra los ojos. Y estos ojos cerrados me invitan a que yo también cierre los míos, a que rece, a que contemple a Dios en mí… y también en ti. Y a que le ame. Y a hacer como Él, a perdonar a todo el mundo y a amar a todo el mundo. Y a amar sobre todo a los que sufren como Él. A amarte a ti, que sufres como Él…».

Samira, tras escuchar la cita dice por que puede ser Yo Soy Malala; pero no es, por lo que nombra a Satanás, que le pega mucho, la verdad, pero no. le hemos dado las pistas de: autor francés, sitio alegre y lo supo tras todo esto. Con todas estas citas, nuestra compañera adivinó rápidamente el libro.
La quinta cita de Samira fue de La Ciudad de la Alegría, de Dominique Lapierre

Y esto es todo, queridos mortales. Las diosas lectoras se despiden por hoy. ¡Os deseamos una feliz semana!
¡Un saludo y hasta la próxima lectura!

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