Entrevista a Bruno Puelles

Entrevista a Bruno Puelles

Hola mortales.

Hace casi un año leí un libro que me marcó, es un libro ligero, una novela rosa innovadora e increíble que me llegó al corazón. Desde que la leyera me he propuesto ser como sus personajes, igual de inquebrantable, luchar siempre y tratar de no rendirme.

Cuando leí este libro, no tardé en leer otro del mismo autor que me hizo llorar y me dejó sin nada dentro; sé que los dragones de ese libro se llevaron una parte de mí misma.

He tenido la oportunidad de hablar con dicho autor, Bruno Puelles, un escritor que en mi opinión es brillante, una buena persona y alguien que me enamoró desde la primera palabra de sus libros.

Hoy vengo a compartir con vosotros lo que él me contó, lo que hablamos y a daros la oportunidad que yo tuve de conocerlo un poco más.

¿Leemos? ¡Allons-y!

 

Con esta entrada deseamos un muy feliz cumpleaños al autor. 🎉🎁

 

¿Quién es Bruno Puelles? Háblanos un poco de ti.

Autor

Lo más importante es que me gusta inventar historias y es lo que hago. Lo he hecho toda mi vida; de pequeño me las inventaba jugando y, ahora, escribiendo. También hago teatro, que es otra forma de inventar historias.

Así que ese es Bruno Puelles: una persona que se inventa historias.

Además de esto, tengo otro montón de intereses: me gusta bailar, cocinar, los animales, los idiomas… Aparte de escribir, doy clases de teatros a niños y adultos, eso me permite conocer a mucha gente interesante.

 

¿Cómo empezaste a ESCRIBIR? ¿Qué te llevó a ello?

Mi familia es muy lectora y, cuando era pequeño, mi madre me leía cuentos. Ella también escribe, así que inventaba historias que después me contaba, eso me animó a hacer lo mismo.

Todo esto pasó antes de saber escribir, pero cuando aprendí… bastante mal al principio, porque no sabía poner espacios entre las palabras… fue muy natural para mí empezar a escribir lo que me inventaba. Comencé a jugar a mis historias y a escribirlas.

Aún conservo una que escribí cuando aún no tenía ni cinco años en un cuaderno, le hice dibujos y todo. El protagonista era un canguro, aunque no era una fábula, no tenía una moraleja al final; mi canguro era como un niño que iba al parque y vivía sus aventuras de canguro.

En fin, que empecé a escribir en un momento previo a 1995. Eso no significa que lo que escribiese entonces fuera remotamente bueno… salvo que te gusten mucho las historias de canguros.

Lo que me impulsó a escribir fue descubrir que podía pasar las historias de mi cabeza al papel, que de algún modo los cuentos que me contaba mi madre también podían ser escritos; pero lo hice sin saber que eso iba a ser mi vocación, entonces era solo un juego, una cosa más que hacía porque era divertida.

 

He visto que has publicado con Ediciones B. ¿Cómo es trabajar con una editorial tan grande?

Ediciones B forma parte de algo aún más grande. Fue comprada por Penguin Random House, que es un grupo inmenso. Yo tengo dos novelas (A dónde van los dragones es una de ellas) con B de Books, que ya existía con Ediciones B, y otra con otro sello, Selecta. Este antes no era un sello en sí mismo y se llamaba de otra forma, pero se consolidó como Selecta cuando Ediciones B pasó a formar parte de Penguin Random House.

 

Durante el mes de noviembre tiene lugar el NaNo. ¿Participaste el año pasado? Si fue así, ¿sobre qué escribiste?

La verdad es que fue un poco desastroso.

Ese fue el tercer año que participé. Hasta la primera vez que lo hice no sabía qué era exactamente esto. Sí que sabía que en el mes de noviembre se hacía algo, pero no sabía qué era. Al final en 2016 me animé a participar y lo conseguí, ¡a la primera! Desde entonces, no lo he vuelto a lograr.

En 2017 estaba escribiendo A dónde van los dragones, pero no solo no la acabé en noviembre, sino que tardé aún varios meses en terminar. Nada, fracaso absoluto en el NaNo, pero quedé contento con la novela, así que no me quejo.

Y en 2018 se me juntaron muchas cosas. Para empezar a principios de noviembre fue la presentación de mi libro Concierto para orquesta invisible en Barcelona con otro autor, Alejandro Molina, que presentaba su novela Los días; al ser presentación conjunta, quedamos unos días antes para planificarlo todo… así que empezó noviembre y yo no tenía aún muy preparado lo que quería escribir. Además, los primeros días mi conteo de palabras fue cero. También me surgió la Hispacon a mitad de mes. Como puede deducirse, ese fin de semana tampoco escribí nada para el NaNo, lo que no fue muy bueno para el conteo. Para acabar, como ya he dicho antes, soy profesor de teatro; antes de Navidad hay un montón de funciones, así que estuve hasta arriba con las obras, escribiendo y adaptando. Pero bueno, fue un mes productivo de todos modos: estuve trabajando en el esquema de una novela, que terminé ya entrado diciembre; la novela me ha llevado casi un año, la terminé en septiembre.

Este año ni lo voy a intentar con el NaNo, tengo un calendario muy complicado y estoy en mil proyectos a la vez. Pero recomiendo a todo el mundo participar, al fin y al cabo, es una motivación para escribir. Ganar no es lo importante. Lo mejor es que al final se crea solidaridad entre todos aquellos que participan.

 

¿Cuál es tu método de escritura? (mapa, brújula)

Muy mapa, del todo mapa, absolutamente mapa.

A mí, ya no como escritor, sino como lector, me importa mucho la estructura en una novela; me gusta verla cuidada, limpia, sentir que no es un poco lo que ha salido, sino que hay decisiones meditadas. No quiero decir que se tenga que escribir un esquema sí o sí, sino que se sepa qué orden se va a seguir, aunque este solo esté en la cabeza. Hay gente que no necesita apuntarlo para tenerlo claro, pero a mí así no me sale. Si tuviera el esquema en mi mente nada más, me despistaría mucho y me haría un lío; admiro mucho a la gente que es capaz de hacer eso.

 

Dices que escribes libros de los que te gusta leer a ti. ¿Cuáles son esas lecturas?

La verdad es que leo todo tipo de cosas. Sí es verdad que me gusta mucho la ciencia ficción, por eso escribo tanta, pero no solo leo libros de este género.

Es más, entre mis libros favoritos se encuentran los de Patrick O’Brian, un autor que escribía unas novelas ambientadas en la marina real británica durante las Guerras Napoleónicas: son novelas históricas de batallas navales. Este autor hizo una labor de documentación increíble. Narra todo con un realismo que transmite la sensación de que él mismo ha vivido en uno de esos barcos; estos libros tienen poco o nada de fantasía ni ciencia ficción, pero son una maravilla. Empiezan de forma muy densa, aunque, en cuanto te descuidas, te atrapan. No es solo la historia, sino también personajes redondos, con un montón de matices y muy profundos. Si el autor se hubiera volcado solo en la ambientación y no en los personajes, habría hecho libros estupendos, pero habiéndose centrado en todo, ha creado novelas aún mejores.

Cuando digo que leo los libros que me gusta escribir, me refiero más bien a que hay algunas cosas que valoro mucho, que puntúan a la hora de decir que me parece un buen o un mal libro. Cuando escribo, intento reflejarlas lo mejor que puedo. A esto es a lo que me refería, no solo al género, sino en la ambientación, la construcción de los personajes, los matices.

Otra cosa que valoro mucho a la hora de leer es que la novela transmita una idea, una reflexión o unas preguntas para el lector. No digo que tenga que dar vueltas en torno a una cosa y plasmarla de una forma obvia, sino que invite a reflexionar sobre lo que el autor está mostrando.

A veces me pasa que días después de haber terminado un libro, me encuentro pensando en él, en una idea o una forma de mostrar una realidad. Eso me hace sentir muy satisfecho como lector, la historia ha conseguido quedarse en mi cabeza.

 

Inquebrantables. ¿Lo que hemos leído es lo que tenías en mente al principio? ¿Cómo surgió la idea?

Inquebrantables es un caso un poco raro. No hay mucha diferencia en tiempo entre la idea inicial y lo que terminó siendo, al contrario que  A dónde van los dragones, que sí cambió con respecto a la idea.

Yo no tenía intención de escribir Inquebrantables, nunca se me había ocurrido. De hecho, ese año estaba trabajando en una oficina y no escribía mucho porque no tenía tiempo. Aunque visto desde otro punto de vista, realmente no es que no tuviera tiempo, sino que durante las horas de trabajo estaba delante de un ordenador, así que no me apetecía, al salir, ponerme de nuevo frente a uno. En resumen, durante esos meses apenas escribí.

Entonces me lesioné en una función de teatro. Me rompí un pie de mala manera y mi médico me recomendó unos meses de reposo absoluto. Fue en primavera y todo el mundo estaba trabajando, así que me aburrí mucho, fue un mes de prácticamente cero vida social. Vi series, leí y escribí un montón, no tenía tampoco mucho más que hacer.

Busqué certámenes y encontré uno cuyo plazo cerraba en unos días. Así empecé a escribir Inquebrantables. Pensé en la historia, hice un esquema rápido y empecé. La terminé en algo menos de una semana, fue un proceso relámpago. Suena muy bien eso de decir “terminé de escribirlo en una semana”, pero es que yo no escribía dos horas al día, sino todas las horas en las que estaba despierto. Así, cualquiera. Fue mi forma de escapar del aburrimiento; por eso en la novela los personajes saltan, corren, no dejan de moverse, hacen todo aquello que yo no podía hacer. Y también por eso uno de ellos no puede caminar sin apoyo.

No hubo mucho tiempo para cambiar nada antes de enviarla al certamen. Lo que leéis es básicamente lo que yo escribí, con la revisión de la correctora de la editorial. Me gustaría revisarla yo mismo y reescribirla, pero aún no he tenido tiempo.

¡Sobra decir que no gané el premio!

 

¿Por qué tanto en Inquebrantables como en A dónde van los dragones, los personajes principales desean volar por encima de todas las cosas?

Es interesante, no lo había pensado.

Creo que quizá he volcado en ellos cosas que me gustan a mí. Ojalá pudiera decir que lo basé en mi experiencia volando con dragones… Ahora en serio, no me refiero a volar, sino a la sensación de velocidad y de moverse en el espacio, como al manejar un vehículo o montar a caballo.

Supongo que he transmitido a mis personajes la curiosidad por ver qué hay lejos de donde uno se encuentra, el subidón de moverse a mucha velocidad y el entusiasmo al ser transportado por algo más rápido y más fuerte que uno mismo, ya sea un caballo, el viento, una nave o un dragón.

 

¿Alguno de los personajes están inspirados por alguien de tu entorno? Y tú, ¿te ves reflejado en alguno?

Pues en esas dos novelas de las que hemos hablado no, pero sí en Nistagmo. Los tres niños, hijos del protagonista, Simón, están inspirados en alumnos míos. No cada uno en un alumno, de forma que sean reconocibles, sino en general; trabajar con niños me ha ayudado a darle matices a su forma de hablar, de expresarse, de interactuar entre sí y con los adultos. Creo que me han quedado tres chiquillos muy realistas, y eso es gracias a tratar con niños reales a diario.

No pienso en personas concretas cuando describo a mis personajes, pero desde luego influye mi entorno y la gente que me rodea.

 

Cuando escuchas a gente hablar de tus libros o vas a una librería y los ves allí, ¿qué sientes al saber que tus historias son conocidas y leídas?

Me asombra mucho escuchar a la gente hablar de mis novelas, tanto en la vida real como en internet. Sobre todo cuando mencionan a los personajes.

Me sorprende que los conozcan tanto; pero tiene sentido, los lectores han vivido las aventuras de la novela junto a ellos, los conocen tanto como yo. Se los imaginarán de forma distinta. Tienen una relación con los personajes totalmente independiente a la que tengo yo, pero igual de real y de sólida.

Eso me resulta casi imposible de creer. Me sorprende muchísimo, y a la vez me parece precioso.

Es como si fuera un proceso de creación conjunta. En teatro esto es muy claro. Como dramaturgo pones una historia sobre el papel, pero después, para hacerla real, hacen falta los actores y actrices, el director y hasta el público. Y de esto te das cuenta al sentir la energía en la sala. Si representas la misma obra con público diferente, se nota que hay algo que cambia. Tienes públicos entregados, difíciles, divertidos… Todas esas personas ponen algo de su parte mientras se lleva a cabo a representación.

En las novelas, aunque es menos directo, también es así. Como escritor pongo la historia y los personajes, pero los lectores ponen la imaginación y se implican. Esa es la última parte de la novela.

Me parece una cosa estupenda y extraordinaria, pero también increíble. De hecho, yo no me lo creo todavía y, lo dicho, siempre me sorprendo cuando pasa.

 

¿Algún día te imaginaste ver tus obras representadas o tus novelas publicadas cuando empezaste a escribir?

Teniendo en cuenta que empecé a escribir con menos de cinco años… No.

Escribía solo para mí, por diversión, pero estoy hablando de un proceso de escritura que dura años. Desde que empecé con la historia del canguro hasta hoy no he parado de escribir.

He pasado por muchas etapas. En algunas he escrito solo para mí, por diversión, en otras he escrito pensando con horror en que alguien pudiera leerme, la escritura era entonces algo muy privado. Después me di cuenta de que la escritura es una parte importante de mi vida y que quería dedicarme a ello; entonces empecé a soñar con esto. Ahora pienso que, si bien me gustaría que escribir fuese mi ocupación principal, no querría dejar el teatro, porque he descubierto que es una fuente de inspiración.

Sí es verdad que hay novelas que escribo con la intención de que sean leídas, como las que presento a concursos como Inquebrantables. Pero no es siempre así. Concierto para orquesta invisible, que escribí mucho antes, cuando tenía diecinueve años, no la escribí para nadie, sino solo para mí. No sé si por esto una novela cambia. Le he dado muchas vueltas: ¿Una es más auténtica que otras? ¿Son más personales las escribes sin intención de ser leídas?

Pienso que no, que se puede tener en mente que alguien la va a leer, alguien que uno ni si quiera conozca, y que sea tan personal como si estuviera escribiendo para uno mismo o para alguien a quien uno quiere.

Esto me pasó con A dónde van los dragones. La empecé a escribir teniendo el contrato, sabía que alguien más la iba a leer sí o sí, pero aun así la escribí como quería y confié en que hubiera lectores a quienes les gustase así.

 

Sí, es muy interesante pensar si cambia o no cambia el cómo escribes si sabes que te van a leer.

Hay quienes piensan que hay algo malo en escribir con la idea de que alguien va a leerte: se cree que uno ha de escribir solo para sí mismo y olvidarse de todo lo demás.

Yo creo que se pueden hacer las dos cosas, que uno puede ser fiel y auténtico con respecto a su idea, a lo que quiere, a su historia, pero al mismo tiempo pensar de forma realista en que otras personas lo van a leer.

Ambas ideas pueden complementarse y vivir juntas dentro de un escritor.

 

 

Últimas novelas de este autor:

 

Puedes encontrar a Bruno en:

  • su web www.brunopuelles.com
  • Twitter @brunoenserio
  • Instagram @bruno.en.serio.

 

¡Un saludo y hasta la próxima lectura!

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