Día Mundial del Libro Infantil y Juvenil 2019

Día Mundial del Libro Infantil y Juvenil 2019

¡Gatitos! ¡feliz día mundial del libro infantil y juvenil 2019! ¿de donde salió? Desde 1967, el 2 de abril (que es hoy martes) la Organización Internacional para el Libro Juvenil celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil coincidiendo con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen. En esta fecha se busca promocionar los buenos libros infantiles y juveniles y la lectura entre los más jóvenes. Andersen, publicó más de ciento cincuenta cuentos para niños. «El Patito Feo», «La sirenita» y «El traje nuevo del emperador» son unos de sus cuentos más conocidos, inspirados en leyendas y creencias populares de su país, Dinamarca. Por los niños, por su imaginación sin límites, por los personajes que día a día salen de sus mentes, es que los blogueros de este recuncho, escribimos este cuento; si eres un niño, o tienes alba de uno, esperamos que te guste lo que creamos párrafo tras párrafo.

¡feliz día mundial del libro infantil y juvenil 2019!

 

Un Cuento, 2 historias

Una noche calurosa de verano, una noche con la luna plateada iluminando todo el cielo y los campos, una noche apacible para pasarla de acampada con un grupo de amigos. Así comienza la historia de nuestras protagonistas, unas cucharas que querían pasar un buen rato después de ser utilizadas por sus dueños, personas que en este relato no tienen ninguna importancia.

 

Las cucharas se disponían a divertirse: salpicándose de restos de comida unas a otras, abriendo el grifo para hacer espuma con el jabón… todo era muy divertido, pero alguien las observaba desde las sombras sin ser feliz.. era un compañero raro en esas ocasiones, pero era alguien a quien habían abandonado después de su lectura: un libro.

 

El libro pertenecía a un conejo blanco amante de la ficción. Cuando el conejo vio a nuestro libro, lo primero que le atrajo, fue el dibujo de su portada; no sabía como explicarlo, pero realmente ese dibujo lo llamaba y le hacía sentirse diferente.

 

Cuando terminó de leerlo, llamó por teléfono a peludo, el hámster de su vecino para contarle y recomendarle el libro que tantos ratos de diversión le había dado… pero peludo no era muy feliz con eso de las lecturas, y no bien empezó su amigo, lo cortó en seguida. Por eso, el libro estaba allí, junto al cubo de basura, oculto, viendo a las cucharas divertirse, mientras se ahogaba con el olor de la comida.

 

El libro estaba triste, él quería ser reutilizado o, en cualquier caso, ser partícipe de los juegos de esas cucharas pero.. si jugaba con ellas se mancharía, se estropearía y nadie más querría tenerlo en su vida. ¿Cómo podrían solucionar ese problema? ¡Muy fácil! -Exclamó una pequeña cuchara de café después de fijarse en el libro-. Todos podríamos sentarnos en torno a él y pedirle que nos lea su historia; seguro que así todos nos divertimos y nadie queda excluido por su condición.

 

Así pues, nuestro amigo, comenzó: Aquella mañana Ivi abrió los ojos, pero no vio la claridad del cielo, sino una oscuridad profunda, espesa e impenetrable. ¿A caso el sol se había apagado? Un miedo desconocido para la joven hada de luz se instaló en su pecho, batió sus alas y voló rauda hasta sus zapatos blancos.

Una vez calzada con ellos y vestida con su vestido de pétalos del mismo níveo color, voló fuera de su casa. Nadie estaba en la calle; todas sus amigas estaban demasiado asustadas, y para qué engañarse a sí misma, Ivi también lo estaba.

Volando por las calles, recordó una historia que le había contado su abuela: el sol a veces no brillaba porque el encargado de encenderlo se entristecía y olvidaba hacerlo. Ivy sabía que los mortales pensaban que el sol era una estrella, pero no era así, el sol era un gran castillo de roca de luz y era eso lo que daba calor al mundo.

 

Tomando una decisión, se dispuso a volar hasta el castillo del sol. Ella animaría al guardián.

Ivy batió furiosamente sus alas de gasa blanca luchando contra el viento que la empujaba de nuevo hasta su casa. No iba a rendirse, sabía que nadie haría nada y le correspondía a ella actuar. Tardó demasiado en llegar al castillo de roca de luz, pero una vez allí supo que había valido la pena. El palacio era hermoso, de un color que ningún mortal podría haber visto nunca. La joven avanzó hasta las grandes puertas y vio una llave en la cerradura; armándose de valor la tomó en la mano y la hizo girar. Las grandes hojas se abrieron hacia adentro y la joven hada entró al lugar. Avanzó por los pasillos hasta una gran sala acogedora en la que vio a un joven de ojos ambarinos y cabello dorado como el sol. Supo sin lugar a dudas que él era el guardián.

 

Ivi notó que este guardián, tenía la mirada triste; que sus ojos aunque amables y sinceros, transmitían una tristeza infinita que lo invadía todo; por eso era imposible sacar fuerzas para la tarea que se le había encomendado. Nuestra hada le preguntó: -¿qué te ocurre?

-Lo que pasa es que esta mañana luego de salir por la puerta de la cocina y dar un paseo por el camino real, me crucé con albatros. el pájaro favorito de los guardianes solares. Cuando me vio, me dijo que estaba yo muy gordo y que por eso nadie se fijaba en mi aunque yo quisiera que lo hiciesen. Se rió de mi tanto, que incluso su pico y sus alas temblaron.

 

Después de el desafortunado encuentro con este grosero pájaro, él, fue a mirarse en el espejo y a través de las lágrimas, no solo se vio gordo, sino que recordó que cuando era niño, todos solían reírse de él, porque le pasaban cosas rarísimas. Una tarde por ejemplo, cuando tenía 8 o 9 años, se llevó un susto increíble.

 

A él le gustaba nadar; pero como en ese entonces era muy pequeño, podía hacerlo en una charca cercana donde el agua le llegaba hasta los hombros. Esa mañana, Al salir asustado de la charca, tras ver unas visiones horribles que le dieron mucho mucho miedo, el niño corrió a su casa.

Al llegar, se metió inmediatamente en su habitación, y al mirarse al espejo, descubrió que lo que pensaba era un enorme colmillo de dragón lo que se  había quedado enredado en su enmarañado pelo, no era otra cosa sino una enorme rana que se había acomodado allí.

 

Verde y viscosa, Roberta, la rana, solía darle sustos así, a los niños tranquilos como él. Después de esta catarata de recuerdos, era imposible no sentirse triste y desafortunado. Ivi, que además de ser un hada era tragona como el y dicho sea de paso tenía unos kilos extra que de vez en cuando disimulaba con vestidos anchos, sacó de su bolso un chocolate de hadas; que después del pan élfico, cura todas las tristezas del corazón.

 

Cuando el guardia lo probó, sintió que podía ser feliz gordo o delgado, pequeño o grande, despeinado o peinado, con ranas en el cabello, o sin ellas. Quiso darle las gracias a Ivi; y como ella era un hada tan luminosa, decidió pedirle que desde ese momento en adelante, se quedase para ayudarle un día si y otro también, a encender el sol. Se dice que desde entonces, cuando es Ivi quien enciende el sol, los mortales desayunan con una taza de chocolate; pero si es el guardia quien lo hace, los mortales desayunan con un tazón de leche; cuando lo hacen juntos, se desayuna chocolate, con una rebanada de pastel.

 

Cuando el libro finalizó la historia, las cucharas estaban conmovidas y muchas de ellas, tenían los ojos rojos de tanto llorar. Decidieron entonces, hacerle un lugarcito al libro en el cajón de los cubiertos; donde cada noche sin falta antes de dormir, podrían escuchar muy juntos todos, la historia de aquel libro que nadie quería.

 

Y así acaba nuestra historia 1, 2, y 3,  demostrándonos que aunque alguien sea diferente a nosotros, esté más triste, o más feliz, siempre podemos adaptar nuestros juegos e historias, para que se pueda integrar.

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