Cuento:  Tres gatos, y… ¿una aventura?

Cuento: Tres gatos, y… ¿una aventura?

Hola, gatitos lectores de este rincón de lectura. Hoy es 25 de diciembre, y este post es especial; si te estás preguntando el por qué, es porque es navidad. Y como no podíamos ser menos, os traemos un cuento de navidad. Este, también, es mi regalo personal, para quienes hacen posible que este rincón de lectura se llene de muchos libros, sus reseñas, y se mantenga a flote. Sin ellos (y obviamente sin nuestros fieles y fantásticos lectores) este proyecto no sería posible.

 

Este post, además, tiene un reto implícito: que los blogueros de este rincón, sepan que personaje es cada uno. Ellos (si es que deciden leer este post cuando salga, en los comentarios deberán escribir que personaje creen que son ellos, y que personajes creen que son sus compañeros. En el siguiente post, les diré quién es quién, y traeré, otra entrada nueva.

 

Tres gatos, y… ¿una aventura?

En cierta ocasión, 3 gatos muy particulares se reunieron en la taberna de Polcad, el cantinero de aquella ciudad. Inefable, era el gato mejor vestido, y con más ínfulas; siempre tenía la cola más erizada, y los bigotes más brillantes. Morigerado, era a su vez, un gato de anteojos enormes, y ya muy viejo que siempre, tenía una pipa en la mano. Agibílibus, era de los 3, el gato más tragón; no había cosa que le encantara más, que salir de casa con una bolsa enorme de galletas; y siempre que podía, hacerle ojitos tiernos a una que otra solterona para que le diese de comer.

 

Esta extraña reunión gatuna, tenía un solo propósito: definir quién de los 3 gatos, iría al bosque de los libros y el chocolate, a comerse a palíndromo (el ratón traga libros) y a capturar y poner preso, a  Perdulario, el orco colorado y gordo, que siempre andaba robando los frutos de los árboles de chocolate.

 

Perentorio, el alcalde, un ratón gordito al que ninguno de aquellos gatos respetaba por considerar que estaba para comérselo, era quien presidía la reunión.

—creo que deberíamos hacer ruidos aterradores para que ambos se asusten y se vayan de aquí. –dijo Morigerado.

—yo creo –continuó Agibílibus, ¡que deberíamos perseguirlos hasta incarles las garras y comérnoslos!. Al oír aquello, Perentorio sintió un escalofrío que lo recorrió de la punta de su larga cola, hasta sus temblorosos bigotes.

—¡no tiemble, alcalde! –le gritó inefable. ¡que estamos hablando de comernos a otro, no a usted!. —El caso es, —comenzó perentorio, que es muy importante encontrar en uno de ustedes 3, ciudadanos ilustres, aquel valiente que cumplirá las tareas que ya conocen.

 

Los 3 gatos, se miraron un momento y entrecerraron los ojos, cada uno metido en sus pensamientos. Inefable, pensaba en lo increíble que sería una estatua suya en el centro de la plaza; morigerado, deseaba tener más pipas, y más variedad en el tabaco, y agibílibus una bolsa de galletas que nunca terminara; porque: —pancita llena, gatito contento.

—quien desee postularse, levante la mano, y le apuntaremos en este papel. Los 3 gatos, permanecieron en silencio y sin moverse. –adelante, señores, ¿Quién será el valiente?, ¿Quién será recordado por la ciudad como el más osado de todos los héroes?. La realidad, es que aquellos 3 (esto solo lo sabe el lector y quien escribe ahora este cuento) eran unos cobardes de lo peor; mientras el alcalde hablaba, solo pensaban en cómo hacer que el compañero más cercano, fuese a la misión en su lugar. 4 horas estuvieron deliberando y consultando las ventajas y desventajas de quien iría y quién no. Al cabo de las mismas, aún no había (ni estaba) nada claro.

 

—¡Silencio todos! –gritó Agibílibus. –tengo una idea, y la quiero contar. Muy bajito, propuso: —¿y si vamos todos a por esos 2? Piensen que 12 garras, hacen más que 4.

 

La idea era tentadora…. Y para estos cobardes amigos, la excusa perfecta, para culpar al otro (si es que algo salía mal) del fracaso estrepitoso de la misión, o de ponerse uno que otro punto más, si la misma resultaba exitosa. El caso es que, llenos de miedo y con sed de reconocimiento, partieron a la aventura.

 

Lo primero que vieron al entrar, fueron las huellas de Perdulario; esas patas peludas y enormes, siempre dejaban muchos rastros en el suelo; por aquí y por allí, habían también, marcas de dientes pequeñitos, fruto de los atracones literarios de palíndromo. Los 3, empezaron a olisquear el camino. No tardaron en encontrar a Perdulario; que, dormía y roncaba sonoramente, a la orilla del sendero.

—¿Quién le pone la cuerda? Preguntaron todos a la vez. —¡nadie! –gritó Perdulario despertando y lanzando un gruñido que espantó a nuestros héroes. Corriendo y corriendo, llegaron a la guarida de Palíndromo; en el preciso instante, en que este, cerraba las cortinas y se disponía a dormir. Como es natural, Palíndromo al ver 3 gatos, comenzó a dar unos gritos ratoniles terribles.

 

Alertado por los mismos, el orco fue corriendo a ver que ocurría. Cuando estuvo cerca de los 3 gatos, Morigerado, le lanzó la cuerda al cuello seguro de que le capturaría; pero… el fuego de la pipa, quemó uno de los extremos de la cuerda y por estar Perdulario tan gordo, no logró amarrarle, más que un dedo. Agibílibus e Inefable a su vez, mordieron las orejas del orco y este más colorado que nunca, sacudió la cabeza y se desmayó.

 

Morigerado entonces, tomando la pipa en una mano, y la puntita de la cola de Palíndromo que asomaba por la puerta, quemó un trocito de cola. Adolorido, y dando saltos, no tuvo más remedio que salir donde los 3 héroes lo ataron, con el trocito de cuerda que aún quedaba.

 

Arrastras y fatigados, llevaron a orco y ratón respectivamente, a la cárcel de jengibre; cuando despertaron confusos y adoloridos, se pusieron a gritar con la intención de que, alguien, se apiadase de ellos, y les liberase. Perdulario tubo una idea: —¿y si nos comemos la celda? —¡buena idea! Exclamó Palíndromo. Juntos, empezaron a comerse esta picante cárcel; que tenía la virtud de dejarles cierto ardor en la garganta. Cuando acabaron y fueron libres, morían por un poquito de agua; pero por más que buscaron y buscaron, ninguno la encontró. Tristes, con dolor de garganta y apesadumbrados, fueron a la cantina; donde un piadoso cantinero, les dio a cada uno, un barril de hidromiel. De allí, salieron borrachos, aún con las gargantas muy doloridas, y buscando un río que beberse, estos 2 tragones villanos.

 

¿qué fue de nuestros héroes? Te preguntarás; simple, como aquella ciudad estaba constituida por 3 habitantes gatunos, y un ratonesco alcalde, cada uno se encargó, de hacer su estatua, y contarle a todo aquel que quisiera oír su historia, que había sido partícipe, de una a saña increíble.

 

Así finaliza esta historia, 1, 2, 3, esperando que mis compañeros hagan parte de esta dinámica y llenen los comentarios, y esperando como siempre, que compartas este rinconcito de lectura con tus amigos y enemigos. Estamos ansiosos por que nos visites

¡felices fiestas, y feliz navidad!

Samira

1 comentario en “Cuento: Tres gatos, y… ¿una aventura?”

  1. Está difícil compi…
    Puedo decir qué Inefable podemos ser Jesús o yo misma, pero al mismo tiempo me veo en el gato tragón de galletas. Pero este último también puede ser la jefa.

    Del que no tengo idea es el de los anteojos…

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