Citas: Laura Norton

Citas: Laura Norton

Buenas lectores. Hace unos meses aparecimos por aquí con la reseña de No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas y con la reseña de Ante todo, mucho karma.
Esta semana, después de los excesos navideños, mi cabeza no tiene muchas ideas para la entrada que me toca hacer, así que he decidido desenpolvar dos libros de esta autora y compartir con vosotros las citas que más me llamaron la atención. Para esta tarea he contado con la inestimable ayuda de la diosa Attenhea.

 

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

Portada

—Sí, a la chica que sabía hacer magia con las plumas pero prefirió ser química.

Nunca he entendido a esa gente que dice que solo existe el presente y que hay que disfrutarlo sin pensar en el ayer ni en el mañana. Como si el pasado y el futuro no condicionaran de manera determinante el presente. Como si fuera lo mismo el presente de un chaval de veinte años que el de un anciano de ochenta. ¿Acaso pesa lo mismo un presente en el que solo hay futuro que un presente en el que ya solo queda pasado?

Sus palabras se me iban clavando como puñales. No lo podía evitar. Mi hermana estaba viviendo mi sueño adolescente. Un pelín horterilla, el Aarón, con noche estrellada y eso, pero oye, tenía su punto. Y no era Bali, de acuerdo, era Chinchón, pero dolía igual. Aunque el sentimiento era ambivalente porque también me alegraba por Lu. Por estar viviendo intensamente su vida. Por atreverse, porque tal vez estaba cometiendo un error garrafal, pero se lanzaba a vivir sin miedo. Eso era algo que siempre había envidiado de mi hermana. Y por eso me alegraba por ella. ¿O no? No, no me alegraba. La verdad es que empezaba a estar hecha un verdadero lío.»Me llenó de ternura y de tristeza. Mi padre, esa roca sólida, ese hombre seguro de sí mismo, tanto en su profesión como en su vida y en su matrimonio, abatido por una pena de amor.

Porque la vida a veces es así. Imprevisible y divertida.

Estoy diseñada para caer bien, pero no te fíes, atrapo a los tíos que me interesan y luego muestro mi verdadera personalidad. Y es horrible.

Eric asintió. Y Aarón, ni corto ni perezoso, lo abrazó. Con un abrazo de un amigo que no tiene ningún reparo ni ningún prejuicio absurdo en abrazar a un igual. Y de demostrar que le tiene afecto. Y eso también me gustó. Mucho.

Y yo sé que tenía que decirle que no, que no lo necesitaba. Que eso habría sido lo sensato. Pero me moría por sentir su cuerpo pegado al mío.

—Cabrita bonita… si ya me voy… Ya me bajo, ¿ves?

—Que mal karma ni que mal karma, yo, que soy gilipollas, que tenía que haber leído el cartelito de que había una cabra. Pero es lo que me pasa siempre, que soy gilipollas —dije yo, empapada de arriba abajo, oliendo a basurero y empezando a sentir un frío polar.

—Y yo aquí montando un drama porque mi novio se va a China.
—Y yo podría decir lo mismo: montando un drama porque mi novia no viene a dormir. Pero la vida es esto. Lo otro son tragedias que pasan.

Porque Aarón era así, lo mismo se colaba en un patio de monjas para ayudar a un amigo, como se colaba en el zoo para ayudar a la hermana de su novia, que te entendía y te decía lo que necesitabas oír. Estaba en su carácter. Pero también existía la posibilidad, claro, de que sus palabras fueran sinceras.

Pero, a pesar de mi ironía, sus palabras me habían calado. Y ahí me di cuenta de que lo decía de verdad. De que ella lo haría. De que se iría al fin del mundo. Porque eso es el amor, ¿no? Ser capaz de abandonarlo todo, aunque sea la peor idea, aunque sea un disparate, solo porque no puedes soportar la idea de perderlo.

2. Ira. La quiero matar, a la muy desgraciada. Vuélvete a Rusia, y que te maten de hambre en el orfanato, y así te pongan sopa de pollo con sus plumas y todo. Malvada, Cruella de Vil, mujer sin corazón, veneno, que eres veneno puro, hielo en las venas, podredumbre en las entrañas. De eso estás hecha.

Previsibles. A tu hermana le parecen previsibles. Pues claro que un vestido de novia es previsible, es para casarse con él. ¿Acaso quiere ir de astronauta para despistar?

—Vamos a morir desangrados a manos de cinco asesinos violadores. ¿Mejor así?

Si se acercan les vomito encima. ¿Qué habré comido en ese avión?

Y de repente me di cuenta. Y era de tal magnitud mi descubrimiento que no sabía qué hacer con él.

Supongo que para quitarle hierro al asunto. Porque él siempre había sido de quitarle hierro a todo. Y, claro, por eso yo a veces, tal vez, puede ser, no sé, le decía que me dijera tal o cual cosa. Pero no porque quisiera que me dijera lo que yo quería oír, sino para que me hablara claro. Para que no huyera del conflicto con una broma. Porque no todo en la vida se soluciona con bromas o con ironías.

—Sara, llevaba un año en París, y ahora me voy a quedar cinco años en China. ¿No ves que te estoy dejando atrás? ¿Acaso no lo pillas? No es tan difícil de entender.

—Estamos en otra fase, vale. Ya no es como al principio, pero el amor evoluciona, cambia… Y yo quiero empezar esta aventura contigo.

La gente se declara en sitios bonitos —en una playa al atardecer, en un restaurante romántico a la luz de unas velas, en medio del campo en Chinchón bajo un manto de estrellas—, pero rompe en cualquier lugar…

Al parecer mi intestino se había doblado, o se había dado la vuelta en algún punto, y no dejaba circular los alimentos. O algo así entendí yo. Vamos, que lo del nudo en el estómago se acababa de hacer realidad de todas todas. Ya me había ganado un lugar en las enciclopedias médicas.

—Vas a tener razón. Va a ser verdad que aunque tú me quieras dejar yo me las apaño para obligarte a estar a mi lado.

La vida podía ser demasiado corta, demasiado imprevisible como para andar conformándome. Si íbamos a estar aquí un tiempo indefinido, tal vez mucho, pero tal vez poco, mejor intentar exprimirlo al máximo. Nada de conformarse. Es terrible que nos tenga que pasar algo de vida o muerte para darnos cuenta de que cada día es un regalo, y que tal vez mañana ya no estemos aquí, y que por eso mismo tenemos que intentar vivir de manera intensa. Ay, parecía que me había indigestado con un libro de Paulo Coelho, pero así era como me sentía. Las experiencias de vida o muerte han de servir para algo. Vale, tal vez no sirvan para nada. Pero ya que tenemos que pasar por ellas, al menos darles un sentido. Y a mí, que me hubieran rajado el estómago de un lado a otro, me había hecho querer mi vida, y desear lo mejor para ella. Nada de amigos como novios. Nada de conformarse con una vida cómoda. Nada de nada. Yo acababa de tener en Hong Kong lo que ya denominaría para los restos como mi revelación china: se acabaron los miedos, se acabaron los sucedáneos, se acabaron las mentiras, y se acabó el estar siempre aplazando la vida y conformándome. Y se acabaron las preocupaciones porque sí. Tenía que ir a por lo que quería, porque tal vez mañana todo se acabara de repente. Tenía que disfrutar, tenía que vivir. Y tenía que enamorarme de verdad. Y estaba en mi derecho de volver a sentir lo que había sentido por Aarón, esa intensidad, esas mariposas en el estómago. Tal vez no pudiera ser con Aarón. Se iba a casar con mi hermana. Pues que se casara. Si no era con Aarón, ya volvería a encontrar a otro que me hiciera sentir ganas de saltar de balcón, de gritar su nombre, de besarlo y abrazarlo bajo el cielo estrellado de cualquier pueblo de La Mancha, como por ejemplo Chinchón. Porque no sé si tenía o no derecho a conseguir algo así para mí, pero desde luego no iba a dejar que el miedo me acobardara, que mi baja autoestima, mis incipientes arrugas, mis cuatro kilos de más, mi raja, me dejaran fuera de combate antes de empezar.

—«Yo preocupado y obsesionado con la crisis como un imbécil, y el holocausto era perderte».

—Pues eso, que ya no lo siento, que lo busco y no lo encuentro. Escucho sus canciones, recuerdo sus tonterías, y nada. Lo que estaba ya no está.

—Ni peros ni nada. Tú estás a un paso de coronarte a nivel profesional. ¿Lo vas a tirar por la borda porque no puedes conseguir a un chico? ¿En serio? ¿Qué eres, una niña pequeña con una rabieta porque no le han regalado todo lo que esperaba? ¿Dónde está escrito que vas a conseguir todo lo que quieres? ¿No ves que es narcisista, infantil y, sobre todo, completamente irreal? Aprovecha lo que tienes y no lo eches a perder por la frustración de no conseguir una fantasía.

Y yo de repente entendí todos los besos de los cuentos de hadas. La bella durmiente, la Cenicienta… Todos estaban en ese. Porque hay besos que saben a final feliz, y a principio de todo.

Nena, si tienes cerebro para huir de esta tristeza de país, hazlo sin dudar, pero las que tenemos un coeficiente intelectual tirando a pobre, no nos queda otro que lo nacional; así que me quedo aquí y algo encontraré

Ya, pero si tampoco estaba en mis planes, pero cuando las cosas suceden no te vas a negar a ellas solo porque no lo has planeado, no, eso sería muy triste.

Quiero que seas tú, y que haya mil noches como esta, y que todo el mundo lo sepa, ¿Tú quieres que esto no se acabe nunca?

A estas alturas ya deberías saber que las cosas no son siempre como se planean, a veces hasta son mejores.

Me niego a quererte, me escapo de ti, pero la gravedad con su ley me hace volver a caer y ahí estás tú, tan cerca otra vez que tengo que huir.

 

Ante todo, mucho karma

Portada

Como te voy a decir lo que me pasa. Cómo te voy a decir que tengo tanto miedo de que esto se acabe que a veces me descubro a mí misma negociando con el destino un día más, unas horas más, como una condenada a muerte que ya no espera una conmutación de su pena, no es tan ilusa, sino unas horas de vida, antes de que todo acabe».

Y ahí empecé a intuir que no hay casas feas, solo casas deshabitadas. Que en el momento en que se llenan de gente, de familia, de recuerdos ya se convierten en una extensión de ti y es imposible no cogerles cariño.

– ¿Irreversible? ¿Y qué más da, Sara, que sea irreversible? Si lo piensas, la vida no es más que un destello entre dos oscuridades. Venimos de la oscuridad, de la nada, y vamos hacia la nada. Nuestra vida no es más que una millonésima de segundo, un espacio de luz infinitesimal, entre la abrumadora oscuridad. ¿Y qué importa que hagamos cosas irreversibles? ¿No se trata de eso además? De vivir ese destello intensamente, haciendo lo que nos plazca, lo que nos llene, lo que nos transforme. Es como cuando me decían que no me hiciera un tatuaje, que era para siempre. ¿Para siempre? Si nuestro siempre es ridículo, nuestro siempre es la nada en el orden del universo. Marquémonos la piel para siempre, sin miedo, tengamos hijos, hagamos cosas irreversibles, que nuestro destello sea luminoso, joder. Ya que vamos a arder, ardamos a lo grande, con todas las consecuencias.

 

Gente que viene y bah

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Uno siempre está muy cómodo haciendo lo que sabe hacer, pero para avanzar, uno tiene que arriesgarse, salir de su zona cómoda, de confort, y atreverse con nuevas cosas. Por supuesto da miedo y es probable que haciendo lo nuevo te sientas torpe, o desentrenado, o que estás meando fuera de tiesto, pero es la única manera de progresar.

La suerte no tiene nada que ver con nada. Por algo se llama suerte, la suerte es prima hermana del azar. Nadie se apodera de tu suerte, así como nadie puede echarte un mal de ojo. Esas cosas no pasan.

Porque casi por inercia, o por costumbre, o porque es mucho más cómodo, acabamos por actuar de la manera en que la gente cree que somos. Si estás con un amigo que cree que eres la más simpática —no es mi caso pero como ejemplo vale—, tú te comportarás de esa manera para no decepcionarlo. Si quedas con una amiga que siempre alaba tu rapidez mental, tú te mostrarás incisiva. Y así.

 

 

Hasta aquí esta colección de citas.
¿Nos vemos en la próxima lectura!

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