Citas de Albert Espinosa

Citas de Albert Espinosa

¡buenas lectores!
Hoy sale a la venta Lo mejor de ir es volver, de Albert Espinosa. Y, desde aquí quiero hacer una recopilación de las citas que más me han gustado de algunas de sus publicaciones.

Citas de las obras:

Brújulas que buscan sonrisas perdidas:

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Y si los que mueren… Han descubierto una verdad…
Una verdad sobre el amor, sobre la amistad, sobre ellos… Y nosotros somos ignorantes…
Quizá es ése el sentido de esta vida, todos somos ignorantes que ignoramos cosas diferentes hasta que desaparecemos… El conocer la verdad nos permite marchar…

Mi mujer siempre decía que cuando algo era irrepetible, había que respirarlo…
Ella inspiraba recuerdos…
Sobre todo olores de verano… Decía que los guardaba para cuando llegara el invierno.

Sabía desde hacía años que cuando la muerte te sacude, es insistente para que te percates.

Siempre he creído que es lo que somos… Traumas de la infancia… Lo que te prohibieron, lo que no te dieron, lo que te obligaron a aceptar y lo que te arrebataron crean tu carácter.

Ella, en broma, nos decía que era normal caerse. Decía que éramos sacos de patatas… Que los humanos éramos sacos de patatas de cincuenta, sesenta o noventa kilos que caminábamos sobre dos plataformas extrañas… Pero que los sacos de patatas no se conformaban con andar bien sin caerse, sino que además llevaban bolsas en las manos, ropa, objetos y adornos en la cabeza… Y hablaban, gritaban, discutían, miraban hacia otro lado y hasta se enamoraban… Cómo no se iban a caer…

Cuántas veces en la vida, al revivir en nuestra piel situaciones que otras personas han sufrido, descubrimos la gravedad, el dolor y los inconvenientes que eso supone.

De ahí su teoría del retrovisor… Y es que había observado muchas veces el cuerpo humano y decía que nos faltaba insertarnos un retrovisor para ver qué había detrás nuestro. Consideraba que no tenía sentido que siempre miráramos adelante sin saber las oportunidades que hay detrás…
Ella opinaba que lo que nos precede tiene la clave de lo que nos acontecerá…

Una vida, si tiene un buen discurso y unos buenos argumentos, puede tocar a cientos.

La vida te enfrenta a situaciones tan parecidas que tus respuestas acaban siendo cada vez menos pasionales.

—Tu muerte hará que ya no haya más sonrisas en puños… Y quizá encuentre más violencia en otros.

Siempre he sido más de exteriores que de interiores… Si podéis, jamás pongáis muchos interiores en vuestra vida…

Aquella noche debía conseguir que los traumas de mi infancia desapareciesen… Que las marcas internas que me rasgaban el esófago dejasen de doler…

Sigo pensando que los amores no correspondidos son la droga natural más potente de este mundo. Tanto de los que los sienten como de los que no los corresponden… Todos siempre acaban sufriendo, pero vuelven a caer en sus redes.

—Lo más complicado en este mundo es no reaccionar de la misma manera a estímulos parecidos. Te hieres y te entristeces… Deseas algo y lo observas… Y a veces no sabes si hacer algo, paralizarte o justo lo contrario… Cada persona tiene reacciones, resortes que provienen de su infancia…

—Los resortes nos causan infelicidad porque nos llevan a los mismos lugares, y en esos lugares ya hemos estado y vuelve a haber ahí decisiones y nuevos resortes que nos llevan a otros sitios semejantes al primero donde estuvimos… Y cambiar los resortes o las costumbres es casi imposible porque desactivas uno y aparecen diez…

—Yo te propongo que me permitas cambiar mis resortes a tu lado. No los juzgues y no los pongas en cuestión. Y yo haré lo mismo por ti… Te permitiré cambiar, que hurgues en tu interior, que me ofrezcas otra versión de ti mismo y no la juzgaré…
Quiero que llegues a ser tú mismo conmigo… Que tu resonancia interna, eso que te hace vibrar, suene igual que tu resonancia exterior… Que te sientas uno sólo… Que no necesites buscar la respuesta porque ya la tienes dentro de ti…

—La gente no actúa de forma normal. Sus resortes muchas veces no tienen sentido y son incomprensibles… Y es que, si uno no se comprende a sí mismo, ¿cómo va a comprender a los demás?

Y ésa es la grandeza de estar en el pozo, que si lo deseas y la ayuda es sencilla, una simple indicación, leve pero acertada, te puede llegar a sacar de allí.

Que si el cuerpo come cosas que no son sanas y las convierte en velocidad y en energía… El alma puede llegar a hacer lo mismo con las malas experiencias del corazón… Que de todo eso se puede aprender…

—Jamás nos mentiremos… —me dijo mientras yo estaba a punto de abandonar este mundo en forma de sueño—. Escúchame bien, eso implica algo más que ser sincero… En este mundo mucha gente es falsa… Las mentiras te rodean, saber que existe un archipiélago de personas que siempre te dirán la verdad vale mucho… Quiero que formes parte de mi archipiélago de sinceridad.

Madre tenía una escritura muy pequeña y con letras muy juntas. Ella decía que era para que no se perdieran, que cada letra se pudiera coger a otra y no tuvieran miedo…
Decía que las palabras valientes necesitan de letras sin miedo… Así era mi madre…
Siempre nos enseñó que las grandes cosas están hechas de las pequeñas… Si cuidas las pequeñas cosas, las convertirás en grandes… Si cuidas sólo las grandes, siempre serás pequeño…

Madre me había regalado una brújula que no buscaba el norte, sino que intentaba reencontrar las sonrisas perdidas, y su manecilla me señalaba a mí, el pozo de las sonrisas perdidas…

—¿Sabes lo peor? Ver ése fundido a negro… Noto cómo todo se va… Lo percibo y me da tanto miedo… No quiero olvidar a tu madre, ni a ti, ni a mi cine, ni mis errores, ni mis propios miedos… No permitas que pase… No permitas que todo se vaya, déjame irme con ello.

—Ella me dijo: «¿Cuánto dolor ha de soportar alguien para que se le considere valiente? Mi cupo está desbordado. Cinco años de dolor intenso… Si esto no es ser valiente…».

Y es que cuando vuelves, tu fuerza es la suma de muchas otras.

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuésemos tú y yo:

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Según él, la vida es girar pomos; yo sólo espero, durante toda mi vida, encontrarme delante de muchas puertas que me transporten a nuevos lugares, caminos o experiencias, y sé que siempre que esté delante de cada una de esas puertas, tendré a un amigo en el que confío para cogerle de la mano y pasar con él, y si en alguna ocasión no me puede acompañar le pediré consejo. No me sueltes nunca la mano.

A veces me han hecho esa pregunta tan inútil: ¿Qué te llevarías a una isla desierta? Y siempre pienso: mi almohada.

Me gusta dormir, quizá es lo que más me gusta en esta vida. Y quizá me gusta tanto porque me cuesta mucho conciliar el sueño.

Aunque tengo que deciros que yo no creo en el amor, ya lo dejo claro para que no queden dudas. No creo en amarse, no creo en morir de amor, no creo en suspirar por otra persona, en dejar de comer por una persona especial.

Y es que a veces pienso que la gente viola con sus sueños: viola la intimidad, viola el lenguaje con el que se expresa, viola esa imagen como mejor le parece.

Quizá el mundo iría mejor si contásemos nuestros sueños eróticos a los que han sido protagonistas de ellos.

Es curioso el hijo de mi primo, que ahora tiene 6 años. Siempre que le pides que adivine la edad de alguien que supera los 20 años, le mira, le observa detenidamente y responde: «Tienes 10 años». Tengas 70, 50 o 20, para ese niño todos tienen 10 años. Que poseas las primeras dos cifras implica que te ve muy mayor. Tiene sentido; cuando se tiene una sola cifra las dos es el fin de todo.

Ser diferente depende tan sólo de cuántos estén en tu bando.

—En la vida hay poco espacio para los susurros —me decía—. Yo he recibido tres o seis minutos de susurros. Frases muy cortas de hombres en momentos muy puntuales: «Te amo… no te olvidaré… sigue… sigue…». Los susurros son tan potentes que deberían prohibirse en la cama. Allí todos mienten, absolutamente todos. Nunca susurres en la cama y menos cuando tengas sexo.

—¿No quieres dormir junto a mí? —Torció la boca y yo tragué saliva.
—Tengo casi quince años, mamá.
—Yo también tenía quince cuando tuve que dormir junto a ti por primera vez. Y también lo hice los siguientes nueve meses aunque me dabas ganas de vomitar y no parabas de darme patadas. Pero si lo prefieres, puedes dormir en la silla. Somos libres, personas libres y debemos decidir.

Es horrible y tenebroso echar de menos algo que no has poseído.

¿Quién debe morir para que el mundo se paralice por completo y desistamos de nuestras costumbres diarias? ¿Qué persona es suficientemente importante para que todo varíe de manera visceral?

Decía que se llora tan desconsoladamente durante esos primeros años, que la infancia es como toneladas de tristeza mezclada con kilogramos de felicidad. La gran época bipolar de nuestra vida.

Decía que los puntos finales facilitan la vida a la gente. Los puntos aparte y los suspensivos incrementan la inteligencia.

—Cuando el amor y el sexo se enquistan en la irrealidad —decía mi madre—, el goce que la persona siente puede convertirse en dolor. Poseer ese amor que no significa nada para ti es diferente que perderlo. Porque, aunque pierdes algo que no comprendías, nunca más volverás a tenerlo, y eso es terrible.

—El amor y el sexo son tan extraños que, seguramente, los extraños tienen la clave de lo que se debe hacer.

Nunca se sabe qué encontrará uno tras una puerta. Quizá en eso consiste la vida: en girar pomos.

Mi madre decía que abandonar un teatro es uno de los pecados capitales que no debería tener perdón. La tristeza que produce en el actor o en el bailarín es dramática. Suelen tardar cinco minutos en recuperar la concentración. Y el público necesita el doble de tiempo.

Mi madre opinaba que los mensajes de texto de móvil contenían mucha verdad en pocos caracteres. La gente se esmeraba en contar sus sentimientos sin que el coste fuera excesivo. La concisión de los sentimientos.
Los sms, según ella, eran el acrónimo de «sexo más sexo». Me contaba que todo el mundo tenía guardado en su móvil algún mensaje sexual.

La gente olvida que debe pedir caricias y besos. No pienses nunca que ése es el coto de tu pareja del momento. Ojalá entendieras que hay que despenalizar acciones que se relacionan con el sexo.

Una caricia, un beso, solicitar el calor de una mano en el ombligo no deben ir acompañados con el sentimiento de que eso provocará o derivará en sexo.

Mi madre decía que el sexo era: «Un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma». Me pareció una definición preciosa. Le dije que me gustaba. Ella rió, no era una definición del sexo; ya existía. Para Churchill era la definición de Rusia.

El mmundo amarillo; si crees en los sueños, ellos se crearán:

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Las noches te dan fuerzas para cambiar el rumbo de tu vida, tan solo necesitas saber que quieres cambiar y que el amanecer no llegue nunca.

Una de sus aficiones preferidas es mirar, entra sin permiso por las ventanas de tus ojos y obtiene toda la información que necesita.

Las pérdidas son positivas, se que cuesta creer en ello, pero las pérdidas son positivas, tenemos que aprender a perder. Debes saber que tarde o temprano todo lo que ganas lo perderás.
En el hospital nos enseñaban a afrontar la pérdida, pero no poniendo el énfasis en la palabra aceptar sino en pérdida.

Para herrar hay que arriesgarse, lo de menos es el resultado.

El cáncer me quitó cosas materiales: una pierna, un pulmón, un trozo de hígado, pero me dio a conocer muchas otras cosas que jamás podría haber averiguado solo.

Yo siempre he creído que el mundo amarillo es el mundo en el que realmente estamos. El mundo que nos muestran las películas, el del cine, es un mundo creado por tópicos que no son verdad, y acabamos pensando que el mundo es así. Te enseñan cómo es el amor, y luego te enamoras y no es como en las películas. Te enseñan cómo es el sexo, luego tienes sexo y tampoco se parece al de las películas. Hasta te enseñan cómo son las rupturas de las parejas. Cuántas veces la gente ha quedado con su pareja en un bar y ha emulado una ruptura de cine. Y no funciona, no funciona porque lo que en el celuloide se despacha en cinco minutos, luego a ti te lleva seis horas y al final no rompes sino que te comprometes a casarte o a tener un hijo.

Yo tengo una máxima: si crees en los sueños, ellos se crearán. Creer y crear son dos palabras que se parecen y se parecen tanto porque en realidad están cerca, muy cerquita. Tan cerquita como que si crees, se crea. Cree…

Adéntrate y cree. Eso sí, cree pero jamás a pies juntillas. Todo es cuestionable, todo es discutible.

Sin duda alguien genial decidió dotarnos de humor, la salvación a todos nuestros conflictos… Un sentimiento extraño que nos permite darle la vuelta a todo, cuando y como deseemos.

Fue aquel día cuando comprendí que dolor es una palabra que no tiene ningún valor práctico; al igual que el miedo. Son palabras que asustan, que provocan dolor y miedo. Pero, en realidad, cuando no existe la palabra, no existe la esencia de lo que quieren significar.

Nacemos con carencias, muchas, variadas. Con el tiempo las cubrimos de una manera u otra. A veces de forma correcta, a veces simple y llanamente como podemos. Incluso hasta puede que ni sepamos que las tenemos. El cerebro es tan listo que a veces nos oculta las informaciones más básicas acerca de nosotros mismos.

Ahora llevo una pierna electrónica y el andar y la risa parecen absolutamente conectados. Lo más curioso es que por la noche debo cargar la batería. A veces dudo si conectar el móvil, el ordenador o la pierna. Me da la sensación de que es un lujo poder tener estas dudas.

Tardamos minutos en decidir una prenda que queremos comprar, horas para seleccionar un coche, meses para elegir nuestra casa. Sin embargo, para algo tan nuestro como la risa, que define nuestro carácter, nuestra esencia, nuestro yo, nos conformamos con la que viene de serie.

No a lo que no deseas No a lo que todavía no sabes que no deseas pero que deseas. No por compromiso. No si sabes que no podrás cumplir. No al exceso. Y sobre todo: ¡¡¡no a ti mismo!!!

Lo que ocultas es lo que más te define.

¿Por qué crees que ahora tienes derecho a juzgar lo que él (tu yo antiguo) decidió? Acepta quien eres, no tengas miedo de ser la persona en quien te has convertido con tus decisiones.

No creas nada que venga de serie. Ponlo en tela de juicio y tu vida mejorará.

Los sueños son el norte de todo el mundo. Si los cumples tendrás que ir al sur.

El eco de la rabia tiene ese poder: el poder de minimizar el enfado, el poder de mostrarte lo absurdo que es pegar cuatro gritos y salirte de tus casillas.

Siempre he pensado que es muy injusto que la pareja se lleve el 95% del contacto físico. Nadie pondría el 95% de su dinero en un solo banco, sin embargo pones el 95% de tus caricias, de tus abrazos, en una sola persona. Creo que ahí radica el error. Por eso hay tantas infidelidades, por eso la gente se siente tan sola, por eso notas falta de contacto físico, de cariño, de caricias.

 

El mundo azul. Ama tu caos:

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El caos es lo que te hace diferente. Lo que la gente no entiende de ti o lo que desea que cambies. Pero el caos es parte de uno, por ello, cuando alguien no te entienda dile: «Ama mi caos.»

Vasta de justificarse con palabras, vasta de sufrir por lo que piensan los otros, vasta de tratar a la gente diferente, nadie es más que nadie, vasta de jugar con reglas que no creaste ni comprendes, vasta de correr, de ir con prisa, porque el presente es donde estás en este justo momento. Vasta de aspirar a ser el mejor, vasta de la tiranía de los débiles, vasta, vasta, vasta.

Me di cuenta de que solo debes decidir como quieres vivir en este mundo; se trata de inventar de nuevo la rueda, el fuego, la música, el canto, y olvidar la masificación y la búsqueda; de aceptar el dolor y la tristeza, de no formar parte de una regla que den por establecida; no se trata de saltarse prohibiciones, se trata de no dar valor a esas prohibiciones; no se trata de sufrir, se trata de comprender el sufrimiento. Se trata únicamente de vivir, ninguna regla, tan solo ser fiel a uno mismo, a tu generación.

La vida nos hace ser cobardes.

Entender como se comprende la muerte en dos minutos es imposible si siempre te han enseñado a vivir.

Cuanto más pronto entiendas que cada minuto es un regalo, más pronto empiezas a vivir, pero no debes comprender en clave de vida, sino de tu muerte.

Dime tus grandes momentos vitales y estoy seguro de que todos los que te han modificado como persona están relacionados con la muerte o la aceptación de ella.

Por qué nos ayudan? –pregunté-.
Pérdidas –repicó-. Perder te sitúa en un lugar, en una actitud universal. Esta isla es como debería de ser el mundo, no estamos creados para aprender a vivir, sino para aprender a morir.

Todo nuestro ser está diseñado para bailar, no para andar ni correr, ni mucho menos para trabajar, discutir, sufrir o pensar. De pronto lo vi claro, pensando se crean los problemas y bailando se solucionan.»

Si amas tu caos acabarás descubriendo que las respuestas jamás te las dará este mundo sino que están dentro de ti –me tocó el rostro-. No existe la felicidad, tan solo existe ser feliz cada día y para ello es fundamental amar tu caos.

Solo es feliz el que es libre, solo es libre el que es lo que debe ser.

Despierto, no lo deseo,
Sueño, no lo controlo,
Amo, no a quien yo quiero,
Follo, no como me gustaría,
Pienso, en cosas sin valor,
Trabajo, y solo me dan dinero,
Envejezco, a ritmo loco,
Adoro, a todo aquel que no conjuga
Ninguno de estos verbos,
Despierto, y no lo deseo.

La base de todo es pensar que hoy es el día que morirás, eso da sentido a la vida, no hay más; y cuando el día siguiente despiertes tendrás la mayor de las alegrías al darte cuenta de que te han regalado veinticuatro horas más.
Pero recuerda que cada día lo has de vivir a tu manera, ¿De qué sirve vivir con sus reglas? Con las normas de los que quieren que pienses que vivirás mil años para que no te centres. No, no viviremos mil años, viviremos un día, y luego otro y otro más. Si vives así conseguirás que no te atrapen con sus trucos para que hipoteques tu vida.
Piénsalo bien, si solo te quedara un día, ¿Trabajarías ese día? ¿Pagarías tus facturas? ¿Te interesarían las noticias? o en cambio tratarías de enamorarte, jugar, reír, amar, gritar, cantar… ¿Qué harías? ¿Lo comprendes? No tienes que hacer nada que no desees, no te obligues a nada que no necesites, tan solo vive el segundo, disfruta el minuto y sobre todo olvida las obligaciones, son un círculo vicioso, si entras en rueda siempre habrá obligaciones, siempre, y si vives con sus normas, tu ciudad te impedirá ver tu alma.

Pero no me extrañó que su verdad distara un poco de la realidad. Aquel hombre siempre resumía las historias; un día me dijo que la realidad era lenta y que había que alterarla o modificarla para captar la atención de los que te rodean.

Siempre he creído que las pasiones ajenas pueden llegar a ser propias si tienen buenos argumentos.

Quejarse no tiene ningún sentido; siempre he creído que los problemas no existen, se crean pensando. Un problema es tan solo la diferencia entre lo esperado y lo obtenido de las personas o de la vida.

 

Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven:

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Cuando llevas años aceptando que tu vida es lo que te pasa y no lo que originas… Pues, lamentablemente, te acabas acostumbrando.

Toda pareja tiene su código de discutir, de hacer el amor, de perdonarse y hasta de reprochar las cosas al otro.

Nos dijisteis que hiciéramos el amor… y no la guerra. Os hicimos caso, ¿por qué entonces el amor nos hace la guerra?».

El pensamiento a veces es tan intenso que potencia lo que seguramente sólo es una simple idea y te demuestra lo insertada que está en tu mente.

Y ahora tenía que regresar a Capri, justo cuando volvía a estar tan perdido y tan solo… Era increíble cómo esa isla siempre me rescataba de mi península cuando ésta se hundía ante mí.

Ahora lo veo cómico. En el pasado no lo fue en absoluto, pero ahora sí que me lo parece. El paso del tiempo acostumbra a dar un toque cómico a lo que tan sólo fue dramático.

Mis padres siempre llevaron bien su estatura baja. Al fin y al cabo eso les unió. El amor les agrandó. Mi hermano lo superó convirtiéndose en un hijo de puta. La mala leche fue el salvoconducto para llevar con orgullo su estatura.

Desde ese día odio los coches, odio a la gente que bebe y conduce. Odio a los que no respetan el límite de velocidad, los que dicen que controlan… Y no controlan nada; al contrario, a veces hasta descontrolan otra familia con sus actos.
Más de una vez en mi vida he tenido trifulcas con la gente que no quiere respetar las normas de conducción. Creen que son mejores, pero para mí son unos mierdas.

Lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso.

El Sr. Martín me dijo una vez en el hospital que amar era querer mucho. «Si quieres mucho, amas, es el grado superior, es automático, no busques más…».
En cambio George, mi inesperado compañero de barco a Capri, decía que amar era recordar que has querido y te han querido, pero siempre en pasado.

Es difícil explicarlo con palabras, pero saber que no crecerás, que tu marca en la pared se mantendrá inmutable con el paso de los años es terrible para un niño, pero insoportable para un adulto.

Tras la muerte de mis padres necesitaba cambiar, abandonar lo que ellos eran para convertirme en lo que yo jamás había sido.

Olvidarse de reír, un olvido imperdonable a cualquier edad. Un pecado mortal en la infancia.

—No te gusta que se rían de ti, ¿verdad? —dijo muy serio—. ¿Verdad? —volvió a preguntarme.
—No, no me gusta —admití—. Se han reído ya demasiado.
—Pues a mí tampoco me gusta —replicó secamente—. Este saco es mi mayor posesión. Y debo decirte que acepta como nadie los golpes. Cualquier gancho que le propines provocado por rabia, por problemas o por cualquier cosa horrible que te haya pasado, él lo absorberá, lo comprenderá y hará que te sientas mejor…

—Somos energía —me dijo mientras sostenía el saco, inmóvil, esperando mi golpe—. Energía es lo que yo veo en todo este mundo.
»Energías que te inundan cuando las ves, cuando las escuchas, cuando las quieres, cuando te diste cuenta de que las amabas…
»Energías que te permiten encontrar tus sendas.
»Las energías no se pueden fingir, son las que son. Te pueden ayudar a ver tu futuro o devolverte a tu niñez o a tu adolescencia.
»Yo busco energías. No me importa la edad, el sexo o el aspecto físico.
»Tras los cuerpos, tras las palabras, tras el amor, tras el deseo están esas energías poderosas.
»Somos cazadores de energías, Dani. Y haciendo deporte, estando en forma, consigues ser mejor cazador.
»Afina tu cuerpo y tus propias energías, así estarás encauzado para poder lograr las otras que necesitas.
»¿Sabes cuántas energías has de encontrar para completar tu vida?
No entendía casi nada, pero negué con la cabeza. No deseaba que parase.
—Tan sólo cuatro que te impacten. Es suficiente.
Me miró a los ojos.
—Golpea, golpea con rabia. Transforma tu problema en un golpe y sacude el saco. Él se portará bien contigo, te lo prometo…

Me activan las injusticias, el dolor ajeno, el dolor propio, las humillaciones y la incomprensión.

Lo miré y supe que existen instantes en la vida en los que hay que decir la verdad y otros en los que hay que mentir…
Ése era uno de esos momentos en los que había que decir la verdad, porque sabía que aunque le hubiese mentido no me hubiera creído.

—¿Qué es estar vivo? —me preguntó.
Odio cuando te hacen preguntas que sabes que son absurdas o que tienen trampa o que son incontestables. No contesté.
—Estar vivo es… dar vida —se respondió a sí mismo—. Dar vida a los que te rodean. Cualquier cosa que dé vida está viva, recuérdalo. Imagínate las vidas que han salvado esos faros, las vidas que han evitado que se hundan en la mar…

El otro anillo que llevaba era el que ella me había regalado el día que me quiso al máximo. Sé que es difícil de creer que yo sepa cuál fue el día exacto que me quiso hasta el nivel más alto.
Pero os juro que cuando se acaba una relación, puedes llegar a saber cuál fue ese día. Lo notas… lo presientes…
Supongo que cuando recorres el trayecto, ver los altos y los bajos es imposible, pero cuando la carrera acaba puedes percibirlos claramente.

A veces, en la vida pasa lo mismo: la dificultad de la pendiente te hace olvidar que no paras de progresar y subir.

—Parar el mundo es decidir conscientemente que vas a salir de él para mejorarte y mejorarlo. Para poder moverte y moverlo mejor.
En ese tiempo debes intentar que nadie ni nada te cree problemas.
Alimentarte de buena literatura, de buen cine y, sobre todo, de la conversación de una única persona que te inspire en este mundo. ¿Y sabes qué…?
—Luego el mundo te premia. El universo conspira a favor de los que lo mueven. Y ésos son los que lo paran. ¿Tú quieres mover el mundo o que te mueva?

Mi odio hacia alguien que le quita a un niño parte de su infancia es grandioso. A mi entender, ése es uno de los mayores crímenes que existen, ese robo de la inocencia…

La vida me ha recordado en numerosas ocasiones que siempre hay un peldaño inferior al inferior y también uno superior al superior.

Amaba el póquer tanto como a mí. Era un gran hombre que perdió a su mujer demasiado pronto y no quería perderse también la infancia de su hijo.

Me enseñó una regla básica aplicable a cualquier juego: “Siempre apuesta lo que no necesites”. Eso es lo más importante para no arruinar tu vida ni la de los que te rodean… “Jamás lo incumplas, jamás”, me suplicó mi padre muchas veces.

También me mostró que el goce de ganar nunca debía ser superior al de perder.
Perder puede ser gozoso, pues te hace entender mejor el valor de ganar. Además, con el tiempo, las pérdidas siempre se acaban convirtiendo en ganancias.

—Sí, exacto. Encuentra a otra persona con la que compartas energía y pregúntale qué haría en tu vida si estuviera en ella por dos días. ¿Qué cosas cambiaría de ella? ¿Cómo se cortaría el pelo? ¿Qué comería? ¿Qué actividades realizaría?… En definitiva, ¿cómo viviría tu vida si fuera temporal su presencia en ella?

Si te pones el monóculo en el ojo y miras las nubes, observarás el sol por detrás de ellas y sentirás la velocidad del viento y así podrás calcular el tiempo que tardará en volver a brillar.

Cada año de mi vida he buscado doce perlas. Doce personas que no conociera pero que se me aparecieran y marcaran mi mundo de tal manera que mi yo virara.
Tres de ellos son más que perlas… Son esas energías especiales de las que te hablé en el barco, esas que has de encontrar… Almas que se funden con la tuya propia.
—Con el tiempo, algunas perlas pasan a ser diamantes. Cada ochenta o noventa perlas aparece un diamante… Un diamante, para que me entiendas, es una de esas personas que se hace tan básica y tan importante en tu vida que parece creada únicamente para ti…

—El Sr. Martín fue una perla de tu vida. —Me lo ejemplificó y yo se lo agradecí—. Fue una joya que el mundo te dio y, aunque han pasado los años, aún la conservas… Eso confirma qué gran perla fue, pues el tiempo no le ha quitado nada de su brillo ni de su intensidad.»
—¿Desparramados…? —Mi interés iba in crecendo.
—Sí, tengo la teoría de que nos desparraman.
—¿A quiénes?
—A cada uno de nosotros y a cuatro personas más… Te desparraman en el mundo para que con el tiempo vayas encontrando a los otros cuatro. Ése es uno de los sentidos de la vida; encontrar desparramados, y por eso hay señales, para que no te confundas.
—¿Y cómo son esas señales? —pregunté.
—Algo que los une, puede ser algo sumamente sencillo…

—¿Sabes qué hay dentro de este saco? —preguntó sin dejar de acariciarlo.
Negué con la cabeza.
—Trozos de mis perlas. Cuando alguna desaparece de mi mundo, cojo parte de su ropa o un objeto importante que la defina y lo introduzco en el saco.
Hay muchas pertenencias de ella aquí.
A veces golpeo el saco con rabia, otras lo acaricio y alguna vez bailo con ella y con la otra gente que me ha dejado.
Y se puso a bailar. Recordé al Sr. Martín y su maniquí. Fue precioso ver la intensidad de una anécdota en movimiento en otro cuerpo.
Él bailaba con ese saco repleto de rastros y restos de sus perlas, de la gente que había amado y querido… Y yo sentí envidia; aún no había deseado a nadie.
La música que sonaba era producto del roce del anclaje del saco con el techo y del leve zumbido que emitía la bombilla roja del laboratorio.
Sentía tanta envidia sana por aquel hombre con una vida tan intensa, que no pude más que acercarme a su saco y danzar junto a él.
Ahí estábamos, bailando separados por ese hermoso y extraño saco rojo lleno de vida.

Si en aquel momento hubiera entrado la policía buscándome, le hubieran detenido inmediatamente. A veces, las imágenes no sirven para explicar un sentimiento y una realidad.

La intensidad no la marca el tiempo, sino la emoción que reside dentro de uno.

Siempre he creído que las personas más importantes de nuestra vida todavía no las hemos conocido. Y como no existen, no nos preocupamos por si el coche las ha dejado tiradas, si se les ha muerto un ser querido, si están tristes o si les han abandonado.
No existen aún en nuestro mundo y, por ello, su tristeza y su felicidad no nos pertenecen y no nos afectan… Hasta el día que los conocemos y nos ponen al día de su mundo…
Ahora me daba cuenta de que pasaba lo mismo con la gente que perdemos y sabemos que no recuperaremos. Es como si debiéramos olvidar qué les pasa y les preocupa. Y eso yo no deseaba hacerlo; la gente lo hace por sobrevivir… Quizá yo no deseaba sobrevivir.

A veces, el mundo parece muy complicado, un puzle que no entiendes hasta que aparece la pieza definitiva…

Querer mueve y detiene mundos. Que te quieran si tú no quieres, te acaba aletargando.
Lo que nos gusta no es nuestro camino, ni tampoco lo que no nos gusta. A veces el rumbo puede estar en lo que nos provoca indiferencia, en aquello que no nos apasiona ni aborrecemos.

 

Hasta aquí mi recopilación de citas. ¿Estarán todas?
Si no es así, no dudes en dejarnos tus propias citas en los comentarios para que podamos añadirlas.

 

¡Nos vemos en la próxima lectura!

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