Alba y la Duende que comía Puntos

Alba y la Duende que comía Puntos

Hola, bichos vivientes, gatitos, y demás ocupantes de este rinconcito de lectura. ¿me extrañaron? Como se que su respuesta es no, hoy traigo una sorpresa para justificar tantos martes de ausencia. Pero antes de desenvolverla y dárosla, (como es mi intención) pasaré a explicar que dio origen a la misma.

 

El año pasado, una institución gubernamental de mi país, organizó un concurso de cuento en el que  se escribiera (un cuento o historia) respecto al sistema de lectoescritura para personas ciegas, braille. El caso es que, para no hacer la historia muy larga, yo gané ese concurso. Hoy, quise compartir con ustedes el cuento escrito, y sonorizado por la entidad que organizó el concurso.

 

Gracias infinitas a los amigos que consciente o inconscientemente me prestaron sus nombres; aunque ahora ya no compartamos tanto o tan seguido como me gustaría, les llevo en mi corazón gatuno, y valoro su compañía. Sin ustedes y sin sus préstamos de nombres, mi cuento, simplemente no hubiese sido posible. Gracias a la entidad que sonorizó el cuento, y me permitió mostrar al mundo un poquito de lo que hago. Ignoro si bien o mal, pero lo hago.

Sin más preámbulos, y para que no me reclaméis, aquí va.

 

Alba y la duende  que comía puntos

 

Alba, la gata blanca con ojos azules de la biblioteca don Punzón, diariamente ayudaba a Coddy el bibliotecario a ordenar los libros. La misma, era visitada por 3 animales muy particulares a quienes les encantaba leer. Luisa la lechuza, Arturo el Búho y Dante el murciélago. Ellos, leían con sus patas; bueno, más exactamente con sus dedos. No había cosa que a Alba le gustara más que deslizar los cojines de sus patitas sobre esas páginas llenas de puntos al principio difíciles de entender, y más tarde  capaces de hacerla imaginar mundos llenos de ratones de caramelo, y tazones enormes de leche.

 

A Luisa, le gustaban las novelas de amor… Porque la hacían desear al colibrí perfecto. A Arturo, le gustaban los libros de cocina; porque, soñaba con participar en el concurso anual de  búhos chef del bosque. Y a Dante, el murciélago, le encantaba la medicina; soñaba curar  a todos los animales del bosque.

Estos 3 amigos solían visitar la biblioteca de noche, cuando Alba se apoderaba de los libros en braille que tenían muchos cuentos donde habían gatos aventureros, y los leía uno tras otro.

 

Una mañana en la que Alba casi no sale de la cama por haberse acostado muy tarde leyendo, llegó a Don Punzón, y encontró a Coddy muy asustado.

-¡miau! ¿qué pasa, Coddy?

-¡todos los libros en braille han desaparecido!

-¿desaparecido? Preguntó Alba

-¡sí! Esta mañana cuando llegué, la biblioteca estaba vacía.

Alba, prometió a Coddy investigar donde habían ido los libros. Olió cada estante donde siempre se ponían; haciéndolo, descubrió que olían a chocolate y que, tenían huellas de dedos… unos muy pequeñitos.

 

Cuando fue a contarle a Coddy lo que había descubierto, este le dijo que el robo tenía que ser obra de Jade, la duende que comía libros en braille; le dijo que Jade era una duende muy traviesa que robaba los libros solo para comerse los puntos, y luego los regresaba totalmente lisos.

-¡yo la buscaré e impediré que se los coma! Prometió Alba. Pero… cuando alba volvió a la biblioteca, encontró todos los libros en su puesto;  abrió el primero,  puso la pata derecha sobre la hoja, y… ¡No sintió ni un solo punto!. ¡Todos los libros tenían las páginas lisas!.

 

muy triste fue a buscar a Jade para pedirle una explicación; cuando la encontró, tenía la panza gordísima de tantos puntos de braille que había comido, y estaba por comenzar un libro de medicina.

-¡si te comes eso te va a dar una indigestión!

-¡no importa! Dijo mientras se comía 5 páginas de una sola vez. Alba se dio cuenta que aunque Jade comía y comía, tenía unos ojos muy tristes; así que decidió preguntarle qué le ocurría.

-lo que pasa es que yo, no puedo ver nada; y no sé leer ni escribir en esos puntos tan raros que tus amigos y tú, si pueden leer; por eso me los como; ¡porque si yo no puedo leer, nadie puede!. Alba, llena de mucha paciencia y amor por la lectura en braille, empezó a enseñar a Jade a leer y escribir; esta, aprendió muy deprisa; y por cada vez que aprendía a leer una nueva palabra, devolvía a cada libro los puntos que le correspondían. Desde entonces, 4 animales y un duende, van a la biblioteca, a leer juntos en braille.

 

Esperando que dejéis vuestros comentarios (favorables o lapidarios) aquí debajo, se despide la siempre comedora de galletas y amante de los gatos, Samira.

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