Entrevista a Pilar Ramírez Tello

Hola lectores.

Espero que hayáis tenido una buena semana.

Hoy os traemos una entrevista a una traductora literaria a la que seguro que conocéis. Pilar Ramírez Tello.

Esperamos que os guste.

¿Leemos? ¡Allons-y!

Foto de la traductora

1: Para los que no te conozcan. ¿Quién eres?

Pues me llamo Pilar, soy traductora de inglés a español y vivo en Granada. Aunque de vez en cuando me encargo de otro tipo de textos, el noventa y tantos por ciento de mi tiempo lo dedico a la traducción editorial. Dentro de ese campo traduzco casi todo tipo de libros, pero me especializo en literatura juvenil, fantasía, ciencia ficción y terror. He tenido la suerte de traducir libros que se han vendido mucho, como la trilogía de Los Juegos del Hambre y la serie Divergente, y otros que, a pesar de no haber tenido tanto éxito, también son maravillosos, como la trilogía de El ciclo de la Guadaña, de Neal Shusterman, El libro de las cosas perdidas, de John Connolly, o Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough, que Netflix estrenó hace poco en formato de serie. El año pasado me llevé el alegrón del siglo cuando gané el premio a mejor traductor de ciencia ficción de Europa otorgado por la European Science Fiction Society, después de que Pórtico (la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror) me presentara como candidata española. Me gusta leer, hacer punto y ver series, y soy incapaz de repetir más de dos veces la misma receta. Tengo un peque, y mi pareja es el también traductor Manuel de los Reyes. ¡Creo que con eso ya estaría!

2: ¿Qué llevó tus pasos al mundo de la traducción?

Que lo único que me gustaba hacer era leer y escribir, y no sentía vocación por ninguna otra cosa. Descubrí que existía esa (entonces) licenciatura y, como sabía inglés, allá que fui, un poco por eliminación del resto de posibilidades.

3: ¿Por qué traducción literaria?

Por lo que decía: siempre me ha encantado leer. Nunca me había fijado en la traducción ni en las personas que traducían, pero, cuando me di cuenta de que podía dedicarme a traducir libros, me pareció una buena opción. Entré en la carrera más pensando en el mundo del libro que en el mundo de la traducción.

4: ¿Cómo es el proceso de traducción de un libro?

Pues no tiene mucho misterio… Después de acordar plazos, firmar el contrato y demás y demás, la editorial me envía el libro y me pongo al lío. Normalmente me informo un poco sobre el autor y el texto, para entrar en materia. Si tengo tiempo (cosa que ocurre cada vez menos), lo leo antes. Si no, empiezo a traducir directamente. Lo más habitual es que tenga el libro en pdf en una ventana y un documento de Word en otra, para la traducción. También creo un glosario, para no despistarme con ningún término y mantener la coherencia. Calculo el número de páginas que tengo que hacer al día, guardando siempre una semana, más o menos para la corrección, y ya está. Se traduce, se revisa y se envía a la editorial.

5: ¿Cómo es tu papel con respecto a la editorial?

Pues el de colaboradora externa. Salvo contadísimas excepciones, los traductores editoriales somos profesionales autónomos. Las editoriales se ponen en contacto con nosotros para encargarnos libros, negociamos las condiciones (tarifa, plazo…), se firma un contrato y nos envían el libro. Lo traducimos y se lo enviamos, junto con la factura. Después, la editorial le pasa la traducción a la persona encargada de corregirla. Una vez corregida, nos la vuelve a enviar a nosotros para que le demos el visto bueno a los cambios. Enviamos la traducción revisada y, a partir de ahí, todo queda en manos de la editorial.

6: ¿Qué consideras que es lo más difícil de tu profesión?

Lo más difícil es ofrecer un trabajo de calidad que, además, te salga rentable. Como las tarifas son bajas, hay que trabajar muy deprisa, incluso cuando los plazos son holgados.

7: ¿qué haces cuando te encuentras una palabra inventada? ¿Tienes un protocolo o libre albedrío? Por ejemplo, el dialecto de los Nac Mac Feegle de Los Pequeños Hombres Libres, de Terry Pratchett.

Cuando te encuentras con un término que desconoces y que sospechas que no existe, lo primero es averiguar si realmente existe o no. En los libros de fantasía o ciencia ficción se mezclan cosas reales y ficticias, y a veces cuesta saber si el pájaro, el árbol, la teoría filosófica o el arma de la que nos hablan es real o un neologismo. Así que investigas, te documentas bien y llegas a una conclusión.

Si es un término inventado, el asunto consiste en intentar averiguar qué proceso ha seguido el autor o la autora del original para crear el término. Porque, normalmente (hay excepciones), los neologismos no surgen de la nada, sino que responden a algo: suenan como algo que ya existe, están compuestos por una o más palabras que sí existen, su forma remite a su significado, etc. Una vez que has analizado ese proceso de creación, el siguiente paso es replicarlo en español. Vas haciendo combinaciones y pruebas, hasta que das con una palabra capaz de transmitir lo mismo que el original, partiendo de los mismos elementos.

En ese sentido, tengo libre albedrío. Después, claro, el texto pasa por las manos de la correctora y la editora, y siempre cabe la posibilidad de que consideren que un neologismo no funciona y hay que darle otro enfoque.

En cuanto a los feegles, primero investigué si esos personajes ya habían salido antes en la obra de Pratchett publicada en español. Descubrí que solo aparecían en Carpe Jugulum, así que decidí comprarme el libro y echarle un vistazo (la editorial que publicó originalmente Los pequeños hombres libres me dijo que hiciera lo que quisiera). Sin embargo, la técnica que usó el traductor de aquel libro no encajaba demasiado con mi filosofía, ya que había decidido naturalizarlos y usar términos del bable, el gallego y demás, por eso de los orígenes celtas. Es una opción respetable y estupenda, pero no iba conmigo. Además, en Los pequeños hombres libres los feegles no hablan exactamente igual que en Carpe Jugulum. En Carpe costaba muchísimo entender lo que decían, pero en Los pequeños no, quizá porque iba dirigido a un público infantil y juvenil. Total, que al final decidí inventarme otra forma de hablar, intentando imitar el acento escocés, añadiendo faltas de ortografía y palabras que causaran extrañeza.

Después, la serie pasó a otra editorial y cayó en manos del inventor del habla original de los feegles, el fantástico Manu Viciano, así que compraron mi traducción y Manu la adaptó para que encajase con los demás libros de la serie. Desde entonces decimos que somos archienemigos, pero es todo fachada, en realidad nos queremos mucho (hasta que uno de los dos desaparezca en misteriosas circunstancias, claro).

8: ¿Hay alguna palabra, frase o expresión que te haya dado excesivos problemas a la hora de traducirla que recuerdes?

Muchas, continuamente. Es difícil quedarse con una. A veces, ni siquiera son los términos más complicados ni los neologismos, sino una frase hecha o una palabra usada de una forma poco convencional. Hace poco me he encontrado con una frase que decía «her best memories bloomed from that tiny house» y todavía estoy dándole vueltas.

9: ¿Tienes trato o has trabajado mano a mano con los autores de las obras que traduces?

He tenido trato con algunos, normalmente para plantearles alguna duda. Lo más recomendable es no molestar salvo que sea algo insalvable, pero a veces no queda más remedio…, siempre que puedas ponerte en contacto con ellos, claro. Con los más conocidos a veces no existe esa opción.

10: ¿Qué sientes cuánto tienes uno de los libros que has traducido entre las manos? Básicamente eres algo así como una autora, son tus palabras, no las del autor las que llegan a los lectores.

Mucha ilusión. A pesar de que ya he traducido un buen puñado de libros, siempre me hace mucha ilusión. Aunque mi misión es transmitir el mensaje del autor, también son un poco como mis hijos.

11: Desde tu papel de traductora, ¿crees que tu profesión está invisibilizada? 

Claro. Salvo honrosas excepciones, nuestros nombres no aparecen en cubierta sino en los créditos, en letra pequeñita, o en la primera página. La gente no es consciente de estar leyendo una traducción. Yo tampoco lo era antes de dedicarme a esto. De ahí que siempre acepte responder a entrevistas para blogs, prensa, radio o lo que sea. También acudo a charlas y mesas redondas, aunque ahí me dosifico más porque no me cuesta mucho hablar en público. Hay que aprovechar cualquier plataforma que se nos ponga al alcance, como ya hacen también nuestras asociaciones profesionales (Asetrad, ACE Traductores, APTIC…). Necesitamos que se nos vea. Invisibles en el texto, pero visibles fuera de él.

 

12: (opcional)¿Qué consejo le darías a alguien que estudia traducción y quiere entrar en el mundo literario?

Esta es la pregunta más difícil, siempre. Pues asociarse, seguir a traductores en las redes para estar siempre bien informada, acudir a saraos traductoriles y literarios (aunque ahora sean virtuales), formarse muy bien en su idioma meta, aprovechar las mentorías que ofrecen ACE Traductores y Asetrad, no olvidarse de las editoriales de divulgación (puede que tenga algún conocimiento o afición que le sirva para traducir sobre un tema en concreto), hacer algún taller de traducción literaria en el que haya contacto con editoriales…

Curiosidad: ¿No te explotó la cabeza con esto?

«—¿Cómo te llamas, pictsi?

—Jock No Tan Grrrande Como Jock Mediano Perrro Más Grrrande Que Jock Chico, señorrra. No hay muchos nombrrres de feegle, ¿sepes? Tenemos que comparrrtirrr.

—Bueno, Jock No Tan Grande Como Jock Pequeño… —empezó a decir Tiffany.

—Es Jock Mediano, señorrra —la corrigió Jock No Tan Grande Como Jock Mediano Pero Más Grande Que Jock Chico.

—Bueno, No Tan Grande Como Jock Mediano Pero Más Grande Que Jock Chico, puedo…

—Es Jock No Tan Grrrande Como Jock Mediano Perrro Más Grrrande Que Jock Chico, señorrra —insistió Jock No Tan Grande Como Jock Mediano Pero Más Grande Que Jock Chico—. Faltaba un Jock —añadió, servicial».

Juas, pues ya no me acordaba. Muy bien de la cabeza no acabé después de traducir ese libro, no.

 

 

y con esto, lectores, tanto Pilar Ramírez como yo, nos despedimos. ¡Feliz día!

¡Un saludo y hasta la próxima lectura!

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